Resumen claro, fiel y publicable de Pastores dabo vobis (1992), la exhortación apostólica postsinodal de san Juan Pablo II sobre la formación de los sacerdotes en la situación actual.
(San Juan Pablo II, 1992)
vatican.va
La exhortación parte de la promesa divina: “Os daré pastores según mi corazón” (Jer 3,15). Juan Pablo II afirma que la Iglesia vive de esta promesa y que la formación sacerdotal es una tarea decisiva para su misión evangelizadora. Ante la escasez de vocaciones en algunas regiones y el crecimiento en otras, la Iglesia debe renovar su confianza en el Espíritu Santo y asumir con responsabilidad la promoción vocacional y la formación integral de los futuros presbíteros.
El documento analiza el contexto cultural contemporáneo, marcado por luces y sombras:
La formación sacerdotal debe leer estos signos con discernimiento evangélico para preparar pastores capaces de evangelizar este mundo real.
El sacerdote participa sacramentalmente del sacerdocio único de Cristo, Cabeza y Pastor. Por ello:
El sacerdote es signo de la gratuidad de la gracia y servidor de la comunión eclesial.
Juan Pablo II propone un modelo de formación articulado en cuatro dimensiones, inseparables y complementarias:
Base de toda la vida sacerdotal. Incluye:
El corazón del proceso formativo:
Necesaria para anunciar la fe con verdad:
Orientada al ejercicio real del ministerio:
La ordenación no concluye la formación: la vida del sacerdote exige una renovación continua. La formación permanente:
Es un deber personal del sacerdote y una responsabilidad de toda la Iglesia.
Pastores dabo vobis es una llamada a renovar la esperanza en la acción del Espíritu Santo y a formar pastores “según el corazón de Cristo”. La Iglesia necesita sacerdotes santos, maduros, bien preparados y profundamente misioneros, capaces de anunciar el Evangelio en un mundo complejo y sediento de Dios.