Los Sacramentos
La Confirmación
homeII. EL SACRAMENTO DE LA CONFIRMACIÓN
§ 1. NOCIÓN Y SACRAMENTALIDAD DE LA CONFIRMACIÓN
1. Noción
La confirmación es un sacramento por el cual el bautizado es colmado del
Espíritu Santo por la imposición de manos, la unción y la oración, para que se
consolide interiormente en su vida sobrenatural y confiese exteriormente con
valentía la fe en Jesucristo.
SANTO TOMÁS la define como sacramento de la plenitud de gracia y como
«sacramento por el cual se concede a los bautizados la fortaleza del espíritu»;
S.th. tu 72, 1 ad 2; S.c.G. rv, 60.
2. Sacramentalidad de la confirmación
La confirmación es verdadero y propio sacramento (de fe).
El concilio de Trento hizo la siguiente declaración, contra los reformadores que
rechazaban la confirmación como carente de fundamento bíblico: «Si quis
dixerit, confirmationem baptizatorum otiosam caeremoniam esse et non potius
verum et proprium sacramentum», a. s.; Dz 871.
Según la Apoloqia Confessionis de MELANCHTHON (art. 13, 6), la confirmación es
un rito transmitido por los padres innecesario para la salvación, porque no
tiene en su favor el mandato de Dios. Según la historia racionalistica de los
dogmas (Harnack), la confirmación surgió al desligarse y cobrar vida autónoma
algunas ceremonias simbólicas que primitivamente acompañaban la administración
del bautismo. Pío X condenó la tesis modernista según la cual el bautismo y la
confirmación no se habían distinguido en la Iglesia primitiva como dos
sacramentos diversos ; Dz 2044.
a) Prueba de Escritura
La Sagrada Escritura sólo nos ofrece pruebas indirectas de que Cristo
constituyera el sacramento de la confirmación. Después de que los profetas del
Antiguo Testamento habían predicho que el Espíritu de Dias se derramaría sobre
toda la redondez de la tierra como señal de que era venida la época mesiánica
(cf. Ioel 2, 28 s [M 3, 1 s] = Act 2, 17 s ; Is 44, 3-5; Ez 39, 29), Jesús
prometió a sus apóstoles (Ioh 14, 16 s y 26; 16, 7 ss; Lc 24, 49; Act 1, 5) y a
todos los fieles futuros (Ioh 7, 38 s) que enviaría sobre ellos el Espíritu
Santo. El día de Pentecostés cumplió su palabra con la comunidad cristiana
primitiva; Act 2, 4: «Quedaron todos llenos del Espíritu Santo; y comenzaron a
hablar en lenguas extrañas, según que el Espíritu Santo les movía a expresarse.»
En lo sucesivo, los apóstoles comunicaban el Espíritu Santo a los bautizados por
medio del rito exterior de la imposición de manos. Act 8, 14 ss nos refiere :
«Cuando los apóstoles, que estaban en Jerusalén, oyeron cómo había recibido
Samaria la palabra de Dios, enviaron allá a Pedro y Juan, los cuales, bajando,
oraron sobre ellos para que recibiesen el Espíritu Santo, pues aún no había
venido sobre ninguno de ellos; sólo habían sido bautizados en el nombre del
Señor Jesús. Entonces les impusieron las manos y recibieron el Espíritu Santo.»
Según Act 19, 6, San Pablo comunicó el Espíritu Santo a unos doce discípulos de
Éfeso, una vez que éstos hubieron recibido el bautismo: «E, imponiéndoles Pablo
las manos, descendió sobre ellos el Espíritu Santo, y hablaban lenguas y
profetizaban.» Según Hebr 6, 2, la imposición de manos, que hace descender al
Espíritu Santo (v 4), pertenece, juntamente con el bautismo, a los fundamentos
de la religión cristiana.
De los pasajes citados se desprende la sacramentalidad de la confirmación :
a') Los apóstoles efectuaban un rito sacramental consistente en la imposición de
manos y la oración.
b?) El efecto de este rito externo era la comunicación del Espíritu Santo,
principio de santificación interna. Según Act 8, 18, entre la imposición de
manos y la comunión del Espíritu Santo existía verdadero nexo causal («per
impositionem manus Apostolorum»).
c') Los apóstoles obraban por encargo de Cristo. Como Cristo prometió que
comunicaría el Espíritu Santo a todos los fieles, es de suponer que también
daría explicaciones precisas sobre el modo de comunicar el Espíritu Santo. La
naturalidad con que los apóstoles (que se consideraban únicamente como ministros
de Cristo y administradores de los misterios de Dios; 1 Cor 4, 1) efectuaban el
rito de la imposición de manos presupone una ordenación de Cristo a este
respecto.
Santo Tomás enseña que Cristo instituyó el sacramento de la confirmación «non
exhibendo, sed promittendo», es decir, que Él no administró este sacramento,
sino que prometió para el futuro su administración, porque en la confirmación se
otorga la plenitud del Espíritu Santo, la cual no entraba en los planes de Dios
concederla antes de la resurrección y ascensión de Cristo a los cielos; S.th.
III 72, 1 ad 1.
Algunos teólogos escolásticos, v.g., el Maestro Rolando y San Buenaventura,
sostuvieron la opinión de que la confirmación había sido instituida por los
apóstoles, es decir, por el Espíritu Santo por medio de los apóstoles
(institución divina mediata). ALEJANDRO DE HALES, es decir, la Suma que lleva su
nombre, propone la sentencia de que el sacramento de la confirmación había sido
instituido por inspiración del Espíritu Santo en un concilio de Meaux («in
concilio meldensi»), pero en realidad no se refiere al sacramento como tal, sino
a la fijación definitiva del rito de su administración corriente en aquel
tiempo. No niega que Cristo instituyera la imposición de manos, cuyo efecto era
hacer descender el Espíritu Santo.
b) Prueba de tradición
Aunque la confirmación, en los primeros tiempos del cristianismo, estaba
íntimamente unida con el bautismo, no obstante, aparece ya en los testimonios
más antiguos de la tradición cristiana como un rito sacramental distinto del
bautismo.
TERTULIANO considera el bautismo como preparación para recibir el Espíritu Santo:
«No es que hayamos recibido en el agua al Espíritu Santo, sino que en el
agua... nos purificamos y disponemos para recibirlo» (De bapt. 6). Después del
bautismo tiene lugar una unción de todo el cuerpo (unción bautismal) y, después,
la imposición de manos: «Al salir del baño bautismal, somos ungidos con unción
sagrada» (c. 7) ; «Después se imponen las manos, llamando e invitando al
Espíritu Santo por medio de una bendición» («dehinc manus imponitur per
benedictionem advocans et invitans Spiritum sanctum»; c. 8). El efecto de este
rito es la comunicación del Espíritu Santo. En su escrito De carnis
resurrectione 8, TERTULIANO enumera los siguientes ritos de iniciación:
bautismo, unción, signación (con la cruz), imposición de manos y recepción de la
eucaristía.
SAN HIPÓLITO DE ROMA (+ 235) menciona en su Tradición Apostólica los siguientes
ritos de la confirmación: imposición de manos del obispo y oración, unción con
óleo sagrado —hay que distinguir esta unción de la unción bautismal que efectúa
el sacerdote después del bautismo--, y al mismo tiempo, imposición de manos
mientras se recita una fórmula trinitaria de bendición, signación de la frente y
beso de paz; cf. In Dan. 1, 16.
El papa Cornelio (251-253) reprocha a Novaciano el que, después de haber
recibido el bautismo de aspersión en el lecho de enfermedad, y «habiendo salido
de la enfermedad, no recibiera todo lo demás que generalmente hay que recibir en
la Iglesia, así como tampoco la signación por el obispo». Tal signación hacía
que se recibiese el Espíritu Santo. De ahí la pregunta del papa Cornelio: «¿Cómo
iba [Novaciano] a recibir el Espíritu Santo, si no había recibido este rito?»
(Ep. ad Fabium Ant.; EUSEBlo, H. eccl. vi 43, 15).
SAN CIPRIANO (+ 258) dice, refiriéndose a Act 8, 14 ss: «Esto ocurre hoy
también entre nosotros. A aquellos que han sido bautizados en la Iglesia se les
conduce a los prepósitos de la Iglesia [= a los obispos], y por nuestra oración
y nuestra imposición de manos reciben el Espíritu Santo y son consumados por el
sello del Señor» (Ep. 73, 9) ; cf. Ep. 74, 5 y 7.
Según el sínodo hispano de Elvira (hacia el 306), todo aquel que haya sido
bautizado por un laico en enfermedad grave o haya recibido el bautismo de un
diácono tiene que presentarse al obispo «para que sea consumado por la
imposición de manos» (can. 38 y 77) ; Dz 52d-e.
SAN CIRILO DE JERUSALÉN (t 386) (o su sucesor Juan) dedica a la confirmación su
tercera catequesis mistagógica, - que lleva el título: Sobre la unción. Otros
testimonios los hallamos en SAN AMBROSIO (De sacr. iii 2, 8-10; De myst. 7, 42),
SAN JERÓNIMO (Dial. c. Luciferianos 8 s), INOCENCIO I (Sermo 24, 6), SAN AGUSTIN
(De Trinit. xv, 26, 46; In ep. 1 loh., tr. 6, 10), SAN LEÓN MAGNO (Servno 24,
6), SEUDO-DIONISIO (De eccl. hier. 4, 3, 11).
La escolástica prueba especulativamente la existencia del sacramento de la
confirmación por la analogía que existe entre la vida natural del cuerpo y la
vida sobrenatural del alma. Así como al nacimiento corporal le corresponde un
sacramento de renacimiento espiritual, el bautismo, así también al crecimiento
corporal le corresponde un sacramento de corroboración y robustecimiento de la
vida sobrenatural, la confirmación ; S.th. III 72, 1.
Ave María Purísima
Cristiano Católico 8-12-2025 Año de la Fe
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