LOS ATRIBUTOS

DEL SER DIVINO

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§ 10. LOS ATRIBUTOS DIVINOS EN GENERAL ♥

1. Noción
Los atributos o propiedades divinas son perfecciones que, según nuestro modo analógico de pensar, brotan de la esencia metafísica de Dios y se añaden a ella. En efecto, nosotros solamente podemos conocer «de forma fragmentaria» (i Cor 13, 9) la infinita riqueza ontológica de la simplicísima esencia de Dios mediante una multitud de conceptos inadecuados, por los cuales vamos comprendiendo una por una diversas perfecciones divinas.

2. Diferencia entre los atributos y la esencia metafísica de Dios.

a) Los atributos divinos se identifican realmente tanto con la esencia divina como entre si (de fe).

La razón de tal identidad se halla en la absoluta simplicidad de Dios.
Suponer la distinción real sería admitir composición en Dios, lo cual sería anular la divinidad.
Un sínodo de Reims, el año 1148, desaprobó, en presencia del papa Eugenio y por instancia de San Bernardo de Claraval, la doctrina de Gilberto de Poitiers, quien enseñaba la distinción real entre Dios y la divinidad (Deus—divinitas), entre las Personas divinas y sus propiedades (Pater—paternitas) y, según decían sus adversarios, entre la esencia divina y sus atributos. Contra semejante doctrina el sínodo enseñó autoritativamente la identidad real entre Dios y la divinidad, es decir, entre la naturaleza divina y las personas, así como entre Dios y sus atributos: «Credimus et confitemur simplicem naturam divinitatis esse Deum, nec aliquo sensu catholico posse negari, quin divinitas sit Deus et Deus divi nitas... credimus, nonnisi ea sapientia, quae est ipse Deus, sapien tem esse, nonnisi ea magnitudine, quae est ipse Deus, magnum esse», etc.; Dz 389.
El concilio unionista de Florencia declaraba en el Decretum pro Iacobitis (1441): «[En Dios] todo es uno, siempre que no obste una oposición relativa»; Dz 703.

En la Iglesia griega la secta místico-quietista del siglo xiv, denominada de los hesicastas o palamitas (por el monje Gregorio Palamasti 359) enseñaba la distinción real entre la esencia divina (oúcía) y la virtud divina o atributos divinos. Mientras que la primera sería inconocible, la segunda se comunicaría al hombre en la quietud de la oración por medio de una luz divina increada («luz del Tabor»). Distinguía, por tanto, entre una parte superior y otra inferior, una invisible y otra visible de la divinidad.

La Sagrada Escritura declara la identidad entre la esencia y los atributos de Dios al decir: «Dios es caridad» (1 Ioh 4, 8). SAN AGUSTÍN nos enseña: «Lo que Dios tiene, eso es lo que es» (quod habet, hoc est; De civ. Deixi 10,1). Los adversarios de Gilberto compendiaron la doctrina de la Iglesia opuesta a su error en las siguientes palabras atribuidas a San Agustín: «Quidquid in Deo est, Deus est».

b) La distinción entre la esencia metafísica de Dios y sus atributos no es tampoco puramente mental («distinctio rationis ratiocinantis»), como enseñaron los eunomianos de los siglos IV y V y los nominalistas de fines de la edad media. Según los eunomianos, todos los nombres y atributos de Dios son sinónimos y no expresan sino la agenesia (innascibilidad) con la que suponen se concibe adecuadamente la esencia de Dios. Según los nominalistas, la razón para distinguir diversos atributos divinos no radica en la esencia misma de Dios, sino en los efectos que ésta produce («distinctio cum connotatione effectuum»).
En contra de la hipótesis de una distinción puramente mental, habla el hecho de que la Sagrada Escritura predica de Dios muchos atributos. Y es incompatible con la dignidad de la Sagrada Escritura suponer que todos esos atributos son puros sinónimos. Las perfecciones que se manifiestan en las obras de Dios presuponen que Él mismo las posee, pues es su causa. Dios no es bueno porque hace cosas buenas, sino que hace cosas buenas porque es bueno.

c) Según los escotistas, entre la esencia de Dios y sus atributos existe distinción formal, que es una distinción intermedia entre la real y la de razón. Suponer en Dios formalidades ontológicas que existen actualmente en Dios con independencia y anterioridad a nuestro pensamiento, es poner en peligro la absoluta simplicidad de la esencia divina. d) Según doctrina general, la distinción que existe entre Dios y sus atributos es virtual («distinctio virtualis o rationis ratiocinatae sive cum fundamento in re»). La distinción de diversos atributos en Dios tiene su fundamento real en la infinita plenitud del ser divino. Aunque esa plenitud sea en sí absolutamente simple, con todo, sólo podemos concebirla mediante una multiplicidad de conceptos; cf. S.th. i 13, 4: «Nomina Deo attri. buta, licet significent unam rem, tamen, quia significant eam sub ratio nibus multis et diversis, non sunt synonyma». Debemos tener presente que semejante distinción virtual es menor, pues cada perfección divina incluye implícitamente a las demás.

3. División
Los atributos divinos se dividen en:
a) Negativos y positivos (infinitud — poder);
b) inmediatos y mediatos (increabilidad — bondad);
c) absolutos y relativos (santidad —misericordia); d) atributos del ser y de la actividad o vida, llamados también quiescentes
y activos, estáticos y dinámicos (simplicidad —omnisciencia).

Bibliografía: A. HAYEN, Le Concile de Reims et Verreur théologique de Gilbert de la Porree, AHDL 10 (1935-36) 29-102. N. M. HARING, The Case of Gilbert de la Porree Bishop of Poitiers (1142-1154), «Medieval Studiesi 13 (1951) 1-40. S. GAMMERSBACH, Gilbert von Poitiers und seine Prozesse im Urteil der Zeitgenossen, K - Gr 1959. S. GUICHARDAN, Le probléme de la sitnplicité divine en Orient et en Occident aux XlVe et XV' siécles, Ly 1933. A. M. AMM\NN, Die Gottesschau in palamitischen Hesychiasmus. Ein Handbuch der spátbyzantinischen Mystik, Wü 2io48. B. SCHULTZE, Die Bedeutung des Palamismus in der mssischen Theologie der Gegenwart, Schol 26 (1951) 390-412. J. MEYENDORFF, Grégoire Palomas. Déjense des saints hésychastes, 2 tomos, Ln 1959.

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