SEGUNDA PARTE: ALGUNOS PROBLEMAS MÁS URGENTES
Capítulo 2: El Sano Fomento del Progreso Cultural (nn. 53-62), (clic) Vatican.va.
Es propio de la persona humana llegar a la verdadera y plena humanidad mediante la cultura. La cultura abarca todo aquello con lo que el hombre afina y desarrolla sus cualidades corporales y espirituales. Hoy día, gracias a los avances de la ciencia y la técnica, asistimos al nacimiento de un nuevo humanismo, donde el hombre se define por su responsabilidad ante sus hermanos y ante la historia.
Las condiciones de vida del hombre moderno han cambiado profundamente, creando nuevas formas de pensar y actuar. Se habla de una "cultura de masas". Esto ofrece oportunidades para la perfección humana, pero también riesgos si se pierde la sabiduría ancestral o si el contacto entre culturas perturba la identidad propia.
Cada vez aumenta más el número de hombres y mujeres que son conscientes de ser autores y artífices de la cultura de su comunidad. Esto impone una gran responsabilidad: construir un mundo más humano para todos, donde la verdad y la belleza sean patrimonio común.
Surgen interrogantes: ¿Cómo armonizar la cultura particular con la universal? ¿Cómo evitar que el aumento de conocimientos mate la sabiduría? ¿Cómo lograr que la cultura no sea privilegio de pocos? La cultura debe estar subordinada al desarrollo integral de la persona y al bien de la comunidad y del género humano.
Los cristianos, en marcha hacia la ciudad celeste, deben buscar las cosas de arriba, pero esto no disminuye, sino que aumenta, la importancia de colaborar con los demás hombres en la construcción de un mundo más humano. La fe ilumina la cultura y la purifica, ayudando al hombre a reconocer su dignidad y su destino.
Dios habló según la cultura propia de cada época. La Iglesia, enviada a todos los pueblos, no se liga exclusiva e indisolublemente a ninguna raza o nación, ni a ninguna costumbre particular. El Evangelio fecunda las culturas desde dentro, purificándolas y elevándolas, y a su vez, la Iglesia se enriquece con las diversas formas de cultura humana.
La cultura necesita libertad para desarrollarse y legítima autonomía. La Iglesia afirma la autonomía de la cultura y de las ciencias, pero advierte contra el peligro de un humanismo meramente terrestre que se vuelva contra la religión. La síntesis entre fe y cultura es necesaria para la integridad de la persona.
Hay que trabajar para que todos los hombres tengan acceso a los beneficios de la cultura. Se debe evitar que la cultura se convierta en instrumento de poder político o económico. La mujer debe participar plenamente en la vida cultural según su propia naturaleza.
Es necesaria una educación que forme personas íntegras, no solo especialistas. Hay que fomentar la capacidad de admiración, de intuición, de contemplación y de formarse un juicio personal y cultivar el sentido moral y religioso.
Los fieles deben vivir en estrecha unión con los hombres de su tiempo y comprender su manera de pensar y sentir. La teología debe dialogar con las ciencias y la filosofía actual para comunicar la doctrina cristiana de modo adecuado a los contemporáneos. La literatura y el arte tienen también gran importancia en la vida de la Iglesia.