Capítulo cuarto
LA RELACIÓN ENTRE LA GRACIA Y LA LIBERTAD
§ 14. LA DOCTRINA DE LA IGLESIA SOBRE LA GRACIA Y LA LIBERTAD, FRENTE A LAS
DOCTRINAS HERÉTICAS
Como Dios da a todos los hombres gracia suficiente para obrar su salvación y
sólo una parte de los hombres consigue de hecho la salvación, resulta que hay
gracias que consiguen el efecto saludable que Dios pretende («gratiae
efficaces») y otras que no lo consiguen («gratiae mere sufficientes»).
Preguntamos ahora si la razón de esa distinta eficacia de la gracia radica en la
gracia misma o en la libertad humana. Los reformadores y los jansenistas
procuraron resolver de manera radical este difícil problema negando la libertad
de la voluntad; cf. LUTERO, de servo arbitrio. Dentro del terreno católico,
tenemos diversas soluciones propuestas por los distintos sistemas católicos.
1. La libertad de la voluntad bajo el influjo de la gracia eficaz
La voluntad humana sigue siendo libre bajo el influjo de la gracia eficaz. La
gracia no es irresistible (de fe).
El concilio de Trento declaró contra los reformadores : «Si alguno afirmare que
la libre voluntad del hombre, cuando es movida y excitada por Dios, no coopera
nada, mediante su consentimiento, con Dios que la excita y la mueve,
contribuyendo ella a disponerse para recibir la gracia de la justificación ; y
si afirmare igualmente que la voluntad no fuera capaz de contradecir a la
gracia, si quisiera (aneque posse dissentire, si velit»), antes bien se comporta
del todo inactivamente y con pura pasividad («mere passive») como algo inerte;
ese tal s. a.»; Dz 814. Inocencio X condenó como herética la siguiente
proposición de Cornelio Jansenio : (En el estado de naturaleza caída, jamás se
resiste a la gracia interior» ; Dz 1093; cf. Dz 797, 815 s, 1094 s.
La Sagrada Escritura unas veces insiste en el factor humana del libre albedrío,
y otras en el factor divino de la gracia. Las numerosas exhortaciones que hace
a la penitencia y a que se realicen buenas obras presuponen que la gracia no
suprime 'la libertad de la voluntad. Hallamos testimonios explícitos de la
'libertad de la voluntad frente a la gracia en Deut 30, 19; Eccli 15, 18; 31,
10; Mt 23, 37: «i Cuántas veces quise reunir a tus hijos... y tú no quisiste!»;
Act 7, 51: «Vosotros siempre habéis resistido al Espíritu Santo». San Pablo, en
1 Cor 15, 10, hace resaltar la cooperación entre la gracia y la libre voluntad :
«Por la gracia de Dios soy lo que soy, y la gracia que me confirió no ha sido
estéril, antes he trabajado más que todos ellos, pero no yo, sino la gracia de
Dios conmigo» (anon ego autem, sed gratia Dei mecum») ; cf. 2 Cor 6, 1 ; Phil 2,
12 s.
SAN AGUSTÍN, a quien los adversarios invocan en su favor, no negó jamás la
libertad de la voluntad ante la gracia. En defensa de la libertad de la
voluntad, escribió en 426 6 427 su obra De gratia et libero arbitrio, en la cual
procura instruir y tranquilizar a los que «creen que se niega la libre voluntad
cuando se defiende la gracia; y a los que defienden la libre voluntad negando la
gracia y afirmando que la gracia se nos da según nuestros merecimientos» (1, 1).
La justificación no es solamente obra de la gracia, sino que lo es también al
mismo tiempo de la libre voluntad: «Quien te creó sin ti, no te justifica sin
ti» (Sermo 169, 11, 13). Cuando SAN AGusz ta comenta que nosotros obramos
necesariamente lo que nos da mayor contento («Quod enim amplius nos delectat,
secundum id operemur necesse est» ; Expositio ep. ad Gal. 49), no se refiere a
un contentamiento indeliberado, bueno o malo, que preceda y determine la libre
decisión de la voluntad (como fue la explicación que dieron los jansenistas),
sino que quiere expresar un contentamiento deliberado que está incluido en la
libre decisión de la voluntad.
Que la voluntad siga siendo libre bajo el influjo de la gracia, es un
presupuesto necesario para el carácter meritorio de las buenas obras. En favor
de la doctrina católica habla igualmente el testimonio de la propia conciencia.
2. La «gratia vere et mere sufficiens»
Existe una gracia verdaderamente suficiente y que permanece, no obstante,
ineficaz («gratia vere et mere sufficiens») (de fe).
Por tal entendemos una gracia que, considerando las circunstancias concretas,
confiere la posibilidad de realizar el acto saludable («vere et relative
sufficiens»), pero que no obstante permanece ineficaz por la resistencia de la
voluntad («mere o pure sufficiens»). La «gratia vere et mere sufficiens» fue
negada por los reformadores y los jansenistas porque, según su opinión, la
gracia ejerce un influjo determinante sobre la voluntad por carecer ésta de
libertad intrínseca. Por eso la gracia suficiente, según ellos, es siempre
eficaz.
Según doctrina del concilio de Trento, el hombre, con la ayuda de la gracia
preveniente, puede disponerse para la gracia de la justificación («viere
sufficiens»); mas puede rehusar también el consentir a la gracia, si quiere
(«mere sufficiens») : «potest dissentire, si velit»; Dz 814; cf. 797. Alejandro
VIII condenó la frase, denigrante para Dios, que decían los jansenistas, a
saber, que la gracia suficiente (entendida en el sentido de «gratia parva»
insuficiente) era un verdadero mal, porque hacía al hombre deudor ante Dios ; Dz
1296.
La Sagrada Escritura da testimonio de que el hombre desaprovecha con frecuencia
la gracia que Dios le brinda; cf. Mt 23, 37; Act 7, 51.
La tradición enseña unánimemente que existen gracias suficientes que, por culpa
del hombre, quedan ineficaces. También SAN AGUSTÍN conoce en sustancia la
distinción entre gracia meramente suficiente y eficaz; cf. De spiritu et litt.
34, 60: «En todo se nos anticipa su misericordia. Pero, no obstante, consentir o
contradecir al llamamiento de Dios es cosa de nuestra propia voluntad.» Cuando
San Agustín no quiere reconocer como verdadera gracia la «gratia quae dat
posse», es que tiene ante la vista la «gratia possibilitatis» de los pelagianos,
que consiste en la Libre voluntad.
La realidad de la «gratia viere et mere sufficiens» se prueba especulativamente
considerando, por un lado, la universalidad de la voluntad salvífica de Dios y
de su gracia y, por otro lado, que no todos los hombres con,igueu de hecho la
salvación eterna.
Señor, ayúdanos a comprender la relación entre tu gracia y nuestra libertad. Que podamos cooperar con tu gracia para vivir según tu voluntad y alcanzar la salvación eterna. Amén.
¡Viva Cristo Rey!
¡Ven, Espíritu Santo!
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