Resumen teológico, del Capítulo III de Sacrosanctum Concilium (clic) Vatican.va
Los sacramentos santifican, edifican la Iglesia y dan culto a Dios. Son signos que suponen, alimentan y expresan la fe, confieren gracia y disponen a los fieles para vivirla fructuosamente. Su comprensión debe ser clara para que los fieles los reciban con frecuencia y provecho.
Los sacramentales, instituidos por la Iglesia, son signos sagrados que disponen a recibir la gracia y santifican las diversas circunstancias de la vida mediante la intercesión eclesial.
Sacramentos y sacramentales derivan su eficacia del misterio pascual. Por ellos, casi toda la vida humana puede ser santificada y orientada a la alabanza de Dios.
Algunos elementos rituales oscurecen su naturaleza; otros requieren adaptación pastoral. El Concilio ordena una revisión profunda para mayor claridad teológica y eficacia pastoral.
Se amplía el uso de la lengua vernácula en sacramentos y sacramentales, con rituales particulares adaptados a cada región, siempre aprobados por la Sede Apostólica.
Se restablece el catecumenado de adultos, estructurado en etapas y acompañado de ritos que santifican el proceso de conversión.
En territorios de misión pueden integrarse elementos culturales compatibles con la fe, según los principios de adaptación litúrgica.
Se revisan los ritos simple y solemne del bautismo de adultos, integrando el catecumenado restaurado y una misa propia.
El rito debe adaptarse a la condición del niño y resaltar la participación y responsabilidad de padres y padrinos.
Para bautismos numerosos o situaciones especiales, se prevén adaptaciones y un rito breve para catequistas o fieles en peligro de muerte.
Se prepara un nuevo rito para suplir ceremonias omitidas y otro para quienes, ya bautizados válidamente, ingresan en la Iglesia católica.
Fuera del tiempo pascual, el agua puede bendecirse dentro del rito con una fórmula más breve.
El rito debe mostrar su vínculo con la iniciación cristiana. Se recomienda renovar las promesas bautismales y permitir su celebración dentro de la Misa.
El rito debe expresar con mayor claridad la naturaleza y efectos del sacramento.
La unción no es sólo para agonizantes: se administra cuando hay peligro serio por enfermedad o vejez.
Se establece un rito que una confesión, unción y viático en una secuencia coherente.
El número de unciones y las oraciones deben adaptarse a las diversas situaciones de los enfermos.
Se revisan ritos y textos. Las alocuciones pueden hacerse en lengua vernácula. En la consagración episcopal, todos los obispos imponen las manos.
El rito debe expresar la gracia del sacramento y los deberes de los esposos. Se permite adaptar el rito a costumbres locales legítimas.
Se recomienda celebrarlo dentro de la Misa. La oración por la esposa se revisa para expresar la igual dignidad y fidelidad mutua.
Los sacramentales deben favorecer la participación consciente y activa. Se pueden añadir nuevos según las necesidades pastorales. Algunos pueden ser administrados por laicos.
Se revisa el rito de consagración de vírgenes y se prepara un rito unificado para la profesión y renovación de votos, preferiblemente dentro de la Misa.
El rito debe expresar con mayor claridad el sentido pascual de la muerte cristiana y adaptarse a las tradiciones de cada país.