Capítulo II de Lumen Gentium (nn. 9-17),
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Resumen teológico del Capítulo II (nn. 9-17) de Lumen Gentium
El Pueblo de Dios
9. Dios salva formando un pueblo
La salvación no es un acto individualista: Dios quiere santificar y
salvar reuniendo un pueblo.
Israel fue la figura de este pueblo, preparado para la
nueva y definitiva alianza en Cristo.
El nuevo Pueblo de Dios está formado por quienes creen en Cristo y renacen del
agua y del Espíritu.
Este pueblo tiene:
Cristo como Cabeza,
la dignidad de hijos de Dios,
la ley del amor,
la misión de extender el Reino,
y una vocación universal: ser “germen segurísimo de
unidad, esperanza y salvación” para toda la humanidad.
10. Participación en el sacerdocio de Cristo
Todos los bautizados participan del sacerdocio de Cristo:
Sacerdocio común: ofrecer la vida como sacrificio
espiritual, dar testimonio, vivir en caridad.
Sacerdocio ministerial: presbíteros y obispos, que
presiden la Eucaristía y edifican el pueblo.
Ambos sacerdocios son distintos en esencia, pero ordenados
uno al otro.
11. El Pueblo de Dios se edifica por los sacramentos
Los sacramentos estructuran la vida del Pueblo de Dios:
Bautismo: incorporación y misión de confesar la fe.
Confirmación: fortaleza para testimoniar.
Eucaristía: fuente y culmen, signo de unidad.
Penitencia: reconciliación con Dios y con la Iglesia.
Unción de enfermos: unión con Cristo sufriente.
Orden: servicio pastoral.
Matrimonio: santificación mutua y “Iglesia doméstica”.
Todos los fieles son llamados a la santidad, cada uno según
su camino.
12. Participación en la misión profética de Cristo
El Pueblo de Dios posee el sensus fidei, por el cual “no
puede errar en la fe”.
El Espíritu Santo distribuye carismas —ordinarios y
extraordinarios— para la edificación de la Iglesia.
Estos dones deben discernirse bajo la autoridad de los pastores.
13. Universalidad del Pueblo de Dios
El Pueblo de Dios es uno y universal:
Está presente en todas las naciones.
Asume, purifica y eleva las culturas.
Se organiza en Iglesias particulares unidas en la
caridad y bajo el primado de Pedro.
La Iglesia es llamada a reunir a toda la humanidad en la unidad del Espíritu.
Relación con los católicos, otros cristianos y no cristianos
a) 14. Los católicos
La Iglesia católica es necesaria para la salvación, porque
Cristo está presente en ella.
Pero no basta pertenecer externamente: se requiere perseverar en la
caridad.
b) 15. Otros cristianos
La Iglesia reconoce una verdadera unión con los bautizados
no católicos:
Escritura,
fe en Cristo,
oración,
sacramentos,
incluso martirio.
El Espíritu Santo actúa en ellos y los impulsa hacia la unidad plena.
c) 16. No cristianos
Todos están ordenados al Pueblo de Dios:
Judíos: pueblo amado por los dones irrevocables de
Dios.
Musulmanes: adoran al Dios único y misericordioso.
Otros pueblos: buscan a Dios y reciben su gracia.
Quienes siguen sinceramente su conciencia pueden alcanzar la salvación por la
gracia divina.
17. La misión universal de la Iglesia
La Iglesia recibe de Cristo el mandato de evangelizar a todas las
naciones.
El Espíritu Santo impulsa esta misión.
La evangelización:
conduce a la fe,
prepara al bautismo,
libera del error,
incorpora a Cristo,
purifica y eleva las culturas.
Toda la Iglesia —pastores y fieles— es responsable de la misión.
Síntesis teológica final
Los números 9-17 presentan una visión de la Iglesia como:
Pueblo de Dios, nacido de la Trinidad.
Sacerdotal, profético y real por participación en
Cristo.
Edificado por los sacramentos.
Universal y misionero, abierto a todos los pueblos.
En comunión real con cristianos no católicos y ordenado
hacia toda la humanidad.
Signo e instrumento de unidad, salvación y esperanza
para el mundo.
Es una eclesiología profundamente comunitaria, sacramental, misionera
y universal, que completa la visión del Capítulo I.