§ 3. ERRORES ACERCA DE LA COGNOSCIBILIDAD NATURAL DE DIOS
1. El tradicionalismo
El tradicionalismo, que surgió como reacción contra el racionalismo de la
«Ilustración», parte del supuesto de que Dios, en una extensa revelación
primitiva, comunicó al hombre, juntamente con el lenguaje, una suma de verdades
fundamentales sobre el orden religioso y moral que luego se fueron transmitiendo
por tradición a través de las generaciones. La «razón universal» o el «sentido
común» garantizan la genuina transmisión de la revelación original. Cada
individuo la recibe por instrucción oral. A la razón se le niega la capacidad de
llegar por sí misma al conocimiento de la existencia de Dios (escepticismo). El
conocimiento de Dios, como cualquier otro conocimiento religioso y moral, es una
creencia: «Deum esse traditur sive creditur». Los principales propugnadores del
tradicionalismo en su forma estricta son L. G. A. de Bonald, F. de Lamennais y
L. E. Bautain; más moderados son A. Bonnetty y G. Ventura. Fue condenado por la
Iglesia bajo los pontificados de GREGORIO xvt (Dz 1622/27) y Pío Ix (Dz 1649/52)
y por el concilio del Vaticano (Dz 1785 s, 1806).
El semitradicionalismo de la Escuela Lovaniense (G. C. Ubaghs t 1875) concede
que, por la contemplación de la naturaleza, puede la razón natural conocer con
certeza la existencia de Dios, pero esto sólo en el supuesto de que dicha razón
haya recibido en sí previamente, por instrucción, la idea de Dios proveniente de
una revelación primitiva.
Hay que rechazar el tradicionalismo tanto por razones filosóficas como
teológicas: a) El lenguaje no engendra los conceptos, antes bien presupone el
conocimiento de los mismos. b) La hipótesis de una revelación presupone
racionalmente la noticia de un Ser revelador y la firme convicción de la
veracidad de su testimonio.
2. El ateísmo
El agnosticismo, el escepticismo y el criticismo niegan la posibilidad de
conocer y demostrar con certeza la existencia de Dios, pero pueden coexistir con
la fe en la existencia de un Dios personal. Se apoyan en el principio :
ignoramus et ignorabimus (ateísmo escéptico).
El ateísmo negativo es una ignorancia inculpable de la existencia de Dios. El
positivo, en cambio (materialismo y panteísmo), niega directamente la existencia
de un Ser divino supramundano y personal. Fue condenado por el concilio del
Vaticano; Dz 1801-1803.
Por lo que respecta a la posibilidad del ateísmo, es cierto que existen
sistemas ateístas (materialismo, panteísmo) y ateos prácticos, que viven como si
no hubiera Dios. La posibilidad de que existan también ateos teóricos, con
convicción subjetiva de su doctrina, radica en la debilidad intelectual y moral
del hombre y en el hecho de que los argumentos de la existencia de Dios no son
inmediata sino mediatamente evidentes. Pero como es fácil adquirir el
conocimiento de Dios mediante la consideración de la naturaleza y de la vida del
alma, resulta imposible seguir por mucho tiempo aferrados a una convicción
sincera e incontestable de la inexistencia de Dios. En un hombre adulto que haya
alcanzado su normal desarrollo, no es posible que se dé por mucho tiempo una
ignorancia inculpable e invencible de la existencia de Dios, pues tanto la
Sagrada Escritura como la tradición testimonian lo fácil que es de adquirir el
conocimiento natural de Dios; Rom 1, 20: cita ut sint inexcusabiles» (de suerte
que son inexcusables). Cf. Vaticano II, const. Gaudium et spes, n. 19-21.
3. El criticismo de Kant
Mientras que Kant en su período precriticista admitía la posibilidad de
demostrar la existencia de Dios, y desarrolló él mismo el argumento ideológico
(cf. su escrito aparecido en 1763: Der einzig mögliche Beweisgrund zu einer
Demonstration des Daseins Gottes [El único argumento posible para demostrar la
existencia de Dios]), negó en su período criticista el carácter probativo de
todos los argumentos en favor de la existencia divina (cf. la Kritik der reinen
Vernunft [Crítica de la razón pura], aparecida en 1781). Según Kant, el único
objeto de la razón teorética es el mundo de los fenómenos; lo suprasensible
escapa a su esfera. La validez del principio de causalidad se limita a las cosas
que caen bajo la experiencia sensible. Kant intenta refutar todos los argumentos
de la existencia de Dios queriendo hacer ver que todos ellos se reducen al
argumento ontológico, pues, según él, del concepto de la esencia más real de
todas se pasa a concluir la existencia efectiva de dicha esencia. No obstante,
Kant siguió admitiendo la existencia de Dios, pero como postulado de la razón
práctica.
La filosofía de Kant ejerció un influjo decisivo en la teología protestante del
siglo XIX Tomando como punto de vista la epistemología kantiana, rechazó el
fundamento racional de la religión y con ello las pruebas racionales de la
existencia de Dios, enseñando que las verdades religiosas no se captan por medio
del entendimiento sino por medio del sentimiento religioso, que ansía a Dios y
en el cual tenemos experiencia de la divinidad. En esta experiencia religiosa,
de índole subjetiva, se funda la fe. Consecuencia de estas doctrinas fue una
profunda y radical separación entre el campo de la fe y el de la ciencia
(Jacobi, Schleiermacher, Ritschl, A. Harnack).
4. El modernismo
El fundamento epistemológico del modernismo no es otro que el `agnosticismo,
según el cual el conocimiento racional del hombre se limita exclusivamente al
mundo de la experiencia. La religión surge, según él, del principio de la
inmanencia vital (inmanentismo), es decir, de la indigencia de lo divino que hay
en el alma del hombre. Las verdades religiosas se hallan sujetas a una constante
evolución sustancial (evolucionismo), en consonancia con el progreso universal
de la cultura.
El modernismo, que se manifestó principalmente en la Iglesia católica a fines del siglo XIX y principios del XX,
fue condenado por el papa San Pío X en su encíclica Pascendi Dominici Gregis (1907) y por el concilio del Vaticano I
(Dz 1839-1842).