Concilio Vaticano II

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Lumen Gentium cap. 8

Capítulo VIII de Lumen Gentium (nn. 52-69), Bienaventurada Virgen María, Madre de Dios, en el misterio de Cristo y de la Iglesia. Vatican.va


Resumen teológico del Capítulo VIII (nn. 52-69)

La Santísima Virgen María en el Misterio de Cristo y de la Iglesia

1. Introducción: María en el misterio de la salvación (nn. 52-54)

El Concilio decidió integrar la mariología dentro de la constitución sobre la Iglesia para mostrar que María no está aislada, sino que ocupa un lugar singular en el Cuerpo Místico.
Ella es:


2. Función de la Santísima Virgen en la economía de la salvación (nn. 55-59)

Desde el Antiguo Testamento, María es profetizada como la mujer que aplastará la cabeza de la serpiente y la Virgen que concebirá al Emmanuel.
En la Anunciación, consintió libremente a la obra divina, convirtiéndose en causa de salvación para sí misma y para todo el género humano (San Ireneo).
Su unión con Cristo es indisoluble:


3. La Santísima Virgen y la Iglesia (nn. 60-65)

María es Madre de la Iglesia en el orden de la gracia.
Su maternidad no oscurece ni disminuye la única mediación de Cristo, sino que manifiesta su eficacia.
Ella cuida con amor materno de los hermanos de su Hijo que todavía peregrinan.
Como Virgen y Madre, es figura de la Iglesia, que también es:


4. El culto a la Santísima Virgen en la Iglesia (nn. 66-67)

La Iglesia tributa a María un culto especial (hiperdulía), distinto esencialmente del culto de adoración (latría) que se da al Verbo encarnado, al Padre y al Espíritu Santo.
El Concilio exhorta a:


5. Signo de esperanza y de consuelo (nn. 68-69)

María, asunta al cielo en cuerpo y alma, es:

El capítulo concluye recordando que también los cristianos separados honran a la Madre de Dios, lo cual es un impulso hacia la unidad.