§ 3. DIVISIÓN DE LA GRACIA
1. Gracia increada—gracia creada
La gracia increada es Dios mismo, en cuanto Él predeterminó en su amor desde
toda la eternidad los dones de la gracia, en cuanto se ha comunicado a sí mismo
(gracia de unión) en la encarnación a la humanidad de Cristo, en cuanto mora en
las almas de los justos y en cuanto se entrega a los bienaventurados para que le
posean y disfruten por la visión beatífica. El acto de la unión hipostática, de
la inhabitación y de la visión beatífica de I)íos es, por cierto, una gracia
creada, pues tuvo comienzo en el tiempo ; pero es increado el don que se
confiere a la criatura por medio de estos actos. La gracia creada es un don
sobrenatural distinto de Dios o un efecto causado por Dios.
2. Gracia de Dios (del Creador, del Ordenador; gracia del estado
original)--gracia de Cristo (del Redentor, del Salvador; gracia de la naturaleza
caída)
La gracia de Dios, o del Creador, es aquella que confirió Dios a los ángeles y a
nuestros primeros padres en el Paraíso sin considerar los méritos de Cristo y
por el único motivo del' amor, siendo ellos, a causa de su impecancia, tan sólo
negativamente indignos (non digni) de recibir la gracia. La gracia de Cristo, o
del Redentor, es aquella que Dios ha conferido y confiere a los hombres caídos
en atención a los méritos redentores de Cristo y por el doble motivo del amor y
de la misericordia, siendo ellos, por el pecado, positivamente indignos
(indigni) de recibir la gracia. Tanto la gracia de Dios como la gracia de Cristo
elevan al que la recibe al orden sobrenatural del ser y de la actividad ((gratia
elevans»); la gracia de Cristo tiene, además, la misión de sanar las heridas
abiertas por el pecado («gratia elevans et sanans o medicinales»).
Partiendo del supuesto de la absoluta predestinación de la encarnación del Hijo
de Díos, los escotistas consideran también la gracia de los ángeles y de los
primeros padres en el Paraíso como gracia de Cristo, pero no en cuanto Redentor
(«gratia Christi tanquam redemptoris»), sino en cuanto es cabeza de toda la
creación («gratia Christi tanquam capitis omnís creaturae») ; véase
Soteriología, § 2.
3. Gracia externa—gracia interna
La gracia externa es todo beneficio de Dios otorgado para la salvación de los
hombres, que es externo. al hombre e influye sólo moralmente en éi; v.g., la
revelación, la doctrina y ejemplo de Cristo, los sermones, la liturgia, los
sacramentos, el buen ejemplo de los santos. La gracia interna se posesiona
intrínsecamente del alma y de sus potencias y obra físicamente en ellas; v.g.,
la gracia santificante, las virtudes infusas, la gracia actual. La gracia
externa se ordena a la interna como a su fin ; cf. 1 Cor 3, 6.
4. Gratia gratis data—gratia gratum faciens
Aunque toda gracia constituye un don libérrimo de la bondad divina, entendemos
por «gracia gratis data» en sentido estricto — basándonos en Mt 10, 8 («gratis
accepistis, gratis date»)— aquella que se concede a algunas personas para
salvación de otras. Tales son los dones extraordinarios de lα gracia (los
carismas ; v.g., profecía, don de obrar milagros, don de lenguas; cf. 1 Cor 12,
8 ss) y los poderes ordinarios de la potestad de orden y jurisdicción. La
posesión de estos dones no depende de las cualidades personales y morales de su
posesor (cf. Mt 7, 22 s; Ioh 11, 49, 52). La «gratia gratum faciens», o gracia
de santificación, se destina a todos los hombres y es conferida para la
santificación personal. Hace agradable en el acatamiento de Dios a aquel que la
recibe (gratum), bien santificándole formalmente (gracia santificante), bien
disponiéndole para la santificación o conservándole en ella o acrecentándosela
(gracia actual). La «gratia gratum faciens» constituye el fin de la «gratia
gratis data» y es, por tanto, intrínsecamente más elevada y más valiosa que ella
; cf. 1 Cor 12, 31 ss.
5. Gratia habitualis (sanctificans)—gratia actualis
La «gratia gratum faciens», o gracia de santificación, comprende la «gratia
habitualis» y la «actualis». La gracia habitual es una cualidad permanente y
sobrenatural del alma que santifica intrínsecamente al hombre y le hace justo y
grato a Dios (gracia santificante o gracia justificante). La gracia actual, o
gracia de asistencia o auxiliadora, es un influjo sobrenatural y transitorio de
Dios sobre las potencias del alma para efectuar alguna acción saludable que
tienda, bien a la consecución de la gracia santificante, bien a la conservación
y acrecentamiento de la misma.
6. La «gratia actualis» se divide:
a) Según la potencia del alma a que afecte, en gracia de entendimiento y gracia
de voluntad; o, según su efecto, en gracia de iluminación («gratia
illuminationis») y gracia de moción («gratia inspirationis»).
b) Según su relación con el libre ejercicio de la voluntad humana, en gracia
antecedente («gratia praeveniens, anteceden, excitans, vocans, operans») a la
libre decisión de la voluntad, y gracia subsiguiente y concomitante («gratia
subsequens, adiuvans, concomitan, cooperans») al ejercícío de la libre voluntad.
c) Según su efecto, en gracia suficiente («gratia sufficiens») y gracia eficaz
(«gratia efficax). La primera da la facultad de poner un acto saludable; la
segunda lleva realmente a ponerlo.
Señor Dios de misericordia,
te doy gracias por el don de tu gracia
y te pido que ilumines mi entendimiento,
fortalezcas mi voluntad
y santifiques mi corazón.
Hazme dócil a tu voluntad,
fiel en la oración y constante en el bien,
para vivir siempre en tu amor.
Amén.
¡Viva Cristo Rey!
¡Ven, Espíritu Santo!
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