Capítulo cuarto
LA EUCARISTÍA Y LA RAZÓN
§ 11. EL CARÁCTER MISTERIOSO DE LA EUCARISTÍA
La presencia real de Cristo en la eucaristía es un misterio de fe (sent.
cierta).
La razón humana no puede, sin revelación divina, conocer que existe, en efecto,
la eucaristía, ni después de la revelación es capaz de probar de manera positiva
su posibilidad intrínseca. Sin embargo, la razón iluminada por la fe puede
mostrar la conveniencia de la presencia real y su encuadramiento armónico en el
organismo de las verdades sobrenaturales, y puede, además, resolver las
objeciones que presenta la razón. El dogma eucarístico es suprarracional, pero
no antirracional.
La eucaristía no puede enjuiciarse según las Leyes de la experiencia. Hay
algunos hechos en la vida de Jesús (como, por ejemplo, el caminar sobre las
aguas del lago, el salir del sepulcro sellado, las apariciones después de
resucitado pasando a través de puertas cerradas) que prueban que la forma
ordinaria y empírica de existir y obrar del cuerpo humano puede quedar impedida
por una intervención milagrosa de la Omnipotencia divina, sin que por eso el
cuerpo deje de ser verdadero cuerpo humano. La fe en la presencia real
eucarística supone, desde luego, la fe en la existencia de un Dios personal y
supramundano y la fe en la verdadera divinidad de Cristo.