§ 7. LAS ESPECIES SACRAMENTALES
1. Permanencia de las especies
Las especies de pan y vino permanecen después de la transustanciación (de fe).
Según declaración del concilio de Trento, la transustanciación se extiende
únicamente a las sustancias de pan y vino, mientras que las especies o
accidentes permanecen: "manentibus dumtaxat speciebus panis et vini»; Dz 884.
Se entiende por especies todo aquello que es perceptible por los sentidos, como
el tamaño, la extensión, el peso, la forma, el color, el olor y el sabor.
2. Realidad física de las especies
Las especies sacramentales conservan su realidad física después de la
transustanciación (sent. cierta).
Varios teólogos cartesianos de los siglos xvii y xviii, v.g., Manuel Maignan, O.
Minim. (+ 1676), y su discípulo Juan Saguens, negaron la realidad física de las
especies aplicando a la eucaristía la doctrina de Descartes de que no existen
accidentes absolutos, es decir, que sean realmente distintos de la sustancia y
separables de ella, sino únicamente accidentes modales, que no son realmente
distintos de la sustancia y, por tanto, no pueden separarse de ella. Las
especies sacramentales las explicaban como impresiones subjetivas de nuestros
sentidos, producidas en ellos de forma maravillosa por la omnipotencia divina.
Esta opinión es incompatible: a) Con la doctrina del concilio de Trento que
afirma que las especies «permanecen», es decir, que quedan como residuo del
término total a quo de la transustanciación. b) Con la doctrina de toda la
tradición, que no duda en absoluto de que a las impresiones de nuestros sentidos
les corresponde una realidad objetiva; cf. SAN AGUSTíN, Sermo 272: «Así pues, lo
que veis es un pedazo de pan y un cáliz; esto es lo que os dicen vuestros ojos.
Pero vuestra fe os enseña lo siguiente: El pan es el cuerpo de Cristo; el cáliz,
la sangre de Cristo»; S.th. ni 75, 5: «sensu apparet, facta consecratione omnia
accidentia panis et vini remanere». c) Con el concepto de sacramento, que exige
que el signo sea objetivo si no queremos que el sacramento se reduzca a una mera
apariencia.
3. Sin sujeto de inhesión
Las especies sacramentales permanecen sin sujeto alguno de inhesión (sent.
cierta).
Del dogma de la transustanciación se sigue que las especies, después de la
conversión de las sustancias de pan y vino, siguen existiendo sin su propio y
natural sujeto de inhesión. El concilio de Constanza rechazó la proposición de
Wicleff: «Accidentia panis non manent sine subiecto in eodem sacramento»; Dz
582. El cuerpo y la sangre de Cristo no pueden ser sujetos de los accidentes de
pan y vino; tampoco puede serlo ninguna otra sustancia (según la escuela de
Abelardo, lo sería el aire que los rodea). De todo lo cual se deduce que las
especies permanecen sin sujeto alguno. El Catecismo Romano (II 4, 43) califica
esta sentencia como «doctrina mantenida siempre por la Iglesia católica».
La omnipotencia divina hace que sea posible la permanencia de los accidentes sin
sujeto de inhesión, pues tal omnipotencia, como causa primera, puede sustituir
el efecto de la causa segunda, cuando ésta falta; cf. S.th. III 77, 1; v. § 12,
1.