Acto de contrición
Señor mío Jesucristo, Dios y hombre verdadero, mi poderoso Creador, mi dulce Padre y mi piadosísimo Redentor; aquí tenéis postrado a vuestros pies a este hijo pródigo, que tantas veces ha malogrado el patrimonio de vuestra gracia con enormes pecados. La contusión cubre mi rostro, Dios mío, y apenas me atrevo a levantar mis ojos para miraros, aterrado con el asombroso número de mis pecados. Mas ¿a quién iré, bien mío, sino al que me dio el ser, y derramó por mí toda su sangre? Levantaréme y me iré al Padre, os digo como el primer pródigo. A Vos, pues, vengo, cierto que me esperáis con los brazos abiertos para abrazarme, y regar con dulces lágrimas mi cuello. Si para esto queréis también mi llanto, de sangre viva quisiera yo formarlo, y daros con esto un testimonio de mi verdadero arrepentimiento. Dad Vos, Señor, firmeza a mis buenos propósitos, para que, dejando ya de ser demonio por los vicios, sea por las virtudes un ángel puro, semejante a vuestro querido arcángel San Rafael.
A vos, pues, me dirijo Príncipe gloriosísimo y ángel de la salud, Rafael, para que, a la vista de vuestras virtudes y excelencias, salga con vuestra
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protección del abismo de mis vicios y miserias, y merezca con esto el favor que solicito en esta Novena y que espero de aquel vuestro tierno corazón y fondo de caridad que forman vuestro carácter. Amén.
Rafael, proveedor en las necesidades Tambien se atrae los solícitos desvelos de Rafael la provisión de lo que necesitamos para poder pasar esta miserable vida, si lo que pedimos no lo deseamos para prodigarlo a la satisfacción de nuestras vergonzosas pasiones, sino para nuestra decente manutención y otros fines útiles a la gloria de Dios y socorro de nuestros semejantes. Testigos de esta verdad será en todos los siglos la casa de Tobías, para quien no sólo fué él mismo en persona a cobrar la considerable, suma de diez talentos de plata que le adeudaba el buen Gabelo, vecino de la ciudad do Rages en la Media; más aun enriqueció su casa con la mitad del opulento patrimonio de Raguel, y aun con todo el patrimonio entero, seguida la muerte de este virtuoso varón. Esta misma generosa providencia mostraría a los necesitados, si con los fines arriba indicados depositasen en él toda su confianza; como lo han experimentado diferentes recurriendo a este
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tesorero del gran Rey con viva fe e inflamada devoción. Enciéndase, pues, en nuestro pecho la viva llama de nuestro afecto y confianza, y desde luego nos inundarán las efusiones de generosidad y bizarría con que este Arcángel de la conmiseración nos proveerá en todas nuestras necesidades. (Medítese un poco, y pídase el favor que se desea).
COLOQUIO
Benéfico y próvido Rafael: pues que tantas pruebas de socorro habéis dado en todo tiempo a vuestra providencia me asilo, para que me alcancéis todo cuanto sea menester para pasar en tranquila paz y decencia esta breve y fugitiva vida. No pretendo montañas de oro para fijar sobre su cumbre un trono a mi soberbia, sino precisamente aquello que vos, ilustrado con los rayos de luz, sabéis que me conviene para mi manutención y otros fines de la divina gloria. Pero los bienes de que con más ahinco os suplico me proveáis, son los bienes del alma, en cuyo confronto, según expresión del Sabio, ni la plata es más que lodo, ni el oro sino despreciable arena, ni todas las riquezas merecen otro nombre que el de nada. ¿De qué me serviría que montes de oro procediesen mi carro triunfal, como al de Pompeyo, si en remate quedase parav 63v siempre privado de las verdaderas riquezas, de que hace magnífica ostentación el Rey inmortal de los siglos, en aquel brillante Reino que mide su duración con la eternidad? ¿Seré tan loco como Esaú, que por un puñado de legumbres me venda tan rico patrimonio? No, no, santo mío. Lo que primero pido es el Reino de Dios y su justicia, y lo demás sólo por añadidura. Esto espero de vos. Y para más obligaros, unido mi espíritu con las tres jerarquías de los ángeles, saludo a la sacrosanta e individua Trinidad con tres Padrenuestros, tres Avemarías y un Gloria Patri.
Oración para todos los días
Excelentísimo príncipe del Empíreo, Rafael, ministro del gran Rey, celador de su honra, protector de la castidad, patrono do la limosna y oración, conductor de los caminantes, libertador de los peligros, proveedor en las necesidades, iluminador de los ciegos y módico universal de todas las enfermedades: a vos clamo, y a la sombra de vuestro patrocinio acudo, para que os dignéis sostenerme en todos mis peligros, consolarme en todas mis tristezas, dirigirme en todos mis apuros y remediarme en todas mis necesidades. Vos reunís todas las prerrogativas de los nueve coros 64 angélicos. Tenéis la pureza y candor de los ángeles comunes; sois embajador de las cosas grandes como los arcángeles; sobre vos descansa Dios como en los Tronos; con las Dominaciones señoreáis los ánimos; con los Principados veláis sobre reyes y reinos; enfrenáis los demonios con las Potestades; obráis estupendos milagros con las virtudes; en vos, finalmente, se von brillar las luces de los Querubines y arder las amorosas llamas de los Espíritus Seráficos. Ya, pues, que residen en vos tanta grandeza, poder y gloria, usad vuestra generosa beneficencia con esta inútil criatura, que, aunque frágil, al fin os ama con dulce pasión, para que sea feliz en el tiempo y en la eternidad. Amén.
GOZOS
De Dios íntimo Privado y su Ministro escogido: ¡Rafael, de Dios querido, dad la salud, invocado! Tú eres en Naturaleza un puro espíritu, y tal, que en la Corte Celestial descuella tu grande Alteza; al sol vences en belleza, del eterno Sol bañado: ¡Rafael, de Dios querido, dad la salud, invocado! En aquella antigua lid, en que el valiente Miguel ajó al soberbio Luzbel, fuisteis invencible adalid. Tropas del abismo, huid, pues ambos os han
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hollado: ¡Rafael, de Dios querido, dad la salud, invocado! De los siete más vecinos al trono augusto de Dios por uno os cuentan a vos los oráculos divinos. Nuestros discursos mezquinos vencen tan noble dictado: ¡Rafael, de Dios querido, dad la salud, invocado! Principado en dignidad, en las luces Querubín, en las llamas Serafín, y trono en la majestad; reúnes la autoridad del Angélico Senado: ¡Rafael, de Dios querido, dad la salud, invocado! Aunque tan grande en el Cielo del hombre no os desdeñáis, de allá a la tierra bajáis para su guía y consuelo. De Dios tomando el modelo a nadie os negáis, llamado: ¡Rafael, de Dios querido, dad la salud, invocado! Por vos Tobías el mozo libre de un susto mortal halló bienes sin igual, halló mujer, halló gozo. Por vos llena de alborozo a Raguel su suegro amado: ¡Rafael, de Dios querido, dad la salud, invocado! Sara, antes entristecida con siete maridos muertos (por ti echado a los desiertos Asmodeo) vuelve a vida, y a un santo marido unida prole feliz le has logrado: ¡Rafael, de Dios querido, dad la salud, invocado!
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Tú de Gabelo el dinero para Tobías cobraste; tú siempre caudal hallaste al que te ama con esmero. Siempre en ti un fiel tesorero halla el bien intencionado: ¡Rafael, de Dios querido, dad la salud, invocado! Tú a Tobías el mayor, ya de muchos años ciego, con hiél de un pez diste luego de la vista el resplandor. Loa el anciano al Señor y ve al hijo suspirado: ¡Rafael, de Dios querido, dad la salud, invocado! Tú ofreces en copa de oro al gran Rey de la alta Sión la limosna, la oración y del pecho humilde el lloro. La piedad es tu decoro y hacer bien al angustiado: ¡Rafael, de Dios querido, dad la salud, invocado! Ángel de salud te llama la Iglesia, la cual opina que el Ángel de la Piscina eres tú: y quien a ti clama de tu caridad la llama presto siente remediado: ¡Rafael, de Dios querido, dad la salud, invocado! Ya tu nombre mismo expresa que eres de Dios medicina; de socorro rica mina todo el mundo te confiesa. ¡Feliz el que te profesa un amor fiel y alentado! ¡Rafael, de Dios querido, dad la salud, invocado!
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No es Córdoba solamente la que, por ti apadrinada, se vio pronto libertada de un contagio pestilente: a cualquiera edad y gente la salud has alcanzado: ¡Rafael, de Dios querido, dad la salud, invocado! Pues siempre das grato oído al que te llama confiado: ¡Rafael, de Dios querido, dad la salud, invocado!
V) Stetit ángelus juxta aram templi. R). Habens thuribulum aureum in manu sua.
OREMUS
Deus qui beatum Raphaelen Archangelum, Tobiae famulo tuo comitem dedisti in via; concede nobis famulis tuis, ut ejusdem semper protegamur custodia, et muniamur auxilio. Per Christum Dominum nostrum. Amen.
Ave María Purísima
Cristiano Católico 8-09-2025 Año de la Fe
Sea Bendita la Santa e Inmaculada Purísima Concepción de la Santísima Virgen María
Aclamación
¡Viva Cristo Rey!
¡Ven, Espíritu Santo!
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