Capítulo 12. CUATRO CAUSAS QUE RETRAEN DE ESTOS GRADOS
Por cierto, hay cuatro causas que nos retraen frecuentemente de estos grados, a
saber: la necesidad inevitable, la utilidad de una acción buena, la debilidad
humana y la vanidad profana. La primera es excusable, la segunda tolerable, la
tercera miserable, y la cuarta culpable. ¿Por qué culpable? Porque a aquellos a
quienes esta novísima causa retrae del santo propósito, mejor les era no conocer
la gloria de Dios, que abandonarla después de haberla conocido. Sin duda ¿qué
excusa tendrá ése del pecado? Acaso el Señor no le puede decir con justicia ¿qué
debí hacerte a ti y no lo hice? No existías, y te he creado; pecaste, te habías
hecho servidor del diablo, y te he redimido; corrías con los impíos en el ruedo
del mundo, y te he elegido; te había dado la gracia en mi presencia, y quería
poner en ti mi mansión, pero tú me despreciaste, y no sólo arrojaste lejos mis
palabras, sino a mí mismo, y caminaste tras de tus concupiscencias. Pero Dios
bueno, suave y manso, amigo dulce, consejero prudente, protector fuerte, ¡cuán
inhumano, cuán temerario, es el que te arroja, el que aleja de su corazón a un
huésped tan humilde y tan manso! ¡Oh qué cambio tan infeliz y perjudicial
arrojar a su Creador, y aceptar los pensamientos perversos y nocivos! ¡Aquel tan
secreto aposento del Espíritu Santo, secreto del corazón, que poco antes se
multiplicaba con gozos celestiales, que tan repentinamente haya sido conculcado
al entregarse a pensamientos y pecados inmundos! Todavía están presentes en el
corazón los vestigios del reposo, y ya se entrometen los deseos adulterinos. Muy
inconveniente e indecoroso es que los oídos que sólo han oído palabras que al
hombre no le es lícito decir 34, tan pronto se aficionen a escuchar
fábulas y a oír calumnias y apostasías; que
los ojos, que fueron bautizados sólo con lágrimas sagradas, de repente se
conviertan y entreguen a las vanidades; que la lengua, que sólo había entonado
dulces epitalamios, que habían reconciliado con sus palabras encendidas y
persuasorias a la esposa con el Esposo, y la había introducido en su bodega 35;
que se vuelva de nuevo a los vanos coloquios, a las socarronerías, a urdir
engaños y a las detracciones. ¡Aparta todo esto de nosotros, Señor! Pero si tal
vez por fragilidad humana resbalamos a cosas semejantes, que no desesperemos,
sino que nuevamente acudamos al médico clemente, que levanta de la tierra al
desvalido, y alza de la basura al pobre 36; y el que no quiere la muerte del pecador 37,
nos curará y sanará de nuevo.
Ya es tiempo de que pongamos fin a la carta. Oremos, pues, a Dios para que los
impedimentos, que nos retraen de su contemplación, nos los mitigue en la vida
presente, y nos los quite completamente en el futuro, para que, por los grados
que hemos tratado, nos conduzca de virtud en virtud, hasta que veamos al Dios de
los dioses en Sión 38. Donde los elegidos percibirán la dulzura de la contemplación divina no gota a
gota, y con interrupciones; sino que, repletos del torrente de delicias, tendrán
un gozo sin fin, que nadie les quitará, y una paz inmutable, que es la paz
eterna en Él.
Ave María Purísima
Cristiano Católico 8-09-2025
Año de la Fe
Sea Bendita la Santa e Inmaculada Purísima Concepción de la
Santísima Virgen María