Capítulo tercero
EL MODO CON QUE CRISTO ESTA REALMENTE PRESENTE EN LA EUCARISTIA
§ 8. LA TOTALIDAD DE LA PRESENCIA
1. Presencia total de Cristo
En la eucaristía están verdaderamente presentes el cuerpo y la sangre de Cristo,
juntamente con su alma y divinidad, y, por tanto, se halla verdaderamente
presente Cristo todo entero (de fe).
El concilio de Trento, al mismo tiempo que definía el hecho de la presencia,
real, definió también la totalidad de la misma: «Si quis negaverit, in ss.
Eucharistiae sacramento contineri vere, realiter et substantialiter corpus et
sanguinem una cum anima et divinitate Domini nostri Iesu Christi ac proinde
totum Christum...», a. s.; Dz 83.
Ex vi verborum, es decir, en virtud de las palabras de la consagración está
presente el cuerpo de Cristo bajo la especie de pan y la sangre de Cristo bajo
la especie de vino. Per concomitantiam, «por concomitancia», es decir, por la
unión real que guardan con el cuerpo y la sangre de Cristo, se hallan también
presentes bajo la especie de pan, juntamente con el cuerpo (porque el cuerpo ue
Cristo es un cuerpo vivo [Rom 6, 91), la sangre de Cristo y su alma
(concomitancia natural); y por la unión hipostática se halla presente su
divinidad (concomitancia sobrenatural). Bajo la especie de vino, juntamente con
la sangre de Cristo, se hallan también presentes su cuerpo, su alma y su
divinidad; cf. Dz 876 ; S.th. in 76, 1.
En el discurso con que Jesús nos prometió la eucaristía leemos las siguientes
palabras : «El que come mi carne y bebe mi sangre» (Ioh 6, 54 y 56). Y estas
palabras son paralelas precisamente a aquellas otras: «El que me come» (v 57),
que se refieren a toda la persona de Cristo. Por tanto, con la carne y la sangre
se halla presente Cristo todo entero ; cf. 1 Cor 11, 27.
Según la doctrina de los padres, el cuerpo de Cristo, presente bajo la especie
de pan, es inmortal (SAN GREGORIO NISENO, Or. cat. 37), vivificante (SAN CIRILO
DE ALEJANDRÍA, Ep. 17; Adv. Nestorium 4, 5), adorable (SAN AGUSTÍN, Enarr. in
Ps. 98, 9). Todos estos atributos presuponen la unión del cuerpo con el alma y
la divinidad. SAN AMBROSIO enseña: «En este sacramento está Cristo, porque es
el cuerpo de Cristo» (De myst. 9, 58).
Hasta los últimos decenios del siglo IX no se convirtió en objeto de discusión
teológica la cuestión de la totalidad de la presencia de Cristo en la
eucaristía. Entre los primeros que enseñaron expresamente que Cristo se recibe
todo entero bajo ambas especies se cuentan Juan de Mantua y el exegeta Manegold
(en 1 Cor 10, 16) y Anselmo de Laon y su escuela.
2. La presencia total bajo cada una de las dos especies
Bajo cada una de las dos especies está presente Cristo todo entero (de fe).
En el dogma de la totalidad de la presencia se contiene ya, de manera implícita,
que Cristo todo entero está presente bajo cada una de las dos especies. El
concilio de Constanza elevó a dogma esta proposición (Dz 626), haciendo frente
con ello a las doctrinas de los husitas, que exigían la comunión bajo ambas
especies (utraquistas). El concilio de Trento hizo la siguiente declaración
contra los reformadores, que tenían las mismas pretensiones: «Si quis
negaverit, in venerabili sacramento Eucharistiae sub unaquaque specie... totum
Christum contineri», a. s.; Dz 885 ; cf. Dz 698, 876:
Este dogma constituye el fundamento para considerar como lícita la comunión bajo
una sola especie. Hasta el siglo XIII, era ordinario comulgar bajo las dos
especies; pero aun en los tiempos más antiguos encontramos casos en que la
comunión se administra bajo una sola especie, como, v.g., en la comunión de los
niños pequeñitos, la que se recibía en el propio domicilio y la de los enfermos.
3. Presencia total en todas y cada una de las partes de ambas especies
En todas y cada una de las partes de ambas especies, después de efectuada la
separación, se halla presente Cristo todo entero (de fe).
El concilio de Trento declaró : «Si quis negaverit,... sub singulis cuiusque
speciei partibus separatione facta totum Christum contineri», a. s.; Dz 885.
Según el relato de la institución de la eucaristía, todos los apóstoles bebieron
de un mismo cáliz. Según las viejas liturgias, la fracción del pan se hacía
después de la consagración, con el fin de repartir la comunión a los fieles, y
todos ellos bebían también del mismo cáliz consagrado. Aunque los fieles no
recibían sino una parte del pan y del vino consagrado, sin embargo, tenían la
persuasión de recibir todo el cuerpo de Cristo y toda su sangre. El
Seudo-Eusebio de Emesa hace el siguiente comentario: (Cuando se toma de este
pan, cada uno [de los que comulgan] recibe lo mismo que todos ellos juntos. Uno
de ellos recibe [a Cristo] todo entero, dos reciben [a Cristo] todo entero, y
todos los demás [que comulgan] reciben [a Cristo] todo entero sin disminución
alguna» (PL 67, 1054).
Del dogma que acabamos de exponer se deriva como conclusión teológica que Cristo
se halla también todo entero en cada una de las partes de las especies antes de
la separación de dichas partes; cf. Dz 876, donde faltan las palabras
«separatione facta». Si Cristo, antes de la separación, no estuviera presente en
cada una de las partes de ambas especies, entonces el acto de la separación
sería la causa de la presencia de Cristo en esas partes después de separadas.
Ahora bien, según la doctrina católica, la consagración —y la transustanciación
que se opera por su virtud— es la única causa de la presencia real. Luego
deducimos la conclusión teológica, mencionada anteriormente, de que Cristo se
halla todo entero, antes de la separación, en cada una de las partes de ambas
especies. Pero notemos que de esta doctrina no se sigue que exista una múltiple
presencia actual bajo cada una de las especies. Así como el alma humana se halla
presente toda entera en todo el cuerpo y en cada una de sus partes, y sin
embargo no se encuentra más que singularmente presente en todo el cuerpo, de
manera semejante el cuerpo de Cristo tiene únicamente una sola presencia actual
bajo cada una de las especies. No obstante, esa tal presencia es múltiple en
potencia. Pero la presencia actual múltiple solamente se verifica después de la
separación de las partes de la especie anteriormente unidas.
Para comprender esta doctrina es necesario tener en cuenta que el cuerpo de
Cristo —que por la transustanciación sucede a la sustancia de pan — se encuentra
presente al modo de sustancia («per modum substantiae»). Así como, antes de la
consagración, la sustancia de pan se halla totalmente presente en todas las
partes de la hostia no consagrada, de manera parecida, después de la
consagración, el cuerpo de Cristo (y, por concomitancia, Cristo todo entero) se
encuentra presente en todas las partes de la hostia consagrada; cf. S.th. III
76, 3.