♥ Liturgia

San Rafael

Novena

Novena

DÍA TERCERO

Acto de contrición

Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, mi poderoso Creador, mi dulce Padre y mi piadosísimo Redentor; aquí tenéis postrado a vuestros pies a este hijo pródigo, que tantas veces ha malogrado el patrimonio de vuestra gracia con enormes pecados. La contusión cubre mi rostro, Dios mío, y apenas me atrevo a levantar mis ojos para miraros, aterrado con el asombroso número de mis pecados. Mas ¿a quién iré, bien mío, sino al que me dio el ser, y derramó por mí toda su sangre? Levantaréme y me iré al Padre, os digo como el primer pródigo. A Vos, pues, vengo, cierto que me esperáis con los brazos abiertos para abrazarme, y regar con dulces lágrimas mi cuello. Si para esto queréis también mi llanto, de sangre viva quisiera yo formarlo, y daros con esto un testimonio de mi verdadero arrepentimiento. Dad Vos, Señor, firmeza a mis buenos propósitos, para que, dejando ya de ser demonio por los vicios, sea por las virtudes un ángel puro, semejante a vuestro querido arcángel San Rafael. A vos, pues, me dirijo Príncipe gloriosísimo y ángel de la salud, Rafael, para que, a la vista de vuestras virtudes y excelencias, salga con vuestra

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protección del abismo de mis vicios y miserias, y merezca con esto el favor que solicito en esta Novena y que espero de aquel vuestro tierno corazón y fondo de caridad que forman vuestro carácter. Amén. Rafael, protector de la pureza Aunque la pureza sea blasón común do todos los ángeles, por ser puros espíritus, y carecen por lo mismo de esta grosera y corruptible masa do carne, que grava a nuestra triste alma; sin embargo, ella pertenece y distingue do un modo especialísimo al purísimo Rafael, por cuyo motivo es considerado por especial protector de la castidad. Él es quien ata, sujeta y confina al infernal Asmodeo, que es el portaestandarte de la lujuria. Efectivamente, leemos en la Sagrada Escritura que él libró a Sara, hija de Raguel y Ana, de la obsesión de aquel inmundo demonio que le había ya muerto siete maridos, en quienes había atizado primero el hediondo fuego de la lujuria. Pero la protección del gran Rafael escudó al joven Tobías; y lejos de permitir a aquel impuro espíritu que le asestase tiros como a los demás maridos de Sara, tomóle, dice la Escritura, y le amarró en el desierto del alto Egipto. Así es que este angélico protector de la pureza quita las
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fuerzas al demonio tentador y corona de triunfos a los que reclaman su auxilio en las arduas y siempre temibles batallas con que pretenden los demonios conquistar el preciosísimo tesoro de una virtud tan bella como frágil. (Medítese un poco, y pídase el favor que se desea).

COLOQUIO

Purísimo Rafael, ¡oh cuan enamorado os contemplo de la fragantísima azucena de la pureza! ¡Con qué ahinco y con cuan sabias y oportunas instrucciones procurasteis inspirarla a vuestro querido Tobías, pintándole la brutal condición de aquellos infelices, que a la manera del caballo y del mulo corren precipitados a disfrutar unos placeres que, gustados, acarrean la muerte! Angel de la pureza, interesaos también en mi ayuda, sostenedme en mis choques, y esgrimid la espada de vuestra irresistible virtud contra los infernales enemigos, que con incesantes y porfiados ataques pretenden abrir brecha en mi corazón, para hurtarme aquella preciosa joya que forma la delicia del Hijo de la Virgen. Mirad que son muchos y muy temibles los enemigos que se han aliado con cruel mancomún en contra de mí: el mundo con mil aparatos lisonjeros, mi propia carne con sensaciones tan
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halagüeñas como traidoras, todo el infierno con innumerables artimañas; todo, santo mío, conspira a triunfar de mi constancia en ser puro. ¿Qué haré, triste de mí, que no soy sino imbecilidad y flaqueza, sino sucumbir y perderme? Preciso me será una mano tan robusta como la vuestra para sacarme airoso y triunfante. Esta mano, pues, pido; ésta deseo, y con ésta cuento. Y para más obligaros, unido mi espíritu con las tres jerarquías de los ángeles, saludo a la sacrosanta e individua Trinidad con tres Padrenuestros, tres Avemarías y un Gloria Patri. Oración para todos los días Excelentísimo príncipe del Empíreo, Rafael, ministro del gran Rey, celador de su honra, protector de la castidad, patrono do la limosna y oración, conductor de los caminantes, libertador de los peligros, proveedor en las necesidades, iluminador de los ciegos y módico universal de todas las enfermedades: a vos clamo, y a la sombra de vuestro patrocinio acudo, para que os dignéis sostenerme en todos mis peligros, consolarme en todas mis tristezas, dirigirme en todos mis apuros y remediarme en todas mis necesidades. Vos reunís todas las prerrogativas de los nueve coros
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angélicos. Tenéis la pureza y candor de los ángeles comunes; sois embajador de las cosas grandes como los arcángeles; sobre vos descansa Dios como en los Tronos; con las Dominaciones señoreáis los ánimos; con los Principados veláis sobre reyes y reinos; enfrenáis los demonios con las Potestades; obráis estupendos milagros con las virtudes; en vos, finalmente, se von brillar las luces de los Querubines y arder las amorosas llamas de los Espíritus Seráficos. Ya, pues, que residen en vos tanta grandeza, poder y gloria, usad vuestra generosa beneficencia con esta inútil criatura, que, aunque frágil, al fin os ama con dulce pasión, para que sea feliz en el tiempo y en la eternidad. Amén.
GOZOS
De Dios íntimo Privado y su Ministro escogido: ¡Rafael, de Dios querido, dad la salud, invocado! Tú eres en Naturaleza un puro espíritu, y tal, que en la Corte Celestial descuella tu grande Alteza; al sol vences en belleza, del eterno Sol bañado: ¡Rafael, de Dios querido, dad la salud, invocado! En aquella antigua lid, en que el valiente Miguel ajó al soberbio Luzbel, fuisteis invencible adalid. Tropas del abismo, huid, pues ambos os han
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hollado: ¡Rafael, de Dios querido, dad la salud, invocado! De los siete más vecinos al trono augusto de Dios por uno os cuentan a vos los oráculos divinos. Nuestros discursos mezquinos vencen tan noble dictado: ¡Rafael, de Dios querido, dad la salud, invocado! Principado en dignidad, en las luces Querubín, en las llamas Serafín, y trono en la majestad; reúnes la autoridad del Angélico Senado: ¡Rafael, de Dios querido, dad la salud, invocado! Aunque tan grande en el Cielo del hombre no os desdeñáis, de allá a la tierra bajáis para su guía y consuelo. De Dios tomando el modelo a nadie os negáis, llamado: ¡Rafael, de Dios querido, dad la salud, invocado! Por vos Tobías el mozo libre de un susto mortal halló bienes sin igual, halló mujer, halló gozo. Por vos llena de alborozo a Raguel su suegro amado: ¡Rafael, de Dios querido, dad la salud, invocado! Sara, antes entristecida con siete maridos muertos (por ti echado a los desiertos Asmodeo) vuelve a vida, y a un santo marido unida prole feliz le has logrado: ¡Rafael, de Dios querido, dad la salud, invocado!
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Tú de Gabelo el dinero para Tobías cobraste; tú siempre caudal hallaste al que te ama con esmero. Siempre en ti un fiel tesorero halla el bien intencionado: ¡Rafael, de Dios querido, dad la salud, invocado! Tú a Tobías el mayor, ya de muchos años ciego, con hiél de un pez diste luego de la vista el resplandor. Loa el anciano al Señor y ve al hijo suspirado: ¡Rafael, de Dios querido, dad la salud, invocado! Tú ofreces en copa de oro al gran Rey de la alta Sión la limosna, la oración y del pecho humilde el lloro. La piedad es tu decoro y hacer bien al angustiado: ¡Rafael, de Dios querido, dad la salud, invocado! Ángel de salud te llama la Iglesia, la cual opina que el Ángel de la Piscina eres tú: y quien a ti clama de tu caridad la llama presto siente remediado: ¡Rafael, de Dios querido, dad la salud, invocado! Ya tu nombre mismo expresa que eres de Dios medicina; de socorro rica mina todo el mundo te confiesa. ¡Feliz el que te profesa un amor fiel y alentado! ¡Rafael, de Dios querido, dad la salud, invocado!
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No es Córdoba solamente la que, por ti apadrinada, se vio pronto libertada de un contagio pestilente: a cualquiera edad y gente la salud has alcanzado: ¡Rafael, de Dios querido, dad la salud, invocado! Pues siempre das grato oído al que te llama confiado: ¡Rafael, de Dios querido, dad la salud, invocado!

V) Stetit ángelus juxta aram templi. R). Habens thuribulum aureum in manu sua.

OREMUS

Deus qui beatum Raphaelen Archangelum, Tobiae famulo tuo comitem dedisti in via; concede nobis famulis tuis, ut ejusdem semper protegamur custodia, et muniamur auxilio. Per Christum Dominum nostrum. Amen.

Ave María Purísima
Cristiano Católico 8-09-2025   Año de la Fe
Sea Bendita la Santa e Inmaculada Purísima Concepción de la Santísima Virgen María

Aclamación

¡Viva Cristo Rey!
¡Ven, Espíritu Santo!
✝️ 💔 🌹