Capítulo V de Lumen Gentium (nn. 39-42), dedicado a la vocación universal a la santidad. Vatican.va
El Concilio afirma que la Iglesia es indefectiblemente santa, no por los méritos humanos, sino porque:
Sin embargo, esta santidad objetiva exige una respuesta personal: todos los fieles, sin excepción, están llamados a la santidad.
La santidad no es privilegio de unos pocos.
Todos los bautizados —obispos, sacerdotes, religiosos y laicos— comparten la
misma dignidad y la misma llamada a la
perfección del amor.
El fundamento de esta vocación es:
La santidad se vive según la propia condición: en la vida familiar, profesional, pastoral, contemplativa o apostólica.
El Concilio describe cómo cada estado de vida participa en la santidad:
La santidad no consiste en obras extraordinarias, sino en la fidelidad cotidiana y en la caridad vivida en cada circunstancia.
El corazón de la santidad es la caridad, que es:
La caridad se expresa en:
El modelo supremo es Cristo crucificado, y la santidad alcanza su culmen en el martirio, testimonio supremo de amor.
Los números 39-42 presentan una visión de la santidad como:
Este capítulo es uno de los más influyentes del Concilio, porque proclama que
toda la Iglesia es llamada a la santidad, y que la santidad es
posible en la vida ordinaria.