PARTE SEGUNDA
Sección primera
FORMULACIÓN DOGMÁTICA Y FUNDAMENTO
POSITIVO DEL DOGMA TRINITARIO
Capítulo primero
HEREJÍAS ANTITRINITARIAS Y DECLARACIONESDE LA IGLESIA
§ 1. HEREJÍAS
1. Monarquianiamo
A fines del siglo primero ya hubo algunos herejes judaizantes, Cerinto y los
ebionitas, que, tomando como base un rígido monoteísmo unipersonal, negaron la
divinidad de Cristo (SAN IRENEO, Adv. haer. i 26). A fines del siglo II, la
herejía, conocida con el nombre de monarquianismo, enseñó que en Dios no hay más
que una persona («monarchiam tenemos»; TERTULIANO, Adv. Prax. 3). Según la
explicación concreta que dé acerca de Jesucristo, se divide en dos tendencias:
a) Monarquianismo dinamístico o adopcionista. Enseña que Cristo es puro hombre,
aunque nacido sobrenaturalmente de la Virgen María por obra del Espíritu Santo;
en el bautismo le dotó Dios de particular poder divino y le adoptó como hijo.
Los principales propugnadores de esta herejía fueron Teódoto el Curtidor, de
Bizancio, que la trasplantó a Roma hacia el año 190 y fue excomulgado por el
papa Víctor I (189-198); Pablo de Samosata, obispo de Antioquía, a quien un
sínodo de Antioquía destituyó como hereje el año 268, y el obispo Fotino de
Sirmio, depuesto el año 351 por el sínodo de Sirmio.
b) Monarquianismo modalístico (llamado también patripasianismo). Esta doctrina
mantiene la verdadera divinidad de Cristo, pero enseña al mismo tiempo la
unipersonalidad de Dios explicando que fue el Padre quien se hizo hombre en
Jesucristo y sufrió por nosotros.
Los principales propugnadores de esta herejía fueron Noeto de Esmirna, contra el
cual escribió HIPOLITO (Philosophumena IX 7-10; x 27; Contra haeresim Noëti);
Praxeas, de Asia Menor, combatido por TERTULIANO (Adv. Praxeam); Sabelio aplicó
también esta doctrina errónea al Espíritu Santo enseñando que en Dios hay una
sola hipóstasis y tres "prósopa» (prosopon = máscara de teatro, papel de una
función), conforme a los tres modos (modi) distintos con que se ha manifestado
la divinidad. En la creación se revela el Dios unipersonal como Padre, en la
redención como Hijo, y en la obra de la santificación como Espíritu Santo. El
papa San Calixto (217-222) excomulgó a Sabelio. La herejía fue combatida de
forma poco afortunada por el obispo de Alejandría, Dionisio Magno (hacia
247-264) y condenada de manera autoritativa por el papa San Dionisio (259-268);
cf. Dz 48-51.
2. Subordinacionismo
El subordinacionismo, por oposición al modalismo sabeliano, admite tres Personas
distintas en Dios, pero rehúsa conceder a la Segunda y Tercera Persona la
consustancialidad con el Padre y, por tanto, la verdadera divinidad.
a) El arrianismo. El presbítero alejandrino Arrio (t 336) enseñó que el Logos no
existe desde toda la eternidad. No fue engendrado por el Padre, sino una
criatura, sacada de la nada antes que todas las demás. El Hijo es, por su
esencia, desigual al Padre (ávóµotog; de ahí la denominación de anomeos que se
daba a estos herejes), mudable y capaz de perfeccionamiento. No es Dios en
sentido propio y verdadero, sino únicamente en un sentido impropio, en cuanto
Dios le adoptó como hijo en previsión de sus méritos. Esta herejía fue condenada
en el primer concilio universal de Nicea (325). El concilio redactó un símbolo
en el que se confiesa que Jesucristo es verdadero Hijo de Dios, que fue
engendrado de la sustancia del Padre, que es verdadero Dios y consustancial con
el Padre; Dz 54.
Los semiarrianos ocupan un lugar intermedio entre los arrianos rígidos (anomeos)
y los defensores del concilio de Nicea (homousianos). Rechazaron la expresión
ómoousios, porque creyeron que ésta favorecía al sabelianismo, pero enseñan que
el Logos es semejantes al Padre (öµoios; de ahí que se les llamara también
homeos) o en todo semejante a Él (öµoios katá panta) o semejante en la esencia
(ómoiousios; de ahí que se les denominase homousianos).
b) El macedonianismo. La secta de los pneumatómacos (enemigos del Espíritu
Santo), nacida del semiarrianismo y cuya fundación se atribuye, desde fines del
siglo iv (DÍDIMO, De Trinitate II 10), probablemente sin razón, al obispo
semiarriano Macedonio de Constantinopla (depuesto en el 336, m. antes del 364),
extendió el subordinacionismo al Espíritu Santo, enseñando, en referencia a Hebr
1, 14, que era una criatura y un ser espiritual subordinado como los ángeles.
Defendieron la divinidad del Espíritu Santo y su consustancialidad con el Padre,
contra los seguidores de esta herejía, San Atanasio, los tres capadocios (San
Basilio, San Gregorio Nacianceno y San Gregorio Niseno) y Didimo de Alejandría.
Esta herejía fue condenada por un sínodo de Alejandría (362) bajo la presidencia
de San Atanasio, por el segundo concilio de Constantinopla (381) y por un sínodo
romano (382) presidido por el papa Dámaso (Dz 74-82). El concilio de
Constantinopla añadió un importante artículo al símbolo de Nicea, en el que se
afirma la divinidad del Espíritu Santo, al menos indirectamente en cuanto se le
confieren los atributos divinos: «Et in Spiritum Sanctum, Dominum et
vivificantem, qui ex Patre procedit, qui cum Patre et Filio simul adoratur et
conglorificatur, qui locutus est per prophetas.»
3. Triteismo
a) El comentarista cristiano de Aristóteles, Juan Filoponos (+ hacia 565),
identificó la naturaleza y la persona (ousia e hipóstasis), y así, en la
cristología, vino a caer en el monofisismo, y en la doctrina trinitaria, en el
triteísmo. Según él, las tres divinas personas son tres individuos de la
divinidad de forma parecida a como tres hombres son tres individuos de la
especie humana. Puso, por tanto, en lugar de la unidad numérica de esencia, una
unidad específica.
b) El canónigo Roscelino de Compiegne (t hacia 1120) partía de un punto de vista
nominalístico, según el cual solamente el individuo posee realidad, y enseñaba
que las tres divinas personas son tres realidades separadas entre sí («tres res
ab invicem separatae»), las cuales sólo moralmente se hallan unidas entre si por
su armonía en voluntad y poder, como podrían estarlo tres ángeles o tres almas
humanas. Su doctrina fue combatida por San Anselmo de Cantorbery y condenada en
un sínodo de Soissons(1092).
c) Gilberto de Poitiers (+ hacia 1154), según las acusaciones de sus adversarios
(San Bernardo), mantenía la distinción real entre Dios y divinidad, y con ello
la distinción real entre las personas divinas y la esencia divina, de suerte que
en Dios habría una cuaternidad (tres Personas + divinidad). El pretendido error
de Gilberto, que apenas se puede probar por sus escritos, fue condenado en un
consistorio de Reims (1148) en presencia del papa Eugenio III; Dz 389 ss.
d) El abad Joaquín de Fiore (t 1202) concebía la unidad de las tres divinas
personas como unidad colectiva («unitas quasi collectiva et similitudinaria»).
Su doctrina fue condenada en el concilio IV de Letrán (1215), donde se aprobó
solemnemente la doctrina de PEDRO LOMBARDO, atacada por aquél (Caput Damnamus;
Dz 431 ss).
e) Anton Günther (+ 1863) enseñó que el absoluto, en un proceso de
autorrealización, se actúa sucesivamente a sí mismo tres veces como tesis,
antítesis y síntesis. Con ello la sustancia divina se triplica. Las tres
sustancias se relacionan entre sí por medio de la conciencia constituyendo así
una unidad formal.
4. El protestantismo
Lutero censuró, es verdad, la terminología trinitaria, pero en realidad mantuvo
su creencia en este misterio; cf. los artículos de Esmalcalda, p i art. 1-4. No
obstante, el subjetivismo introducido por él condujo finalmente a la negación
del dogma de la Trinidad.
El socinianismo, fundado por Fausto Sozzini (+ 1604), se sitúa en un punto de
vista racionalistico y propugna un concepto de Dios rigurosamente unitarista,
que excluye toda pluralidad de personas divinas. Cristo no sería más que un puro
hombre, y el Espíritu Santo un poder impersonal de Dios.
La teología racionalista moderna suele conservar la terminología trinitaria de
la tradición, pero considera las divinas personas como meras personificaciones
de atributos divinos, como el poder, la sabiduría y la bondad. Según Harnack, la
profesión cristiana del dogma de la Trinidad se originó en las polémicas entre
el cristianismo y el judaísmo. Al principio se adoptó únicamente la fórmula
bimembre «Dios y Cristo» como antítesis de Dios y Moisés; más tarde se añadió
también al Espíritu Santo.
¡Viva Cristo Rey!
¡Ven, Espíritu Santo!
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