Los Sacramentos
La Eucaristía
home§ 3. LA PRESENCIA REAL DE CRISTO SEGÚN TESTIMONIO DE LA SAGRADA ESCRITURA
En la eucaristía se hallan verdadera, real y sustancialmente presentes el cuerpo
y la sangre de Jesucristo (de fe).
El concilio de Trento hizo la siguiente declaración contra todos los que niegan
la presencia real: «Si quis negaverit, in sanctissimae Eucharistiae sacramento
contineri vere, realiter et substantialiter corpus et sanguinem una cum anima et
divinitate Domini nostri Iesu Christi ac proinde totum Christum, sed dixerit,
tantummodo esse in eo ut in signo vel figura aut virtute», a. s.; Dz 883.
Las tres expresiones vere, realiter, substantialiter van dirigidas especialmente
contra las teorías de Zwinglio, Ecolampadio y Calvino, y excluyen todas las
interpretaciones metafísicas que pudieran darse de las palabras de la
institución.
1. La promesa de la eucaristía (Ioh 6, 22-71 [Vulg. 72])
Después de los milagros preparatorios de la multiplicación de los panes y el
caminar milagroso de Jesús sobre las aguas del lago, dijo el Señor a los judíos,
deseosos de presenciar otra multiplicación de los panes: «Procuraos no el
alimento perecedero, sino el alimento que permanece hasta la vida eterna, el que
el Hijo del hombre os dará» (27). En el discurso eucarístico que sigue, habla
Jesús primeramente, en términos generales, del verdadero pan del cielo, que ha
bajado del cielo y da la vida eterna al mundo (29-34); después se designa a sí
mismo como pan del cielo que da vida, pero señala que para asimilarse ese manjar
es necesario tener fe (35-51a); por último, da más detalles diciendo que el
verdadero pan del cielo es su carne; y hace depender la vida eterna de que se
gusten o no los manjares de su carne y su sangre (51b-58): «El pan que yo daré
es mi carne por la vida del mundo. Disputaban entre sí los judíos diciendo: ¿
Cómo puede éste darnos a comer su carne? Jesús les dijo: En verdad, en verdad os
digo que si no coméis la carne del Hijo del hombre y no bebéis su sangre no
tendréis vida en vosotros. El que come mi carne y bebe mi sangre tiene la vida
eterna y yo le resucitaré en el último día. Porque mi carne es verdadera comida
y mi sangre es verdadera bebida. El que come mi carne y bebe mi sangre está en
mí y yo en él.»
Los adversarios de la presencia real entienden que estas palabras se refieren en
sentido figurado a la muerte redentora de Cristo en la cruz. Sin embargo, en
favor de la interpretación literal abogan las siguientes razones:
a) El sentido natural de las palabras. Debemos notar especialmente las
expresiones realistas que usa Jesús: álethes brósis = comida verdadera, real (v
55); álethes pósis = bebida verdadera, real (v 55): trógein = roer, masticar,
comer (v 54 ss).
b) La dificultad de dar una interpretación metafórica. Porque «comer la carne»
de alguien y «beber su sangre», si se interpretan en sentido metafórico,
significan, según el lenguaje bíblico, «perseguir sangrientamente» o «destruir»
a una persona; cf. Ps 26, 2; Is 9, 20; 49, 26; Mich 3, 3.
c) El sentido con que lo interpretaron los oyentes de Jesús. Y es de notar que
Jesús no corrige tal interpretación, como hace en otras ocasiones con las
torcidas interpretaciones de su auditorio (cf. Ioh 3, 3 ss; 4, 32 ss; Mt 16, 6
ss), antes bien, la corrobora, y eso con peligro de que le abandonen sus mismos
discípulos y apóstoles (v 60 ss). En el v 63 («El espíritu es el que da vida, la
carne no aprovecha para nada») no rechaza Jesús la interpretación literal de sus
palabras, sino únicamente la grosera y burda (cafarnaítica).
d) La interpretación de los padres, quienes generalmente refieren la última
parte del «discurso de la promesa» (51b-58) a la sagrada eucaristía (así Juan
Crisóstomo, Cirilo de Alejandría, Agustín), e igualmente la interpretación del
concilio de Trento (Dz 875, 930).
2. Institución de la eucaristía (Mt 26, 26-28 ; Mc 14, 22-24; Lc 22, 15-20; 1
Cor 11, 23-25)
La principal prueba bíblica en favor de la presencia real de Cristo en la
eucaristía la tenemos en las mismas palabras de la institución, referidas por
cuatro narradores — Mt, Mc, Lc y San Pablo — en formas literalmente distintas,
pero sustancialmente idénticas.
a) Las palabras que Cristo pronunciara sobre el pan son las siguientes en la
llamada fórmula petrina, referida por Mt y Mc: ToüTó ¿o r v TÓ Ti .L& lt.ov,
Vg: Hoc est corpus meum; y en la llamada fórmula paulina, referida por Lc y San
Pablo, son (según Lc): TouTó É6T6v Ti) ag)p.& p.ou Ti) nr p 15p.WV CM6p. vov,
Vg: Hoc est corpus meum, quod pro vobis datur (en San Pablo falta el participio
Móp.evov, Vg: tradetur). El sentido de las palabras es el siguiente: Esto que
os ofrezco es mi cuerpo, que se entregará por vosotros.
b) Las palabras pronunciadas sobre el cáliz son las siguientes en la fórmula
petrina (según Mc): ToúT6 -rtv Ti) xiµá l.ou TYiS Stx-OíxriS Ti) éxy_uvvóp.Evov
únép (Mt nepi) 7roaXwv, Vg: Hic est sanguis meus novi testamenti, qui pro
multis effundetur (Mt añade: Etg &cpsaty áµxpTtciv, Vg: in remissionem
peccatorum); y en la forma paulina (según Lc) son : ToiTo Ti) tzo'r P.ov xxty-i)
SuxOrlx)l Év Tw xtp.aT( Lou, Ti) nr4 i)p.Wv ÉxxuvveeEvov (la adición: Ti) —
a=xXuvvóp,E-vov falta en San Pablo), Vg : Hic est calix novum testamentum in
sanguine meo, qui pro vobis fundetur. El sentido de estas palabras es: El
contenido de este cáliz es mi sangre, con la cual se pacta la Nueva Alianza [así
como antiguamente se pactó con sangre la Antigua Alianza, según refiere Ex 24,
8: «Esta es la sangre de la Alianza que hace con vosotros Yahvé»], y esta'
sangre se derrama por vosotros.
La Iglesia católica, frente a la moderna crítica racionalista, ha defendido
siempre el carácter histórico de estas palabras de la institución y, frente a
los impugnadores de la presencia real, ha salido siempre por su interpretación
literal. El concilio de Trento reprobó la interpretación metafórica de las
mismas, declarando así de manera indirecta que la interpretación literal era la
auténtica; Dz 874.
Esta interpretación literal la exigen:
a) El texto de las palabras. No existe nada en el texto que pueda servir de
fundamento para una interpretación figurada, pues el pan y el vino no son, ni
por naturaleza ni por uso general lingüístico, símbolos del cuerpo y la sangre.
La interpretación literal no encierra en sí contradicción alguna, aunque, desde
luego, presupone la fe en la divinidad de Cristo.
b) Las circunstancias. Cristo tenía que acomodarse a la mentalidad de los
apóstoles, que entendieron sus palabras tal como sonaban. Si no quería inducir a
error a toda la humanidad, tenía que servirse de un lenguaje que no se prestara
a falsas interpretaciones, sobre todo entonces, cuando iba a instituir un
sacramento y acto de culto tan sublime, cuando iba a fundar la Nueva Alianza y
legarnos su testamento.
c) Las conclusiones prácticas que deduce el apóstol San Pablo de las palabras de
la institución. Dice el Apóstol que quien recibe indignamente la eucaristía peca
contra el cuerpo y la sangre del Señor; y el que la recibe dignamente se hace
partícipe del cuerpo y la sangre de Cristo; 1 Cor 11, 27 s : «Así pues, quien
come el pan y bebe el cáliz del Señor indignamente será culpado del cuerpo y la
sangre del Señor. Por tanto, examínese el hombre a sí mismo y entonces coma del
pan y beba del cáliz, pues el que sin discernir come y bebe el cuerpo del Señor
come y bebe su propia condenación»; 1 Cor 10, 16: «El cáliz de bendición que
bendecimos, ¿no es la participación de la sangre de Cristo? Y el pan que
partimos, tno es la participación del cuerpo de Cristo?»
d) La insuficiencia de los argumentos presentados por los adversarios. Si es
verdad que la cópula «es» tiene en varios lugares de la Escritura (v.g., Mt 13,
38: «el campo es el mundo»; cf. Ioh 10, 7a; 15, 1; 1 Cor 10, 4) una
significación equivalente a «simboliza» o «figura», no es menos cierto también
que en tales casos el sentido figurado de esos pasajes se colige sin dificultad
de la naturaleza misma del asunto (v.g., cuando se trata de una parábola o
alegoría) o por el uso general del lenguaje. Pero en el relato sobre la
institución de la eucaristía no ocurre ninguna de estas cosas.
Ave María Purísima
Cristiano Católico 8-12-2025 Año de la Fe
Sea Bendita la Santa e Inmaculada Purísima Concepción de la Santísima Virgen María