Resumen teológico profundo, claro y fiel de Ecclesia de Eucharistia (2003), la encíclica de Juan Pablo II sobre la Eucaristía en su relación con la Iglesia. (clic) vatican.va.
Sobre la Eucaristía en su relación con la Iglesia
La encíclica parte de una afirmación decisiva: la Iglesia nace, vive
y se edifica desde la Eucaristía.
La Eucaristía no es un elemento más de la vida cristiana, sino su fuente
y culmen, porque contiene a Cristo mismo, “nuestra Pascua y Pan de
Vida”.
En ella se actualiza sacramentalmente el misterio pascual, fundamento permanente
de la Iglesia.
Juan Pablo II reafirma con fuerza la doctrina tradicional:
La Misa es, inseparablemente, sacrificio y banquete, memorial y comunión.
Comulgar significa:
La Eucaristía es anticipo del cielo, prenda de la resurrección futura y alimento de vida eterna.
La Iglesia nace del costado abierto de Cristo y se edifica continuamente por
la comunión eucarística.
Cada celebración:
La Eucaristía es el corazón de la misión evangelizadora: conduce a la comunión con Cristo y con la Trinidad.
La Eucaristía es apostólica en tres sentidos:
Por eso, sólo el sacerdote ordenado puede consagrar in persona
Christi.
La comunidad no puede darse a sí misma el ministro: lo recibe como don de Cristo
a través de la Iglesia.
La Eucaristía exige y expresa la comunión visible e invisible:
No puede haber celebración eucarística auténtica sin plena comunión con la
Iglesia.
Por eso, la encíclica aborda con claridad:
Juan Pablo II subraya la importancia de:
La Eucaristía es “tesoro inestimable” y fuente de santidad.
La adoración prolonga los frutos de la Misa y alimenta la vida espiritual de la
Iglesia.
La Eucaristía impulsa a los fieles a:
Quien participa del Cuerpo de Cristo está llamado a hacer de su vida una existencia “eucarística”, entregada y transformadora.
Ecclesia de Eucharistia es una proclamación solemne de que la Eucaristía es el corazón de la Iglesia:
La encíclica invita a redescubrir el “asombro eucarístico” y a centrar la vida cristiana en el misterio del altar.