Esta es quizás la parábola más desconcertante de Jesús. A primera vista, parece elogiar la deshonestidad. Sin embargo, una lectura teológica atenta revela que el elogio no es a la estafa, sino a la sagacidad (phronesis) para asegurar el futuro ante una crisis inminente.
Un administrador es acusado de derrochar los bienes de su amo y recibe el aviso de despido. Se enfrenta a una crisis existencial: "¿Qué haré?".
Reconoce sus limitaciones con realismo: "Para cavar no tengo fuerzas; mendigar me da vergüenza". No se autoengaña ni se desespera; se pone a pensar. La crisis se convierte en el motor de una decisión lúcida.
Decide reducir las deudas de los deudores de su amo (cien barriles de aceite a cincuenta, cien fanegas de trigo a ochenta).
Su lógica es impecable: ya que va a perder su puesto, utiliza los bienes que todavía administra (pero que no son suyos) para ganarse el favor de otros que podrán acogerlo cuando esté en la calle. Cambia riqueza material (ajena y perecedera) por relaciones personales (futuras y seguras).
"El amo felicitó al administrador injusto por la astucia con que había procedido". No lo felicita por ladrón, sino por listo.
Jesús lanza aquí una queja dolorosa: "Los hijos de este mundo son más astutos con su propia gente que los hijos de la luz". Mientras los mundanos ponen toda su inteligencia y recursos para asegurar su bienestar material, los cristianos a menudo somos mediocres, pasivos o ingenuos en la búsqueda del Reino.
La conclusión es directa: "Ganaos amigos con el dinero de iniquidad, para que, cuando os falte, os reciban en las moradas eternas".
El dinero es "injusto" (o de iniquidad) porque a menudo procede de la injusticia o tiende a ella, y porque no es nuestro verdadero bien. Pero puede ser redimido si se usa para la caridad. Los pobres a los que ayudamos hoy son los "amigos" que nos abrirán la puerta del cielo. La mejor inversión financiera es la limosna.
Esta parábola nos desafía a ser "astutos como serpientes y sencillos como palomas". Nos invita a usar los bienes pasajeros de este mundo con inteligencia espiritual, invirtiéndolos en lo único que traspasa la frontera de la muerte: el amor.