"Mientras los bendecía, se separó de ellos y fue llevado al cielo" (Lc 24, 50‑53).
"Entonces los llevó fuera, hasta Betania, y alzando las manos los bendijo. Y sucedió que mientras los bendecía, se separó de ellos y fue llevado al cielo. Ellos, postrados ante él, lo adoraban; y volvieron a Jerusalén con gran alegría, y estaban siempre en el templo alabando a Dios" (Lc 24, 50‑53).
Lucas presenta la Ascensión como el acto final del
ministerio terrenal de Jesús. No es simplemente una despedida, sino la
confirmación de que su obra redentora ha sido cumplida.
Jesús conduce a los discípulos hasta Betania, gesto que recuerda el Éxodo: Dios
guía a su pueblo hacia una nueva etapa de salvación.
El detalle más teológico del pasaje es que Jesús asciende mientras
bendice.
Esto revela dos ideas clave:
La bendición expresa que su partida no es pérdida, sino don del Espíritu y continuidad de su misión en la Iglesia.
Al ser “elevado al cielo”, Jesús es entronizado a la derecha
del Padre.
Lucas subraya que:
A diferencia de la despedida humana, la Ascensión provoca alegría
profunda en los discípulos.
Teológicamente, esto significa:
El pasaje concluye con los discípulos en el templo, alabando a Dios.
Esto señala:
En Lucas 24, 50‑53 la Ascensión es:
Es un misterio que une cielo y tierra: Jesús asciende, pero no se aleja; se eleva, pero permanece actuando en su pueblo.
Señor Jesús, que tu Ascensión nos inspire a vivir con esperanza y alegría, confiando en tu presencia constante y en la fuerza del Espíritu Santo. Amén.
!Viva Cristo Rey!
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