Constitución dogmática sobre la Divina Revelación del Concilio Vaticano II
1. La Revelación en sí misma
Dei Verbum comienza afirmando que Dios se revela por pura iniciativa de amor. No
comunica solo ideas: se comunica Él mismo, entrando en diálogo con la humanidad
a través de hechos y palabras íntimamente unidos.
La Revelación alcanza su plenitud en Jesucristo, el Verbo hecho carne. Todo el
documento gira en torno a esta convicción: Cristo es la Palabra definitiva del
Padre.
2. La transmisión de la Revelación
La Revelación no se congela en un libro ni en un momento histórico. Cristo
confía su mensaje a los apóstoles, y estos lo transmiten por la predicación viva
(Tradición) y por los escritos inspirados (Escritura).
Ambas —Tradición y Escritura— forman un único depósito sagrado, custodiado por
el Magisterio. No compiten; se iluminan mutuamente.
3. La Sagrada Escritura e interpretación
El Concilio ofrece una síntesis luminosa:
* La Escritura es inspirada por Dios, pero escrita por autores humanos reales.
* Para interpretarla correctamente, se debe atender tanto al sentido literal
como al sentido espiritual, siempre dentro de la Tradición viva de la Iglesia.
* La exégesis debe unir rigor científico y fe eclesial.
Este equilibrio es una de las grandes aportaciones de Dei Verbum.
4. El Antiguo Testamento
El Concilio reivindica su valor permanente. Aunque preparatorio, el AT es
verdadera Palabra de Dios y revela la pedagogía divina.
No se puede comprender plenamente a Cristo sin las promesas, figuras y alianzas
del Antiguo Testamento.
5. El Nuevo Testamento
Aquí se encuentra la Revelación en su plenitud. Los Evangelios ocupan un lugar
único, pues transmiten fielmente lo que Jesús hizo y enseñó.
El NT no es solo memoria: es testimonio vivo de la presencia del Resucitado en
la Iglesia.
6. La Sagrada Escritura en la vida de la Iglesia
El documento concluye con una llamada pastoral:
* La Escritura debe ser alma de la teología.
* Los fieles han de tener acceso amplio y frecuente a la Biblia.
* La oración, la liturgia y la predicación deben brotar de la Palabra.
Dei Verbum no es solo doctrina: es una invitación a que la Iglesia entera viva
de la Palabra, la escuche, la medite y la anuncie.