§ 6. LA GRACIA ANTECEDENTE Y LA SUBSIGUIENTE
1. La gracia antecedente
Existe un influjo sobrenatural de Dios sobre las potencias del alma que precede
a toda libre decisión de la voluntad (de fe).
En el caso de que hablamos, obra Dios solo «en nosotros sin nosotros» («in nobis
sine nobis, sc. libere cooperantibus») y produce actos espontáneos e
indeliberados de entendimiento y voluntad («actus indeliberati»).
Esta gracia es llanada «praeveniens, antecedens, excitans, vocans, operans».
En el concilio de Trento se definió la doctrina de la Iglesia acerca de la
existencia de la gracia antecedente y de su necesidad para conseguir la
justificación ; Dz 797: «El comienzo de la justificación, tratándose de adultos,
ha de partir de una gracia preveniente de Dios, adquirida por Cristo Jesús» («A
Dei per Christum Iesum praeveniente gratia») ; cf. Dz 813.
La Sagrada Escritura indica la operación de la gracia antecedente por medio de
las metáforas del que está a la puerta y llama (Apoc 3, 20), de que es el Padre
quien tiene que traer a los que se llegan a Jesús (Ioh 6, 44), de la voz de Dios
(Ier 17, 23 ; Ps 94, 8).
2. La gracia subsiguiente
Existe un influjo sobrenatural de Dios sobre las potencias del alma que coincide
temporalmente con el libre ejercicio de la voluntad humana (de fe).
En el caso de que hablamos ahora, Dίos y el hombre obran al mismo tiempo. Dios
obra «en nosotros con nosotros» («in nobis nobiscum» ; cf. Dz 182), de suerte
que el acto sobrenatural de salud es obra conjunta de la gracia de Dios y el
libre ejercicio de la voluntad humana. La gracia que apoya y acompaña el libre
ejercicio de la voluntad es llamada «gratia subsequens» (con respecto al efecto
de la gracia antecedente), «adiuvans, concomítans, cooperans».
La doctrina de la Iglesia acerca de la realidad efectiva y necesidad de la
gracia subsiguiente se halla expresada en el decreto sobre la justificación,
emanado del concilio de Trento; Dz 797: El pecador se encamina a su
justificación «asintiendo libremente a la gracia y cooperando con ella»
(«gratiae libere assentiendo et cooperando») ; Dz 810: «El amor de Dios hacia
los hombres es tan grande que quiere que sean méritos de ellos [por el libre
ejercicio de la voluntad humana] lo que son dones suyos [por razón de su
gracia]» ; cf. Dz 141.
San Pablo acentúa el apoyo que da la gracia de Dios al libre ejercicio de la
voluntad humana en los actos saludables ; 1 Cor 15, 10: «Por la gracia de Dios
soy lo que soy, y la gracia que me confirió no ha sido estéril, antes yo he
trabajado más que todos ellos, pero no yo, sino la gracia de Dios conmigo»
(«gratia Dei mecum»).
SAN AGUsTíN describe de la siguiente manera la operación de la gracia
antecedente y de la subsiguiente : «Dios obra en el hombre muchos bienes que no
hace el hombre; pero ninguna cosa buena hace el hombre que Dios no cause que la
haga el hombre» (Contra duas ep. Pel. it 9, 21 = Dz 193). «El Señor prepara la
voluntad y con su cooperación lleva a cabo lo que empezó con su operación.
Porque Él obra al principio para que queramos, y coopera con los 'que quieren
para llevara término... Así pues, Él hace sin nosotros que nosotros queramos ; y
cuando queremos, y de tal suerte queremos que lo hacemos, entonces coopera con
nosotros. Sin embargo, sin Él, que obra para que queramos y que coopera cuando
queremos, nada podemos nosotros con respecto a las buenas obras de la piedad»
(De gratia et libero arb. 17, 33) ; cf. SAN GREGORIO MAGNO, Moral. xvi 25, 30 y
la oración Actiones nostras.
Ave María Purísima
Cristiano Católico 8-09-2025
Año de la Fe
Sea Bendita la Santa e Inmaculada Purísima Concepción de la
Santísima Virgen María
Oracion de San Gregorio Magno, Papa, en la misa de la fiesta de la Anunciación del Señor (25 de marzo) : «Dios omnipotente y eterno, que por el anuncio del ángel has hecho conocer a los hombres el misterio de la encarnación de tu Hijo, concédenos que, por su pasión y cruz, lleguemos a la gloria de su resurrección» (Oratio ad populum).
¡Viva Cristo Rey!
¡Ven, Espíritu Santo!
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