§ 2. POSIBILIDAD DE DEMOSTRAR LA EXISTENCIA DE DIOS
Se puede demostrar la existencia de Dios por medio del principio de causalidad
(sentencia próxima a la fe).
Los tradicionalistas L. E. Bautain (+1867) y A. Bonnetty (+ 1879), por
requerimiento eclesiástico, tuvieron que dar su conformidad a la siguiente
proposición: El razonamiento humano puede demostrar con certeza la existencia de
Dios («ratiocinatio potest cum certitudine probare existentiam Dei»); Dz 1622,
1650. Su Santidad PÍO x, en el juramento prescrito (1910) contra los errores del
modernismo, completa la definición que el concilio del Vaticano había dado sobre
la posibilidad natural de conocer a Dios, y precisa que la razón humana puede
demostrar formalmente la existencia de Dios mediante el principio de causalidad:
«Deum, rerum omnium principium et finem, naturali rationis lumine per ea quae
facta sunt, hoc est per visibilia creationis opera, tanquam causam per effectus
certo cognosci, adeoque demonstrari etiam posse»; Dz 2145.
La posibilidad de demostrar la existencia de Dios se deduce :
a. Del dogma de la cognoscibilidad natural de Dios; pues la prueba de la
existencia de Dios se distingue tan sólo del conocimiento elemental que tenemos
de Dios en que la base gnoseológica de aquélla se presenta de forma científica.
b. Del hecho de que los teólogos, desde la misma época patrística, han
presentado argumentos para demostrar la existencia de Dios; cf. ARÍSTIDES,
Apol. I, 1-3; TEÓFILO DE ANTIOQUÍA, Ad Autolycum I 5; MINuclo FÉLIX, Octavius
17, 4ss; 18, 4; SAN AGUSTÍN, De vera religione 30-32; Conf. x 6, xI 4; SAN JUAN
DAMASCENO, De fide orth. 13.
La escolástica supo mostrar en sus más egregios representantes una fiel adhesión
a esta verdad de la demostrabilidad de la existencia divina. Santo Tomás de
Aquino dio la forma clásica a los argumentos escolásticos en favor de esta tesis
(S.th. i 2, 3; S.c.G. 113). Solamente en la escolástica tardía, algunos
influyentes representantes del nominalismo (Guillermo de Ockham, Nicolás de
Autrecourt, Pedro de Ailly), movidos por su escepticismo, comenzaron a poner en
duda la certeza de dichos argumentos.
Los argumentos de la existencia de Dios se apoyan en la validez absoluta del
principio de causalidad, formulado así por Santo Tomás: «Omne quod movetur, ab
alio movetur» (moveri = moverse = pasar de la potencia al acto). Mientras Kant,
por influjo de David Hume, restringe lá validez de este principio al mundo de la
experiencia, Santo Tomás funda su validez para lo que sobrepasa el mundo de la
experiencia, para lo trascendental, en la reducción al principio de
contradicción, evidente por sí mismo; S.th. 12, 3.
El principio de causalidad, aplicado a la realidad, nos muestra que el mundo no puede ser un sistema cerrado de causas y efectos, sino que debe tener una causa primera, que es Dios. De esta manera, la existencia de Dios puede ser demostrada con certeza a través de la razón natural, utilizando el principio de causalidad como base para el argumento. Esta demostración no solo es posible, sino que ha sido defendida por numerosos teólogos a lo largo de la historia de la Iglesia, reafirmando la fe en un Dios creador y sustentador del universo.
Ave María Purísima