§ 10. ADORABILIDAD DE LA EUCARISTÍA
A Cristo, presente en la eucaristía, se le debe culto de verdadera adoración
(latría) (de fe).
De la totalidad y permanencia de la presencia real se deduce que a Cristo
presente en la eucaristía se le debe culto de latría. El objeto total de este
culto de latría es Cristo bajo las especies sacramentales. Estas últimas son
coobjeto de adoración, pues están unidas con Cristo en unidad de sacramento. El
concilio de Trento condenó la acusación lanzada por los reformadores contra el
culto a la eucaristía, culto que tachaban de idolátrico, llamando a los que lo
practicaban «adoradores de pan». A este respecto hizo la siguiente declaración :
«Si quis dixerit, in sancto Eucharistiae sacramento Christum unigenitum Dei
Filium non esse cultu latriae etiam externo adorandum...», a. s.; Dz 888.
Son adversarios de este dogma todos los que impugnan la presencia real. Los
antiguos teólogos luteranos (v.g., A. Musculus, M. Chemnitz, J. Gerhard), por
razón de su fe en la presencia real de Cristo durante el tiempo que duraba la
celebración de la Cena, es decir, desde la consagración a la comunión,
mantuvieron consecuentemente la adorabilidad de la eucaristía y la defendieron
contra los criptocalvinistas («profanadores del sacramento»).
La adorabilidad de la eucaristía se prueba bíblicamente con una argumentación
indirecta, probando por un lado la presencia real de Cristo en la eucaristía y
por otro la adorabilidad de Cristo (cf. Mt 28, 9 y 17 ; Ioh 5, 23 ; 20, 28 ;
Phil 2, 10 ; Hebr 1, 6) ; véase Cristología, § 19.
Los padres postnicenos dan testimonio de que a Cristo presente en la eucaristía
se le tributaba adoración antes de recibir la comunión; cf. SAN CIRILO DE
JERUSALÉN, Cat. myst. 5, 22: «Inclínate y pronuncia el amén como adoración y
reverencia»; SAN AMBROSIO, De Spiritu sancto III 11, 79; «Por escabel se
entiende la tierra (Ps 98, 9), y por tierra la carne de Cristo, que hasta el día
de hoy adoramos en los misterios.» SAN AGUSTÍN, Enarr. in Ps. 98, 9: «Nadie come
esta carne sin haberla adorado antes.» Mientras que en Oriente el culto a la
eucaristía se limitó a la celebración del sacrificio eucarístico, en Occidente
se fue desarrollando desde la edad media un espléndido culto a la eucaristía aun
fuera de la celebración de la misa: procesiones teofóricas, fiesta del Corpus
Christi (que comenzó en 1264), exposiciones del Santísimo Sacramento (que
comenzaron en el siglo xiv).