§ 6. LA TRANSUSTANCIACIÓN SEGÚN LAS FUENTES DE LA VERDAD REVELADA
1. Prueba de Escritura
La transustanciación se contiene implícitamente en las palabras con que Cristo
instituyó este sacramento. Considerando la veracidad y omnipotencia divina de
Jesús, se deduce de sus palabras que lo que El ofrecía a sus discípulos ya no
era pan y vino, sino su cuerpo y su sangre. Por tanto, había tenido lugar una
conversión. Pero los accidentes no sufrieron esa conversión, como lo prueba el
testimonio ocular de los allí presentes. Luego aquella conversión afectó
únicamente a la sustancia y fue, por tanto, verdadera transustanciación.
La doctrina de la consustanciación no es compatible con el tenor literal de las
palabras de la institución del sacramento. Para serlo, tendría que haber dicho
Jesucristo: «Aquí [en este pan] está mi cuerpo» ; cf. S.s.G. iv 63; S.th. III
75, 2.
2. Prueba de tradición
Los padres de los tres primeros siglos dan testimonio de la presencia real, pero
sin entrar en detalles sobre el modo con que se verifica la misma. De ahí que en
esa época no encontremos más que sugerencias de la transustanciación. Así, por
ejemplo, dice TERTULIANO: «[Jesús] tomó el pan, lo distribuyó a sus discípulos y
lo hizo su cuerpo diciendo: "Éste es mi cuerpo"» (Adv. Marc. Iv 40). Desde el
siglo IV enseñan ya de manera explícita los padres que en la consagración tiene
lugar una conversión, son : SAN CIRILO DE JERUSALÉN (Cat. myst. 4, 2; 5, 7), SAN
GREGORIO DE NYSA (Or. cat. 37), SAN JUAN CRISOSTOMO (De prodit. Iudae hom. 1, 6;
In Matth. 'WM. 5), SAN CIRILO DE ALEJANDRÍA (In Matth. 26, 27) y SAN JUAN
DAMASCENO (De fide orth. Iv 13); entre Ios padres latinos, SAN AMBROSIO (De
sacr. Iv 4, 14 ss; De myst. 9, 52) y el Seudo-Eusebio de Emesa, predicador del
sur de Galia, de los siglos v/vI (PL 67, 1052-56). Los padres griegos usan las
expresiones mataballein (Cirilo de Jerusalén, Teodoro de Mopsuestia), µetapoiein
(Gregorio de Nysa, Cirilo de Alejandría, Juan Damasceno), metastoijeioun
(Gregorio de Nysa), µetarruthmidsein (Juan Crisóstomo), metaskeuádsein (Juan
Crisóstomo); los padres latinos emplean las expresiones «convertere, mutare».
SAN CIRILO DE JERUSALÉN dice : «En una ocasión, con una mera indicación suya,
convirtió agua en vino durante las bodas de Caná de Galilea, y ¿no va a ser
digno de creerse que Él convierte el vino en su sangre?» (Cat. myst. 4, 2).
Para explicar de forma intuitiva este misterio, los santos padres emplean
analogías, tales como la conversión del alimento en la sustancia corporal
(Gregorio de Nysa, Juan Damasceno), la conversión del agua en vino en las bodas
de Caná (Cirilo de Jerusalén), la conversión de la vara de Moisés en serpiente,
la conversión del agua de los ríos de Egipto en sangre, la creación y la
encarnación (Ambrosio).
En las antiguas liturgias, se invoca al Logos o al Espíritu Santo por medio de
una oración especial, llamada epiclesis, para que descienda y «haga» (poieín) de
aquel pan y vino el cuerpo y sangre de Cristo, o para que el pan y el vino
«lleguen a ser» (gignesthai) el cuerpo y la sangre de Cristo. SAN CIRILO DE
JERUSALÉN dice en una descripción que hace de la misa: «Después que nos hemos
santificado por medio de estos himnos espirituales, invocarnos al bondadoso Dios
para que haga descender al Espíritu Santo sobre los dones presentes a fin de que
el pan llegue a ser el cuerpo de Cristo y el vino la sangre de Cristo. Porque
todo lo que toca el Espíritu Santo queda completamente santificado y cambiado»
(Cat. myst. 5, 7).
TEODORO DE GIRO (+ hacia el 460) enseña que los elementos eucarísticos, «después
de la santificación, no se apartan de su naturaleza», sino que «permanecen en su
anterior sustancia, figura y forma». En otra parte da testimonio de que son
«algo distinto antes de la invocación [epiclesis] que hace el sacerdote y que
después de la invocación se cambian y convierten en otra cosa» (Eranistes, dial.
2). Como aquí se expresa claramente la conversión, varios teólogos piensan que
la otra frase, citada anteriormente, quiere decir que, después de haberse
cambiado la esencia, persiste la forma exterior manifestativa del pan y el vino.
En conformidad con su cristología antioquena, según la cual la naturaleza humana
subsiste independiente de la naturaleza divina, pero participando del nombre, el
honor y la adorabilidad de la naturaleza divina, parece que su concepción sobre
la eucaristía tiende a presentar de forma análoga los elementos eucarísticos
como subsistiendo inalterablemente después de la consagración, pero participando
del nombre, el honor y la adorabilidad del Cristo celestial, que después de la
epiclesis se ha unido con ellos. Así pues, la conversión de que Teodoreto nos
habla no debemos entenderla como conversión sustancial, sino como unión
misteriosa de los elementos inmutados con el cuerpo y la sangre del Señor
(conversión moral).
De forma parecida comenta el papa GELASIO (492-496): Los sacramentos del
cuerpo y sangre de Cristo son «cosa divina», y por eso nosotros participamos
gracias a ellos de la naturaleza divina, «pero, sin embargo, la sustancia o
naturaleza del pan y el vino no cesan de existir». El pan y el vino pasan, por
la acción del Espíritu Santo, a la sustancia divina, «pero, no obstante,
permanecen en la índole de su propia naturaleza» (De duabus naturis in Christo
14). También el SEUDO-CRISÓSTOMO, otro antioqueno, enseña que el pan es llamado
cuerpo del Señor después de la santificación, «aunque permanezca en él la
naturaleza de pan» (Ep. ad Caesarium).