IV. EL SACRAMENTO DE LA PENITENCIA
§ 1. NOCIÓN DE PENITENCIA
1. El sacramento de la penitencia
El sacramento de la penitencia (poenitentia, µetánoia) es el sacramento en el
cual se perdonan, por medio de la absolución sacerdotal, todos los pecados
cometidos después del bautismo, al pecador que arrepentido de ellos los confiesa
sinceramente y tiene propósito de dar satisfacción. El término «penitencia» se
emplea también para designar una parte del sacrarnento: la satisfacción.
2. La virtud de la penitencia
La virtud de la penitencia, recomendada tan insistentemente en el Antiguo y en
el Nuevo Testamento (cf. Ez 18, 30 ss ; 33, 11; Ier 18, 11; 25, 5 s ; 1 oel 2,
12s; Eccli 2, 22; 17, 21 ss ; Mt 3, 2 ; 4, 17; Act 2, 38) y que en todos los
tiempos fue condición necesaria para el perdón de los pecados (Dz 894), es
aquella virtud moral que hace a la voluntad propensa a apartarse interiormente
del pecado y a dar a Dios satisfacción por él. Esta virtud consiste en el dolor
del alma por haber pecado, porque el pecado es ofensa de Dios, dolor que va
unido con el propósito de enmendarse: dolor de «peccato commisso, in quantum est
offensa Dei, cum emendationis proposito» (S.th. III 85, 3). Ejercicios externos
de la virtud de la penitencia son la confesión de los pecados, la realización de
toda clase de obras de penitencia, v.g., oraciones, ayunos, limosnas,
mortificaciones, y el sufrimiento paciente de castigos divinos.
La Iglesia condenó como herética la doctrina de Lutero, según la cual la
penitencia era únicamente la enmienda de la vida («optima poenitentia nova
vita»); Dz 747, 923. La Escritura exige al pecador que haga penitencia por los
pecados cometidos ; pide el sentimiento interno de penitencia y anima también a
que se hagan obras externas de penitencia ; cf. Ez 18, 21 ss; Ioel, 2, 12 s;
«Convertíos a mí de todo corazón con ayuno, llanto y gemidos. Rasgad vuestros
corazones, no vuestras vestiduras, y convertíos a Yahvé, vuestro Dios». La «vida
nueva» es el fin, no la esencia, de la penitencia ; cf. SAN AGUSTÍN, Sermo 351,
5, 12.
El sacramento y la virtud de la penitencia están íntimamente unidos en el orden
sobrenatural de la Nueva Alianza. Como los actos de penitencia, confesión y
satisfacción, o propósito de satisfacción, que pertenecen a la esencia del
sacramento, son ejercicios de la virtud de la penitencia, no es posible que este
sacramento pueda existir sin dicha virtud. Por otra parte, en el orden
sobrenatural vigente en el Nuevo Testamento, los actos de la virtud de la
penitencia no conducen por sí solos al pecador bautizado a la gracia de la
justificación si no van unidos al menos con el deseo de recibir el sacramento.