Milagros de Jesús

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Curación de dos ciegos en Jericó (Mt 20,29‑34) — Resumen teológico

Este relato, situado al final del ministerio público de Jesús y justo antes de su entrada mesiánica en Jerusalén, funciona como una clave teológica para comprender quién es Jesús y qué significa seguirlo con fe auténtica.

1. Jericó: umbral hacia la Pascua

La escena ocurre cuando Jesús “salía de Jericó”, ciudad que simboliza el paso hacia la tierra prometida. Teológicamente, Mateo sugiere que quienes reconocen a Jesús en este momento están entrando en la plenitud del Reino que Él inaugurará en Jerusalén mediante su pasión y resurrección.

2. Dos ciegos que ven más que la multitud

Los ciegos llaman a Jesús con un título cargado de esperanza mesiánica: “Señor, Hijo de David”. Aunque físicamente no ven, espiritualmente reconocen lo que muchos videntes no perciben. Mateo subraya que la verdadera visión nace de la fe, no de los sentidos.

3. La súplica insistente: fe que no se deja silenciar

La multitud intenta callarlos, pero ellos gritan con más fuerza. Su perseverancia revela una fe que atraviesa obstáculos sociales y religiosos. La fe auténtica, en Mateo, es la que se aferra a Jesús incluso cuando otros intentan impedirlo.

4. Jesús se detiene: la misericordia que escucha

El gesto de Jesús —detenerse— es profundamente teológico. El Mesías que avanza hacia su pasión se detiene ante el clamor de los pobres. La pregunta “¿Qué queréis que haga por vosotros?” muestra que la salvación no es impersonal: Jesús quiere un encuentro libre, consciente y personal.

5. La compasión como motor de la acción divina

Mateo afirma que Jesús “se compadeció”. La compasión no es un sentimiento pasajero, sino la expresión del corazón de Dios que se inclina hacia la miseria humana. De esa compasión brota la curación: Jesús toca sus ojos y ellos recuperan la vista.

6. La respuesta de los sanados: seguimiento

Los ciegos curados “lo siguieron”. La curación desemboca en discipulado. Ver a Jesús conduce a caminar con Él. Mateo muestra que la verdadera fe no termina en recibir un milagro, sino en adherirse a la persona de Cristo.

7. Anticipo de la entrada mesiánica

La escena prepara la entrada triunfal en Jerusalén: quienes reconocen a Jesús como “Hijo de David” son precisamente los marginados que Él ha sanado. La identidad mesiánica de Jesús se revela no en el poder político, sino en la misericordia que restaura vidas.


En resumen, el milagro de la curación de dos ciegos en Mateo 20,29‑34 es una profunda lección sobre la fe mesiánica, la compasión divina y el llamado al poder.



!Viva Cristo Rey!
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