EL SACROSANTO MISTERIO DE LA EUCARISTÍA (clic) Vatican.va
La Eucaristía, instituida por Cristo en la Última Cena, perpetúa sacramentalmente el sacrificio de la Cruz. Es memorial de su muerte y resurrección, sacramento de piedad, signo de unidad, vínculo de caridad y banquete pascual donde se recibe a Cristo y se anticipa la gloria futura.
La Iglesia busca que los fieles participen plenamente en la Misa: comprendiendo los ritos, escuchando la Palabra, dando gracias, ofreciéndose con Cristo y creciendo en la unión con Dios y entre sí. La participación no es solo externa, sino interior y transformadora.
Para que la Misa alcance su plena eficacia pastoral, especialmente en las celebraciones dominicales, el Concilio establece normas que favorezcan la participación consciente y activa del pueblo.
Se pide revisar el Ordinario para clarificar el sentido de cada parte, simplificar ritos, eliminar duplicaciones y recuperar elementos antiguos que expresen mejor la tradición. La meta es facilitar la participación piadosa y activa.
Se ordena ampliar las lecturas bíblicas para que los fieles accedan más abundantemente a la Palabra de Dios, escuchando las partes más significativas de la Escritura en un ciclo de años.
La homilía se recomienda encarecidamente como parte integral de la Misa. Debe exponer los misterios de la fe y orientar la vida cristiana. En domingos y fiestas no debe omitirse salvo causa grave.
Se restablece la oración común después del Evangelio y la homilía, para que el pueblo interceda por la Iglesia, las autoridades, los necesitados y la salvación del mundo.
Se permite el uso de la lengua vernácula en partes de la Misa, especialmente lecturas y oración de los fieles, manteniendo el latín en el Ordinario. Se exhorta a que los fieles puedan recitar o cantar en latín las partes que les corresponden.
Se recomienda la comunión más perfecta: que los fieles reciban del mismo sacrificio el Cuerpo del Señor. Se abre la posibilidad de recibir bajo ambas especies en casos determinados por la Sede Apostólica.
La Misa es un único acto de culto compuesto de dos partes inseparables: liturgia de la Palabra y liturgia eucarística. Los fieles deben ser instruidos para participar en toda la celebración.
Se amplía la facultad de concelebrar, signo de la unidad del sacerdocio. Se indican los casos en que puede hacerse (Jueves Santo, concilios, sínodos, reuniones sacerdotales, etc.). Se mantiene la libertad del sacerdote para celebrar individualmente, salvo excepciones.
Se ordena elaborar un rito renovado de concelebración e incorporarlo al
Pontifical y al Misal romano.
Sacrosanctum Concilium - Decreto Vaticano II