§ 17. LAS CAUSAS DE LA JUSTIFICACIÓN
El concilio de Trento (Dz 799) determina las siguientes causas de la
justificación :
1. La causa final (causa finalis) es la gloria de Dios y de Cristo (c. f.
primaria) y la vida eterna de los hombres (c. f. secundaria).
2. La causa eficiente (causa efficiens), más en concreto : la causa eficiente
principal (c. e. principalis) es el Dios misericordioso.
3. La causa meritoria (causa meritoria) es Jesucristo, que, en su calidad de
mediador entre Dios y los hombres, dio satisfacción por nosotros y nos mereció
la gracia de la justificación.
4. La causa instrumental (causa instrumentalis) de la primera justificación es
el sacramento del bautismo. Y añade la definición del concilio : «quod est
sacramentum fidei, sine qua nulli unquam contigit iustificatio». Con ello nos
propone la fe como condición necesaria (causa dispositiva) para la justificación
(de los adultos).
5. La causa formal (causa formalis) es la justicia de Dios, no aquella por la
cual Dios es justo, sino aquella otra por la cual nos hace justos a nosotros
(«iustitia Dei, non qua ipse iustus est, sed qua nos iustos facit»), es decir,
la gracia santificante ; cf. Dz 820.
Según doctrina del concilio de Trento, la gracia santificante es la única causa
formal de la justificación (unica formalis causa). Ello quiere decir que la
infusión de la gracia santificante opera la remisión de los pecados y la
santificación interna. De esta manera, el concilio rechaza la doctrina defendida
por algunos reformadores (Calvino, Martín Butzer) y también por algunos teólogos
católicos (Girolamo Seripando, Gasparo Contarini, Albert Pighius, Johann
Gropper), según la cual existiría una doble justicia: la remisión de los pecados
tendría lugar por la justicia de Cristo, imputada a nosotros; y la positiva
justificación por medio de una justicia inherente al alma.
Según nos enseña la Sagrada Escritura, la gracia y el pecado se hallan en
oposición contraria como la luz y las tinieblas, como la vida y la muerte. Por
eso, la comunicación de la gracia opera necesariamente la remisión de los
pecados; cf. 2 Cor 6, 14: «Qué consorcio hay entre la justicia y la iniquidad?
¿Qué comunidad entre la luz y las tinieblas?» ; Col 2, 13 : «Y a vosotros, que
estabais muertos por vuestros delitos... os vivificó con Él [con Cristo]» ; cf.
1 Ioh 3, 14; S.th. I II 113, 6 ad 2.
La justificación es un don gratuito de Dios, que nos transforma por dentro y nos hace partícipes de su vida divina. Oremos para que podamos vivir siempre en la gracia de la justificación, confiando en la misericordia de Dios y esforzándonos por crecer en santidad. Señor, haznos dignos de tu amor y guíanos por el camino de la justicia. Amén.
¡Viva Cristo Rey!
¡Ven, Espíritu Santo!
✝️ 🌍 💔 🌱 🌹