§ 4. ERRORES MÁS IMPORTANTES EN MATERIA DE LA GRACIA
1. El pelagianismo
El autor del pelagianismo fue un monje lego, por nombre Pelagio (+ después del
418), tal vez irlandés de origen y de austeras costumbres, autor de un
comentarlo sobre San Pablo y diversos escritos ascéticos.
Los principales defensores de esta herejía fueron el presbítero Celestio y el
obispo Juliano de Eclαnα (Apulía). Como defensor de la doctrina católica contra
ella sobresalió SAN AGUSTÍN, llamado por ello «Doctor gratiae», quien consagró
los dos últimos decenios de su vida a combatir la herejía pelagiana; cf. De
natura et gratis 62, 73: «pro gratia Christi clamo, sine qua nemo iustificatur».
Además de él, fueron también campeones egregios de la doctrina católica : San
Jerónimo, el presbítero Orosio y el laico Mario Mercator. La herejía fue
refutada científicamente por San Agustín y condenada por la Iglesia en numerosos
sínodos particulares (Cartago 411, 416, 418; Milevi 416) y finalmente por el
tercer concilio universal de Éfeso en el año 431; cf. Dz 101-108, 126 s.
El pelagianismo niega la elevación del hombre al estado sobrenatural y el pecado
original. El pecado de Adán no tuvo para sus descendientes otra significación
sino la de un mal ejemplo. Según esto, la labor redentora de Cristo consiste
ante todo en su doctrina y en el ejemplo de sus virtudes. El pelagianismo
considera como gracia la capacidad natural del hombre, fundada en su libre
voluntad, para vivir santamente y sin pecado, mereciendo con ello la eterna
bienaventuranza («gratia possibilitatis = liberum arbitrium»). Lα tendencia
natural del hombre al cumplimiento de la ley moral encuentra mayor facilidad sí
es ayudada por las gracias exteriores, por la ley mosaica, por el Evangelio y el
buen ejemplo de Cristo («adiutorium possibilitatis» ). La remisión de los
pecados la consigue el hombre haciendo que su voluntad se aparte del pecado por
su propia fuerza. El sistema pelagiano es un puro naturalismo; se halla muy
influido por la ética estoica.
2. El semipelagianismo
El semipelagianismo surgió como una reacción contra la doctrina agustiniana de
la gracia. Predominó en los monasterios del sur de la Galia, sobre todo en
Marsella y Lérins (Juan Casiano, Vicente de Lérins y Fausto, obispo de Riez), y
fue combatido por San Agustín, Próspero de Aquitanía y Fulgencio, obispο de
Ruspe, siendo condenado por el segundo sínodo de Orange en el año 529 bajo la
presidencia del arzobispo Cesáreo de Arlés. Las conclusiones del sínodo fueron
confirmadas por el papa Bonifacio II; cf. Dz 174 ss, 200a s.
El semipelagianismo reconoce la elevación sobrenatural del hombre, el pecado
original y la necesidad de la gracia sobrenatural interna para disponerse a la
justificación y para conseguir la salvación, pero restringe la necesidad de lα
gracia y su carácter gratuito. En su deseo de acentuar la libre voluntad y la
cooperación personal del hombre en el proceso de la salvación, llegaron los
autores de esta herejía a sostener los siguientes principios : a) El deseo
inicial de salvación («initium fidei, plus credulitatis affectus, pía studia»)
brota de las fuerzas naturales del hombre. b) El hombre no necesita apoyo
sobrenatural para perseverar hasta el fin en el bien. c) El hombre puede merecer
de congruo la gracia primera por su mero esfuerzo natural.
3. Los reformadores
Mientras que Pelagio negaba la elevación sobrenatural del hombre, Lutero,
invocando en su favor la doctrina de San Agustín, consideraba esa elevación como
un constitutivo esencial de la naturaleza humana. Por su pérdida, la naturaleza
humana quedó totalmente corrompida, puesto que le fueron sustraídos elementos
esenciales, y, además, desde ese momento comenzó a morar permanentemente en el
hombre la concupíscencía, en la cual Lutero hace consistir la esencia del pecado
original. La naturaleza del hombre caído es incapaz por sus propias fuerzas de
llegar al conocimiento de la verdad religiosa y realizar una acción moralmente
buena. La voluntad del hombre carece de libertad y, por sí misma, no puede hacer
otra cosa que pecar. La gracia no puede sanar a esa naturaleza humana totalmente
corrompida, ní es capaz de renovarla o santificarla internamente. La
justificación no realiza más que un encubrimiento externo de esa pecaminosidad
persistente. Ante la gracia, la voluntad se comporta de modo puramente pasιvo ;
la gracia es la única que obra ; cf. Lutero, In Genesim, c. 19.
Una reacción histórica contra esta doctrina de la total corrupción del hombre,
la constituye el racionalismo de los siglos XVII y xVIII, el cual, poseído de
una confianza sin límites en la capacidad del entendimiento y de la voluntad del
hombre, rechaza la revelación y la gracia.
4. Bayo, Jansenio, Quesnel
a) Miguel Bayo, forma latinizada del nombre Michel du Bay (+ 1589), invocando en
su favor la autoridad de San Agustín, negó de manera semejante a Lutero el
carácter sobrenatural de los dones de la justicia original, considerándolos como
algo debido a la perfección de la naturaleza humana. Igual que Lutero, hizo
consistir la esencia del pecado original en la concupiscencia habitual. La
voluntad perdió su libertad intrínseca. Todas las acciones del hombre, o bien
proceden de la cupiditas, el apetito desordenado, o bien de la caritas infundida
por Dios. Las primeras son moralmente malas, las otras son moralmente buenas.
Pío V condenó, en el año 1567, setenta y nueve proposiciones tomadas de los
escritos de Bayo; Dz 1001-1080.
b) La herejía de Cornelio Jansenio (+ 1638), latinización de Jansen, es una
explanación consecuente del bayanismo. Según Jansenio, la voluntad del hombre ha
perdido por el pecado su libertad y es incapaz de obrar cualquier bien. Toda
acción del hombre, o bien procede del placer terrenal, el cual brota de la
concupiscencia («delectαtio terrena sive carnalís»), o bien del placer
celestial, que es operado por la gracia («delectαtio caelestis»). Ambos ejercen
un influjo determinante sobre la voluntad humana, la cual, por su carencia de
libertad, sigue siempre el impulso del placer más poderoso («delectαtio
victrix»). Según predomine el placer terrenal o el placer celestial, lα accίόη
del hombre será pecaminosa o moralmente buena. Si sale victoriosa la «delectαtio
caelestis», recibe el nombre de «gratia efficax» o «irresistibilis» ; y en el
caso contrario es llamada «gratia parva» o «sufficiens». El papa Inocencio x
condenó, en el año 1653, cinco proposiciones de JANsENIO, tomadas de su extensa
obra Augustinus; Dz 1092-96.
c) Pascasio Quesnel (+ 1719) popularizó las ideas de Bayo y Jansenio e insistió
especialmente en el carácter irresistible de la gracia de Cristo. CLEMENTE xI,
en el año 1713, condenó, por la bula Unigenitus, ciento una proposiciones de sus
escritos; Dz 1351-1451.
5. El moderno racionalismo
El moderno racionalismo, por la negación que hace de todo lo sobrenatural y del
pecado original, se sitúa en el mismo punto de vista que el pelagianismo.
Señor Dios de misericordia,
te doy gracias por el don de tu gracia
y te pido que ilumines mi entendimiento,
fortalezcas mi voluntad
y santifiques mi corazón.
Hazme dócil a tu voluntad,
fiel en la oración y constante en el bien,
para vivir siempre en tu amor.
¡Viva Cristo Rey!
¡Ven, Espíritu Santo!
✝️ 🌍 💔 🌱 🌹