"Maria guardaba todas estas cosas, meditandolas en su corazon" (Lc 2,19).
"Y apareció en el cielo una gran señal: una mujer vestida del sol, con la luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas sobre su cabeza; estaba encinta y gritaba con dolores de parto, en la angustia de dar a luz" (Ap 12,1-2).
Ap 12 presenta a una mujer revestida de sol, con la
luna bajo sus pies y una corona de doce estrellas.
La tradición cristiana ha visto en esta mujer una figura con varios niveles de
significado:
La corona es el elemento que más directamente ilumina el misterio de la Coronación de María: expresa su participación plena en la gloria de Dios.
La Coronación no es un privilegio aislado, sino la culminación lógica de todo lo que Dios ha realizado en ella:
La Coronación expresa que María participa de la realeza de Cristo, Rey victorioso sobre el pecado y la muerte.
Simboliza:
La Coronación la presenta como Reina Madre, figura bíblica que intercede y acompaña al Rey y a su pueblo.
El sol es símbolo de la gloria divina.
La Coronación es la expresión plena de esa glorificación.
La luna, cambiante e inestable, representa lo creado y lo perecedero.
María, coronada, aparece por encima de toda corrupción,
plenamente victoriosa.
Ap 12 muestra a la mujer enfrentada al dragón.
Su coronación no la separa del mundo, sino que la presenta como:
La Coronación de María tiene así un fuerte sentido escatológico y
pastoral:
Ella reina no para dominar, sino para servir, interceder y acompañar.
La realeza de María deriva totalmente de la realeza de Cristo.
Por eso, la Coronación:
Lo que Dios realiza en María es primicia de lo que hará en nosotros.
A la luz de Ap 12, la Coronación de María revela que:
En síntesis:
La Coronación de María manifiesta su plena glorificación en Cristo y su
misión como Reina Madre que acompaña, protege e intercede por el pueblo de Dios,
simbolizada en la mujer victoriosa del Apocalipsis.
Señor Jesús, que coronaste a tu Madre con gloria, haz que mi vida también sea un reflejo de tu amor y fidelidad. Que, como María, pueda cooperar con tu gracia y participar de tu victoria, siendo un testimonio vivo de tu misericordia. Amén.
María, Reina del cielo y Madre de la Iglesia, acompáñame en mi camino de fe. Que tu ejemplo de entrega y confianza me inspire a seguir a tu Hijo con alegría y perseverancia. Amén.
Señor Jesús, que la contemplación de tu Madre coronada me fortalezca en la esperanza de la gloria futura y me anime a vivir con alegría el camino del Rosario. Amén.
!Viva Cristo Rey!
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