Sección segunda
LA ESENCIA DE DIOS
Capítulo primero
EL CONOCIMIENTO DE LA ESENCIA DE DIOS
§ 5. EL CONOCIMIENTO NATURAL DE DIOS EN ESTA VIDA
Como el conocimiento de la existencia de una cosa no es posible sin conocer de
algún moda la naturaleza de la misma, por eso con el conocimiento natural de la
existencia de Dios va vinculada siempre cierta noticia acerca de su esencia.
Cada argumento en favor de la existencia de Dios nos descubre una determinada
perfección de la esencia divina. El conocimiento asequible por vía natural
acerca de Dios se ahonda y amplía por la revelación sobrenatural.
1. Cualidades del conocimiento natural de Dios en esta vida
a) Conocimiento mediato
El conocimiento natural de Dios en esta vida no es inmediato ni intuitivo, sino
mediato y abstractivo, pues lo alcanzamos por medio del conocimiento de las
criaturas (sent. cierta).
Es opuesto a la doctrina de la Iglesia el ontologismo (Malebranche + 1715,
Gioberti t 1851, Rosmini + 1855), el cual enseña que en la tierra poseemos ya
naturalmente un conocimiento de Dios inmediato e intuitivo, y que a la luz de
ese conocimiento inmediato de Dios conocemos también las cosas creadas. El orden
lógico corresponde al orden ontológico. Dios, como ser primero, tiene que ser
también el objeto primero del conocimiento: «Primum esse ontologicum debet esse
etiam primum logicum» (Gioberti).
El ontologismo es incompatible con lo doctrina del concilio universal de Vienne
(1311/12), según la cual el alma, para conocer inmediatamente a Dios, necesita
la luz de la gloria (lumen gloriae); Dz 475. El Santo Oficio condenó en 'los
años 1861 y 1887 varias proposiciones ontologistas; Dz 1659 ss, 1891 ss.
La Sagrada Escritura nos enseña que el conocimiento natural de Dios lo
adquirimos por medio de la contemplación de las criaturas (cf. Sap 13, 1:
«operibus attendentes» [por la consideración de las obras]; Rom 1, 20 : «per ea
quae facta sunt» [mediante las criaturas]); nos enseña, además, que ningún
hombre en 'la tierra es capaz de contemplar inmediatamente a Dios, que la visión
de Dios es algo reservado para la otra vida; cf. 1 Tim 6, 16: «El habita en una
luz inaccesible; ningún hombre le vio ni puede verle jamás»; 1 Cor 13, 12 :
«Ahora vemos por un espejo y oscuramente; entonces veremos cara a cara.»
El ontologismo repugna igualmente al testimonio de la propia conciencia y,
ateniéndose a sus consecuencias, nos conduce al panteísmo y al racionalismo. Sin
razón alguna los ontologistas invocan en su favor la doctrina agustiniana de la
«cognitio in rationibus aeternis»; pues está bien claro que San Agustin se
refiere al conocimiento mediato de Dios adquirido por la contemplación del alma
humana o del mundo externo, que nos eleva hasta Dios.
b) Conocimiento analógico
El conocimiento de Dios que poseemos acá en la tierra no es propio, sino
analógico (sent. cierta).
Mientras que el conocimiento propio capta un objeto por medio de su imagen
cognoscitiva propia (per speciem propriam) o por medio de una intuición
inmediata, el conocimiento analógico lo capta por medio de una imagen
cognoscitiva ajena (per speciem alienan). En el conocimiento que poseemos de
Dios acá en la tierra aplicamos a Dios los conceptos tomados de las cosas
creadas, y esto lo hacemos en virtud de cierta analogía y ordenación que las
criaturas tienen con Dios, que es causa eficiente y ejemplar de todas ellas. La
relación de semejanza entre Creador y criatura, que se funda en la realidad de
la creación (y a la que se opone una desemejanza aún mayor [infinito —
limitado]), la llamada analogía del ser (analogia entis, que Karl Barth rechaza
como «la invención del Anticristo») es la que constituye el fundamento de todo
nuestro conocimiento natural de Dios; cf. Sap 13, 5.
2. Método del conocimiento natural de Dios
El conocimiento de Dios que adquirimos en esta vida nos viene, como enseña el
Seudo-Dionisio Areopagita, por el triple camino de la afirmación, de la negación
y de la eminencia.
a) La vía de afirmación o de causalidad (thesis) parte de la idea de que Dios es
la causa eficiente de todas las cosas y de que la causa eficiente contiene en sí
toda la perfección del efecto. De lo cual se sigue que Dios, hacedor de todas
las cosas, contiene en sí mismo todas las perfecciones reales de sus criaturas.
Las perfecciones «puras» [que no llevan en sí mezcla de imperfección] se
predican formalmente de Dios. Las perfecciones mixtas, que por su concepto
incluyen limitación, se aplican a la divinidad en sentido traslaticio
(metafórico o antropomórfico).
b) La vía de negación (áfaíresis) niega, con respecto a Dios, toda imperfección
que se encuentra en las criaturas, incluso toda limitación inherente a las
perfecciones creadas, que radica en su propia finitud. Este negar una
imperfección es tanto como afirmar, en grado eminente, la perfección
correspondiente (v.g., infinito = riqueza sin limitación alguna).
Por influjo de la teología negativa de los neoplatónicos, algunos santos padres
expresan fórmulas como la que sigue: «Dios no es sustancia, no es vida, no es
luz, no es sentido, no es espíritu, no es sabiduría, no es bondad»
(SEUDO-DioNisio, Myst. theol. c. 3). No es que con ello pretendan negar en Dios
la existencia de tales perfecciones, sino que quieren poner de relieve que no es
posible predicarlas de Dios en la misma forma que se hace de las criaturas, sino
en una forma infinitamente más elevada.
c) La vía de eminencia (hyperoje) eleva hasta el infinito las perfecciones de
las criaturas al atribuírselas a Dios.
Estas tres vías del conocimiento de Dios se completan mutuamente. A la
afirmación de una perfección creada debe seguir siempre la elevación o
sublimación de la misma, y a ambos momentos la negación de toda imperfección;
cf. Eccli 43, 29 (G 27) ss: SAN JUAN DAMASCENO, De fide orth. 1 12.
3. Imperfección del conocimiento de Dios que se posee en esta vida
La esencia de Dios es incomprensible para los hombres (de fe).
La idea de Dios que poseemos en esta vida está compuesta de muchos conceptos
inadecuados y es necesariamente imperfecta a causa de dicha composición. El
concilio IV de Letrán (1215) y el concilio del Vaticano llaman a Dios
«incomprensible» (incomprehensibilis); Dz 428, 1782. Cf. Ier 32, 19 (según el
texto de la Vulgata) : «Magnus consilio et incorriprehensibilis cogitatu» (M:
Grande en sus planes y poderoso en sus obras); Rom 11, 33: «; Cuán insondables
son sus juicios e inescrutables sus caminos!»
Los santos padres, sobre todo San Basilio, San Gregorio Niseno, San Juan
Crisóstomo, defendieron la incomprensibilidad de la esencia divina, señalando
como razón la infinitud y elevación de Dios sobre todas las criaturas, contra
los eunomianos, que pretendían poseer ya en esta vida un conocimiento exhaustivo
de Dios (es decir, que entendían adecuadamente la naturaleza divina). Dice SAN
AGUSTÍN: «Más verdadero es nuestro pensar de Dios que nuestro hablar de Él, y
más verdadero aún que nuestro pensar de El es su Ser» (Verius enim cogitatur
Deus quam dicitur et verius est quam cogitatur; De Trin vsl 4, 7). Conocimiento
exhaustivo de Dios solamente lo posee Dios mismo; pues el Ser infinito sólo
puede ser abarcado perfectamente por un entendimiento infinito. Cf. S.th. i 12,
7: «Dios, cuyo ser es infinito, es infinitamente cognoscible. Pero ningún
entendimiento creado puede conocer a Dios de manera infinita.»
4. Verdad del conocimiento de Dios adquirido en esta vida
Aunque el conocimiento que poseemos de Dios en esta vida sea un conocimiento
imperfecto, sin embargo es verdadero, porque Dios posee realmente las
perfecciones que de El predicamos y nosotros nos damos cuenta perfecta del
carácter análogo de nuestro concepto de Dios y de los predicados que le
atribuimos.
El conocimiento de Dios que poseemos en esta vida es un conocimiento verdadero, aunque sea imperfecto, porque Dios posee realmente las perfecciones que de El predicamos y nosotros nos damos cuenta perfecta del carácter análogo de nuestro concepto de Dios y de los predicados que le atribuimos.
Ave María Purísima