LOS ATRIBUTOS

DEL SER DIVINO

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§ 18. LA ETERNIDAD DE DIOS ♥

La eternidad es duración sin principio ni fin, sin antes ni después, un «ahora permanente» (nunc stans). La esencia de la eternidad es la falta absoluta de sucesión. BOECIO dio la clásica definición: «Aeternitas est interminabilis vitae tota simul et perfecta possessio» (posesión total, simultánea y perfecta de una vida interminable; De consol, phil. V 6). Hay que distinguir entre la eternidad propiamente dicha y el «aevum» o «aeviternitas», que es la duración de los espíritus creados, que tienen principio, pero no tendrán fin, y en su sustancia no suponen mutación alguna (falta relativa de sucesión).

Dios es eterno (de fe).

El dogma dice que Dios posee el ser divino sin principio ni fin, sin sucesión alguna, en un ahora permanente e indiviso. El símbolo Quicumque profesa: «Aeternus Pater, aeternus Filius, aeternus Spiritus Sanctus et tamen non tres aeterni, sed unus aeternus»; Dz 39. El concilio IV de Letrán y el concilio del Vaticano asignan a Dios el predicado de «eterno»; Dz 428, 1782.
La Sagrada Escritura da testimonio de todas las notas de la eternidad divina. En el Ps 89, 2 se expresa claramente que Dios no tuvo principio ni fin: «Antes que los montes fuesen, y fueran paridos la tierra y el orbe, eres tú desde la eternidad a la eternidad». La carencia absoluta de sucesión la testifican Ps 2, 7: «Yahvé me ha dicho: Tú eres mi hijo, hoy te he engendrado yo», y Ioh 8, 58: «Antes que Abraham naciese, era yo»; cf. Ps 101, 27 s; 89, 4; 2 Petr 3, 8.

Los santos padres, en sus impugnaciones del paganismo que hablaba de genealogías de dioses, dan testimonio expreso de la eternidad de Dios; cf. ARÍSTIDES, Apol. 1, 4; TACIANO, Or. 4, 3; ATENÁGORAS, Suppl. 10; SAN IRENEO, Adv. haer. n 34, 2. San Agustín explica la eternidad de Dios como presente estable: «La eternidad de Dios es su misma sustancia, que nada tiene de mudable. En ella no hay nada pretérito como si ya no fuera; no hay nada futuro como si todavía no fuera. En ella no hay sino "es"», es decir, presente (Enarr. in Ps. 101, 2, 10). Especulativamente, la eternidad de Dios se demuestra por su absoluta inmutabilidad. La razón última de la eternidad de Dios es su plenitud absoluta de ser, que excluye toda potencialidad y, por tanto, toda sucesión; S.th. 1 10, 2-3.

Bibliografía: F. BEEMELMANS, Zeit und Ezvigkett nach Thomas van Aquin, Mr 1914.

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Cristiano Católico 25-11-2025   Año de la Fe
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