LOS ATRIBUTOS
DEL SER DIVINO
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§ 13. LA SIMPLICIDAD DE DIOS ♥
Simple es lo que no tiene composición de partes y no es, por tanto, divisible.
La composición es física cuando una cosa está compuesta de partes
realmente distintas entre si; tal composición puede ser sustancial (materia
y forma, cuerpo y alma) o accidental (sustancia y accidente).
La composición es metafísica cuando una cosa está compuesta de partes lógicas
ometafísicas (determinaciones del ser, como potencia y acto, género y diferencia específica).
Dios es absolutamente simple (de fe).
El concilio iv de Letrán y el concilio del Vaticano enseñan que Dios
es sustancia o naturaleza absolutamente simple («substantia seu naturasimplex omnino»); Dz 428, 1782.
La expresión «simplex omnino» quiere decir que de Dios se excluye toda composición, tanto física como metafísica.
De esta verdad se derivan las siguientes proposiciones:
i. Dios es espíritu puro, es decir, que Dios no es materia ni está
compuesto de materia y espíritu.
Es verdad que el Antiguo Testamento presenta a Dios en forma visible y humana por medio de
numerosos antropomorfismos y antropopatías. Pero expresa muy bien indirectamente la espiritualidad de Dios al presentarle como
elevado por encima de toda la materia y como señor de la misma.
En cambio, a diferencia de Dios, a los hombres se les llama con frecuencia «carne» (cf. Is 31, 3). El Nuevo Testamento designa
expresamente a Dios como espíritu; Ioh 4, 24: «Dios es Espíritu»;
2 Cor 3, 17: «El Señor es Espíritu».
Los santos padres censuran como necia herejía (stultissitna haeresis,
San Jerónimo) la doctrina de los audianos o antropomorfitas, que, interpretando torcidamente el pasaje Gen 1, 26, consideraban a Dios como ser
compuesto de cuerpo y espíritu al estilo del hombre.
TERTULIANO, por influjo de los estoicos, parte del supuesto de que todo lo real es corpóreo,
y atribuye también cierta corporeidad a los espíritus, a Dios y al alma;
Adv.
Praxeam 7: «Quis enim negavit Deum Corpus esse, etsi Deus spiritus
est? Spiritus enim corpus sui generis in sua effigie».
Especulativamente, la inmaterialidad de Dios se demuestra por su pura actualidad.
Como en Dios no hay potencia pasiva alguna y la materia requiere esencialmente tal potencialidad, no puede haber materia
en Dios; cf. S.th. 1 3, 1 y 2.
2. Dios es espíritu absolutamente simple, es decir, en Dios no se da ninguna clase de composición: ni de sustancia y accidente, ni
de esencia y existencia, ni de naturaleza y persona, ni de potencia y acto, ni de un acto y otro, ni de género y diferencia específica.
La Sagrada Escritura indica la absoluta simplicidad de Dios cuando toma las propiedades divinas por su misma esencia; cf. 1 Ioh 4,8:
«Dios es caridad»; Ioh 14, 6: «Yo soy el camino, la verdad y la vida».
SAN AGUSTÍN dice, refiriéndose a la naturaleza divina: «Se le llama
simple porque lo que ella tiene eso es, exceptuando lo que se pre
dica de una Persona en relación con otra» (De civ. Dei vi 10, 1).
Especulativamente, la absoluta simplicidad de Dios se demuestra por su pura actualidad, que excluye absolutamente cualquier clase de composición.
En efecto, lo compuesto es posteriot a las partes componentes y depende de ellas.
Lo compuesto presupone, además, una causa que realice la composición de las partes, y las partes sólo se hallan en potencia respecto del todo; cf. S.th. 1 3, 7.
La distinción virtual entre la esencia de Dios y sus atributos y la de los diversos atributos entre sí no es óbice para
la absoluta simplicidad de Dios, pues cada atributo no designa una parte de la esencia divina, sino toda ella, aunque desde diversos puntos de vista.
Bibliografía: G. VERBERE, L'évolution de la doctrine du pneuma, du sto'icisme á saint Augustin, P 1945. G. M. MANSER, Das Wesen des Thomis
mus, Fr/S '1949, 491 ss (traducción castellana: La esencia del Tomismo,
Ma 1947, p. 612 ss).
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