Capítulo 3. OFICIO DE LA MEDITACIÓN. LA CIENCIA EN LOS MALOS NO ES SABIDURÍA
Por tanto la meditación diligente que de verdad penetra, no se queda fuera, en
la superficie de la lectura, pone su pie más alto, penetra las cosas interiores,
y las examina una por una. Considera con atención que no dijo: Bienaventurados
los de cuerpo limpio, sino los de corazón, porque no es suficiente tener las
manos inocentes de toda obra mala, sino que además seamos limpios en el alma de
los pensamientos malos. Lo cual está confirmado por la autoridad del profeta que
dice: ¿quién subirá al monte del Señor, o quién podrá estar en su recinto santo?
El hombre de manos inocentes y de puro corazón 3
. Asimismo considera cuánto deseaba esta limpieza del corazón el mismo profeta
que oraba de este modo: crea en mí, oh Dios, un corazón puro 4
. Y de nuevo: Si hubiera tenido yo miras perversas en mi corazón, no me habría
escuchado el Señor 5
. Piensa cuán solícito era en esta custodia el santo Job que decía: Yo hice un
pacto con mis ojos, de ni siquiera fijarme en doncella 6
.
Ved cómo se vigilaba aquel varón santo, que cerraba sus ojos para no ver la
vanidad; para no mirar tal vez incauto lo que luego podría desear
involuntariamente. Después de que ha tratado esto consigo, y de este modo sobre
la fuerza del corazón, comienza ahora a pensar en el premio: cuán glorioso y
deleitable será ver el rostro tan deseado del Señor, el más hermoso de los hijos
de los hombres 7
: que ya no está despreciado ni envilecido, que no tiene la forma con que le
vistió su madre la sinagoga; sino que está vestido con la estola de la
inmortalidad y coronado con la diadema con que le coronó su Padre en el día de
la resurrección y de la gloria, en el día que actuó el Señor 8
. Piensa que en aquella visión estará toda la saciedad de la que dice el
Profeta: me saciaré cuando aparezca tu gloria 9
. ¿No ves cuánto licor ha manado de un pequeño racimo, cuánto fuego ha nacido de
una centellita, cuánto esa pequeña masa? Bienaventurados los limpios de corazón,
porque ellos verán a Dios 10
ha estirado en el yunque de la meditación. ¿Pero, cuánto más podría estirarse
aún si alguien experto se encargase expresamente de tales materias? Ciertamente
que el pozo es hondo, y yo como soy un inexperto en esta materia, apenas si he
hallado un vaso con el que pueda extraer poquita cosa.
Inflamada el alma con tales ardores y movida por esos deseos, quebrado el
alabastro comienza a presentir la suavidad del ungüento, todavía no por el
gusto, sino como por el olfato de la nariz. Y de esto deduce cuán suave sería
sentir la experiencia de esta limpieza, en cuya meditación ha conocido que es en
tal grado deleitosa. Y ahora ¿qué hará? Se abrasa en deseos de poseerlo, pero no
encuentra en sí cómo poder conseguirlo 11
; y cuanto más lo busca, tiene más sed; entonces se aplica en la meditación, se
aplica también en el sufrimiento; porque tiene sed de la dulzura que la
meditación le muestra que está en la limpieza del corazón, pero todavía no la
degusta de antemano. Porque no está en el que lee, y en el que medita sentir esa
dulzura, si no le fuera dada de arriba. En efecto, tanto el leer como el meditar
es común a buenos y a malos. Hasta los filósofos de los gentiles, guiados por la
razón, descubrieron en qué consistía la sublimidad del verdadero Bien; pero,
porque cuando habían conocido a Dios no lo glorificaron como Dios 12
, sino que presumiendo de sus fuerzas y cualidades, decían: la lengua es nuestra
fuerza, nuestros labios nos defienden 13
, no merecieron percibir lo que hubieran podido ver. Se desvanecieron en sus
pensamientos y toda su ciencia quedó disipada, la ciencia que les había
proporcionado el estudio de las disciplinas humanas, no el espíritu de la
sabiduría, que sólo da sabiduría verdadera: es decir, ciencia sabrosa, que con
un sabor inestimable deleita y refocila el alma, a la que está unida, y de la
que se ha dicho: la sabiduría no se encontrará en un alma de mala ley 14
. Porque ésta viene sólo de Dios. Y así como el oficio de bautizar el Señor lo
ha concedido a muchos, en cambio se reservó para sí solo la potestad y la
autoridad de perdonar los pecados en el bautismo. Por eso Juan
antonomásticamente y con discreción dijo de Él: éste es el que bautiza en el
Espíritu Santo 15
; lo mismo podemos decir: Este es el que da el sabor de la Sabiduría, y la
ciencia sabrosa al alma. El habla se da a muchos, pero la sabiduría a unos
pocos, porque el Señor la distribuye a quien quiere y como quiere.
Ave María Purísima
Cristiano Católico 8-09-2025
Año de la Fe
Sea Bendita la Santa e Inmaculada Purísima Concepción de la
Santísima Virgen María