Proemio de Gaudium et Spes, (clic) Vatican.va.
El Concilio afirma que la Iglesia comparte plenamente la condición humana:
sus gozos, esperanzas, tristezas y angustias. Esta solidaridad no es
sentimental, sino cristológica: porque Cristo asumió lo humano,
nada verdaderamente humano es ajeno al corazón de la Iglesia.
Teológicamente, esto establece que la Iglesia no existe frente al mundo,
sino en medio del mundo, como sacramento de salvación.
El Concilio amplía su interlocutor: no sólo cristianos, sino todos
los hombres.
La visión teológica del mundo es triple:
La Iglesia se ofrece a dialogar con la humanidad para iluminar sus preguntas
fundamentales.
El centro teológico es claro:
el hombre —cuerpo y alma, inteligencia y voluntad— es el camino de la
Iglesia.
La misión eclesial es continuar la obra de Cristo: servir, salvar y revelar la
verdad.
La Iglesia tiene el deber permanente de leer los signos de la época a la luz
del Evangelio.
Teológicamente, esto implica:
Los números 5 a 7 describen cambios científicos, técnicos, sociales,
culturales y religiosos.
Teológicamente, estos cambios plantean:
El Concilio identifica múltiples tensiones: entre técnica y moral,
colectividad y persona, especialización y visión integral.
Teológicamente, estos desequilibrios revelan la herida del pecado,
que afecta tanto al individuo como a las estructuras sociales.
La humanidad busca:
El Concilio culmina el Proemio con las grandes preguntas existenciales:
¿Qué es el hombre? ¿Qué sentido tienen el dolor, el mal, la muerte? ¿Qué puede
esperar?
La respuesta teológica es contundente:
Cristo muerto y resucitado es la clave, el centro y el fin de la
historia humana.
En Él se ilumina el misterio del hombre y se revela su vocación suprema.
Los números 1–10 establecen el marco fundamental de Gaudium et Spes:
La Iglesia se presenta como compañera de camino de la humanidad, ofreciendo la luz de Cristo para comprender el misterio del hombre y orientar la historia hacia su plenitud.