SEGUNDA PARTE ALGUNOS PROBLEMAS MÁS URGENTES
Capítulo 1: Dignidad del Matrimonio y de la Familia (nn. 46-52), (clic) Vatican.va.
La Iglesia dirige su atención a las necesidades de nuestro tiempo. Entre los graves problemas de hoy, el matrimonio y la familia revisten máxima importancia, pues de su salud depende el bienestar de la persona y de la sociedad humana y cristiana.
Dios es el autor del matrimonio. No es una institución puramente humana, aunque varíe en las culturas. La dignidad de esta institución existe para la procreación y educación de la prole y para la ayuda mutua de los esposos. Sin embargo, esta dignidad se ve oscurecida hoy por el divorcio, el "amor libre" y el egoísmo.
El matrimonio es una íntima comunidad de vida y amor conyugal, fundada por el Creador. Cristo Señor bendijo este amor multiforme, brotado de la fuente de la caridad divina, y lo elevó a la dignidad de sacramento, siendo imagen de la unión de Cristo con la Iglesia.
El amor conyugal es eminentemente humano, pues va de persona a persona con el afecto de la voluntad. Abarca el bien de toda la persona y enriquece las expresiones del cuerpo y del espíritu. El Señor sana, perfecciona y eleva este amor con el don de la gracia y la caridad.
El matrimonio y el amor conyugal están ordenados por su propia naturaleza a la procreación y educación de la prole. Los hijos son el don más excelente del matrimonio. Sin embargo, el matrimonio no es una mera institución para la procreación; aunque falte la descendencia, el vínculo conyugal conserva su valor y su indisolubilidad.
La vida debe ser protegida con sumo cuidado desde la concepción. El aborto y el infanticidio son crímenes abominables. La moralidad de los actos conyugales depende de criterios objetivos basados en la naturaleza de la persona y sus actos, preservando el sentido íntegro de la entrega mutua y la procreación humana.
La familia es escuela de humanidad más rica. Todos los que ejercen influencia en la sociedad (gobernantes, científicos, cristianos) deben colaborar para salvaguardar y promover la dignidad del matrimonio y la familia. Los esposos cristianos son cooperadores de la gracia y testigos de la fe.