Capítulo segundo
DEFINICIÓN TEOLÓGICA DE LA ESENCIA DIVINA
§ 8. Los NOMBRES DE DIOS EN LA BIBLIA
Así como no es posible comprender con un concepto adecuado la esencia divina, de
la misma manera tampoco es posible hallar un nombre que le cuadre perfectamente.
De ahí que los santos padres llamen a Dios «indecible, inefable» (árretos,
ineffabilis) e «innominado» (ánonymos) Los diversos nombres que la Sagrada
Escritura aplica a Dios expresan más bien las operaciones de Dios que su esencia
divina.
Según sus distintas operaciones, Dios puede recibir distintos nombres. Por eso
el Seudo-Dionisio llama a Dios «El de muchos nombres (polyonymos o «El de todos
los nombres» (panónymos). Cf. SEUDO-DIONISIO, De div. nominibus 1, 6; 12, 1; SAN
JUAN DAMASCENO, De fide orth. I 12.
Con SCHEEBEN (Dogmatik s n. 84 ss) podemos clasificar en tres grupos los siete
«nombres sagrados» del Antiguo Testamento; el primer grupo expresa la relación
de Dios con el mundo y con los hombres ('El = el Fuerte, el Poderoso; 'Elohim =
el que posee la plenitud del poder; Adonai = el Señor, el Soberano, el Juez) ;
el segundo grupo designa más bien las perfecciones internas de Dios (Shadai = el
Omnipotente; Elyon = el Altísimo; Qadosh = el Santo); y el tercer grupo
comprende el nombre propio y esencial de Dios (Yahvé). El nombre propio del Dios
verdadero es Yahvé. Se deriva lingüísticamente de haya, variante del antiguo
hawa = ser; significa : él es. Los Setenta lo traducen aquí etimológicamente con
justeza por ó ón = «el que es», pero luego lo sustituyen generalmente por kyrios
= el Señor. Dios mismo reveló este nombre a Moisés al responder a su pregunta
sobre cuál era su nombre: «Yo soy el que soy ['ehye 'asher 'ehye]. Así dirás a
los hijos de Israel: 'Ehye ["yo soy"] me ha enviado a vosotros... Esto dirás a
los hijos de Israel: Yahvé ["él es"], el Dios de vuestros padres, el Dios de
Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob me ha enviado a vosotros. Éste es
para siempre mi nombre, y ésta mi denominación de linaje en linaje» (Ex 3, 14
s). Conforme a Ex 6, 3, Dios manifestó por primera vez a Moisés su propio nombre
de Yahvé, mientras que a los patriarcas se les presentaba con el de 'El-Shadai.
El narrador bíblico, apoyándose en la revelación posterior, emplea ya el nombre
de Yahvé en la historia del Paraíso y lo pone en labios de los patriarcas y de
Dios mismo (Gen 15, 2 y 7). Por eso en Gen 4, 26 se dice : «Entonces se comenzó
a invocar el nombre de Yahvé», no queriendo significar con ello que se comenzara
a invocar a Dios bajo el nombre de Yahvé, sino que se empezó a tributarle culto.
En la época que precedió a Moisés no es posible hallar con certeza el nombre de
Yahvé ni en Israel ni fuera de Israel. Sin embargo, fundándose en algunos
nombres propios bíblicos (cf. Ex 6, 20), se puede sostener que el Israel
premosaico conoció el nombre de Dios Yau. Siendo esto así, la revelación del
nombre de Yahvé a Moisés lleva consigo una ampliación lingüística y, sobre todo,
el descubrimiento de su profundo significado; pues el nombre de Yahvé es la
revelación divina veterotestamentaria más perfecta sobre la esencia de Dios. El
Nuevo Testamento recoge los nombres paleotestamentarios de Dios conforme a la
versión de los Setenta y sitúa en el centro de la religión cristiana la
denominación de Padre, que en el Antiguo Testamento aparece únicamente de forma
aislada.