Sección primera
LA EXISTENCIA DE DIOS
Capítulo primero
LA COGNOSCIBILIDAD NATURAL DE DIOS
§ 1. POSIBILIDAD DE CONOCER A DIOS CON LA SOLA LUZ DE LA RAZÓN NATURAL
1. Dogma
Dios, nuestro Creador y Señor, puede ser conocido con certeza a la luz de la
razón natural por medio de las cosas creadas (de fe).
El concilio del Vaticano definió: «Si quis dixerit, Deum unum et verum,
creatorem et Dominum nostrum, per ea quae facta sunt naturali rationis humanae
lumine certo cognosci non posse», a. s.; Dz 1806; cf. 1391, 1785.
La definición del concilio Vaticano presenta los siguientes elementos: a) El
objeto de nuestro conocimiento es Dios uno y verdadero, Creador y Señor nuestro;
es, por tanto, un Dios distinto del mundo y personal. b) El principio subjetivo
del conocimiento es la razón natural en estado de naturaleza caída. c) Medios
del conocimiento son las cosas creadas. d) Ese conocimiento es de por sí un
conocimiento cierto. e) Y es posible, aunque no constituya el único camino para
llegar a conocer a Dios.
2. Prueba de Escritura
Según testimonio de la Sagrada Escritura, es posible conocer la existencia de
Dios:
a) A través de la naturaleza.. Sap 13, 1-9; el vers. 15 dice : «Pues de la
grandeza y hermosura de las criaturas, por razonamiento (ánalogos) se llega a
conocer al Hacedor de éstas»; Rom 1, 20: «Porque, desde la creación del mundo,
lo invisible de Dios, su eterno poder y su divinidad son conocidos mediante las
criaturas, de manera que ellos son inexcusables». El conocimiento de Dios,
atestiguado en ambos lugares, es un conocimiento natural, cierto, mediato y
fácilmente asequible.
b) A través de la conciencia. Rom 2, 14 s : «Cuando los gentiles, guiados por la
razón natural, sin ley [mosaica], cumplen los preceptos de la ley, ellos mismos,
sin tenerla, son para sí mismos ley. y con esto muestran que los preceptos de la
ley están escritos en sus corazones». Los gentiles conocen naturalmente y, por
tanto, sin revelación sobrenatural, lo esencial de la ley del Antiguo
Testamento. En su corazón hay grabada una ley cuya fuerza obligatoria les hace
conocer al Supremo Legislador.
c) A través de la historia. Act 14, 14-16; 17, 26-29. San Pablo, en sus
discursos pronunciados en Listra y en el Areópago de Atenas, declara que Dios
había dado testimonio de sí a los pueblos gentiles con incesantes beneficios y
que es fácil encontrarle, pues está muy cerca de cada uno de nosotros; «porque
en El vivimos y nos movemos y existimos» (17, 28).
3. Prueba de tradición
Los santos padres, de acuerdo con estas enseñanzas de la Sagrada Escritura,
insistieron siempre en que era posible y fácil adquirir un conocimiento natural
de Dios. Véase TERTULIANO, Apol. 17: «i Oh testimonio del alma, que es
naturalmente cristiana!» («O testimonium animae naturaliter christianae»). Los
padres griegos prefirieron los argumentos de la existencia de Dios llamados
cosmológicos, que parten de la experiencia externa; los padres latinos
prefieren los argumentos psicológicos, que parten de la experiencia interna.
Véase TEÓFILO DE ANTIOQUÍA, Ad Autolycum I 4-5: «Dios sacó todas las cosas de la
nada dándoles la existencia, a fin de que por medio de sus obras conociéramos y
entendiéramos su grandeza. Pues así como en el hombre no se ve el alma, porque
es invisible a los ojos humanos, mas por los movimientos corporales venimos en
conocimiento de la misma, de forma semejante Dios es también invisible para los
ojos del hombre, pero llegamos a verle y a conocerle gracias a su providencia y
a sus obras. Pues así como a la vista de un barco que se desliza hábilmente
sobre las olas dirigiéndose al puerto inferimos con toda evidencia que se halla
en su interior un piloto que lo gobierna, de la misma manera tenemos que pensar
que Dios es el Rector del universo entero, aunque no lo veamos con los ojos
corporales, porque es invisible para ellos.» Véase también SAN IRENEO, Adv.
haer. II 9, 1; SAN JUAN CRISÓSTOMO, In ep. ad Rom., hom. 3, 2 (sobre 1, 19).
4. ¿Idea innata de Dios?
Invocando la autoridad de los santos padres, varios teólogos católicos, como
Ludovico Thomassino, H. Klee, A. Staudenmaier, J. von Kuhn, enseñaron que la
idea de Dios no se adquiere raciocinando sobre el mundo de la experiencia, sino
que es innata al hombre. Es cierto que varios padres de la Iglesia, corno SAN
JUSTINO (Apol. II 6) y CLEMENTE DE ALEJANDRÍA (Strom. v 14, 133, 7), han
designado la idea de Dios como «connatural», «no aprendida», «aprendida por sí
misma», o como «don del alma»; TERTULIANO, Adv. Marc. I 10). SAN JUAN DAMASCENO
dice: «El conocimiento de la existencia de Dios ha sido sembrado por Él mismo en
la naturaleza de todos» (De fide orth. I 1). Sin embargo, estos mismos padres
enseñan que el conocimiento de Dios lo adquirimos por la contemplación de la
naturaleza, y, por tanto, no quieren decir que sea innata en nosotros la idea de
Dios como tal, sino la capacidad para conocerle con facilidad, y en cierto modo
espontáneamente, por medio de sus obras. Véase SANTO TOMÁs, In Boethium de
Trinitate, q. 1, a 3: «eius cognitio nobis innata dicitur esse, in quantum per
principia nobis innata de facili percipere possumus Deum esse.»
5. Conclusión
En resumen, la existencia de Dios es cognoscible por la razón natural a través de las cosas creadas,
la conciencia y la historia. Aunque algunos teólogos han sugerido la idea de Dios
como innata, la enseñanza tradicional sostiene que es a través de la experiencia y
la reflexión sobre el mundo que llegamos a conocer a Dios como nuestro Creador y Señor.