LOS ATRIBUTOS

DE LA VIDA DIVINA

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§ 26. LAS PROPIEDADES FÍSICAS DE LA VOLUNTAD DIVINA ♥

I. Necesidad y libertad

Dios quiere y se ama a sí mismo necesariamente, y a las cosas distintas de si libremente (de fe).

El concilio del Vaticano, frente a la doctrina del gnosticismo, maniqueísmo, fatalismo, panteísmo y optimismo cosmológico, de claró: «Si quis dixerit, Deum non volúntate ab omni necessitate libera, sed tam necessario creasse, quam necessario amat seipsum», a. s.; Dz 1805. La Sagrada Escritura da testimonio de la libertad con que Dios procedió en la creación, en la redención y en la distribución de las gracias de la redención; Ps 134, 6: «Yahvé hace cuanto quiere en los cielos, en la tierra, en el mar y en todos los abismos»; Eph 1, 5: «Él nos predestinó en caridad a la adopción de hijos suyos por Jesucristo, conforme al beneplácito de su voluntad»; 1 Cor 12, 11: «Él distribuye a cada uno según quiere»; SAN CLEMENTE ROMANO escribe: «Él lo hace todo cuando y como quiere» (Cor 27,5).

Hay que excluir de la libertad divina toda imperfección inherente a las criaturas. La libertad de Dios, pues, no podemos concebirla como libertad Atributos divinos de contrariedad («libertas contrarietatis»), es decir, como libertad para escoger entre el bien y el mal; pues, aunque la posibilidad de escoger el mal sea indicio de libertad, no constituye la esencia misma de la libertad y denota más bien imperfección: «velle malum nec est libertas nec pars líbertatis, quamvis sit quoddam libertatis signum» (De verit. 22, 6). Hay que definir positivamente la libertad de Dios como libertad de contradicción («libertas contradictionis»), o sea la libertad para obrar o no obrar (v.g., para crear el mundo o no crearlo), y como libertad de especificación («libertas specificationis»), es decir, la libertad para escoger'entre diversas acciones buenas o indiferentes (v.g., crear este mundo u otro distinto).

Omnipotencia

2. El poder es el principio que realiza lo que ha parecido bien al entendimiento y ha sido ordenado por la voluntad: «principium exsequens id, quod voluntas imperat et ad quod scientia dirigitt» (S.th. 1 25,1 ad 4). Omnipotencia divina significa que Dios puede realizar todo aquello que puede querer, es decir, todo lo real y posible.

2. Dios es omnipotente (de fe).

El símbolo apostólico confiesa: «Credo in Deum Patrem omnipotentem»; y así rezan todos los demás símbolos; cf. Dz 428, 1782. La Sagrada Escritura expresa la omnipotencia divina por medio del nombre 'El, que aplica a Dios, y sobre todo por su compuesto 'El-Sadai omnipotens). Testifica que para Dios no hay cosa imposible; Le 1, 37: «Nada hay imposible para Dios»; Mt 19, 26: «Para Dios todo es posible»; Mt 3, 9: «Yo os digo que Dios puede hacer de estas piedras hijos de Abraham»; cf. Gen 18, 14. Los santos padres aplican a cada paso a Dios el atributo de «omnipotente»

Especulativamente la omnipotencia de Dios se demuestra por su actualidad purísima; pues el poder operativo de una cosa está en consonancia con el nivel de su realidad ontológica: «unumquodque agit, secundum quod est in actu» (S.th. 1 25, 1 ad 1). A la infinita realidad ontológica de Dios' corresponde un poder (intensivamente) infinito. Tal poder se extiende a la esfera total del ser real y posible (es extensivamente infinito). Como el poder de Dios se identifica con su esencia, no puede aplicarse a aquello que repugne con la esencia y atributos divinos. De ahí que Dios no pueda cambiar, no pueda mentir, hacer que lo sucedido no haya sucedido (contra lo que enseña San Pedro Damián), ni realizar nada intrínsecamente con tradictorio; cf. 2 Tim 2, 13: «negare seipsum non potest»; SAN AGUSTÍN, De civ. Dei v, 10, 1; S.th. 1 25, 4. Dios puso cierto vínculo a su omnipotencia al decidirse libre mente por un determinado orden del universo entre los muchos órdenes posibles que pudo haber escogido. El poder de Dios, que actúa dentro del margen del mundo real, se denomina potentia ordinata, a diferencia de la potentia absoluta.

3. Soberanía universal

Dios es Señor de cielos y tierra (de fe; Dz 1782).

De la actuación de la omnipotencia divina se deriva la soberanía universal de Dios. Tal soberanía comprende un dominio ilimitado de jurisdicción («dominium iurisdictionis») y un dominio ilimitado de propiedad («dominium proprietatis») sobre todas las cosas creadas, y exige de las criaturas racionales una sumisión sin reservas. Ésta se manifiesta prácticamente en la aceptación de las verdades revela das, en el cumplimiento de los preceptos divinos y en el culto de adoración. El dominio de jurisdicción y de propiedad que Dios tiene sobre el universo se funda en la creación del mundo y en la redención del hombre; cf. Ps 144,11 ss; Esther 13,9 ss; 1 Tim 6,15; Ps 23, 1 s; 88, 12; 1 Cor 6, 20.

Bibliografía: H. J. KRAUS, Die Konigsherrschaft Gottes im Alten Testament, T 1951. L. GÓMEZ HELLÍN, La libertad divina según los prime ros teólogos jesuítas, AHG 6 (1943) 217-267. J. PRADO, Dios y el universo en los Salmos, EB 2 (1943) 213-241. T. DE ORBISO, El «reino de Dioso en los Calmos, F.F 49 (1948) 13-35, 199-209. TH. BLATTER, Machí und Herrschaft Gottes. Fr/S 1962.

Fuente: Ludwig Ott. | "Manual de teología dogmática"

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