La misión de los Doce: el milagro de un Reino que se expande
Este pasaje no describe un milagro puntual, sino el milagro de la misión misma, donde Jesús comparte su autoridad con los Doce y los envía a prolongar su obra. Es un texto fundamental para comprender la identidad apostólica y la naturaleza del Reino de Dios. Perfecto por su claridad y fuerza pastoral.
El envío no surge de los discípulos, sino de Jesús.
Él llama, elige y envía de dos en dos,
subrayando:
La autoridad apostólica es siempre derivada.
Jesús les da autoridad para expulsar demonios.
Esto revela que:
Los discípulos continúan la obra de Jesús: sanar, liberar, restaurar.
Jesús les ordena llevar solo un bastón: sin pan, sin alforja, sin dinero.
Este estilo expresa:
La pobreza apostólica no es miseria, sino signo del Reino.
“Quédense en la casa donde los reciban.”
La misión se desarrolla en la cercanía, en la vida cotidiana de
las familias.
El Evangelio se transmite en relaciones concretas, no en estructuras
impersonales.
Si no los reciben, deben sacudir el polvo de los pies.
Este gesto:
El discípulo anuncia, pero no impone.
Los Doce:
Es una misión integral: transforma el corazón, libera del mal y sana las
heridas.
La Iglesia nace como signo de vida nueva.
En Mc 6,7‑13, Jesús envía a los Doce de dos en dos, compartiendo con ellos su autoridad para sanar y liberar. Los envía con pobreza evangélica, confiados en la providencia y abiertos a la hospitalidad. Su misión anuncia la conversión, expulsa el mal y cura a los enfermos. Este pasaje revela que la misión cristiana es un milagro en movimiento: el Reino se expande cuando los discípulos viven en comunión, sencillez y fidelidad al envío de Jesús.