§ 12. EL ESPÍRITU SANTO PROCEDE DEL PADRE Y DEL HIJO POR VÍA DE ESPIRACIÓN
La procesión de la tercera persona, habida cuenta del nombre propio bíblico de
ésta, se llama espiración (pneusys, spiratio).
1. Doctrina de la Iglesia
El Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo, corno de un solo principio y por
medio de una única espiración (de fe).
La Iglesia ortodoxa griega enseña desde el siglo ix que el Espíritu Santo
procede únicamente del Padre. Un sínodo de Constantinopla, presidido por Focio
en el año 879, rechazó como herético el aditamento «Filioque» de los latinos.
Contra esto declaró el segundo concilio universal de Lyón (1274) : «Fideli ac
devota professione fatemur, quod Spiritus Sanctus aeternaliter ex Patre et
Filio, non tanquam ex duobus principiis, sed tanquam ex uno principio, non
duobus spirationibus, sed unica spiratione procedit» ; Dz 460. Cf. el símbolo
del concilio toledano del año 447 (Dz 19), el símbolo Quicumque (Dz 39), el
símbolo del concilio xi de Toledo en el año 675 (Dz 277), el Caput firmiter del
concilio iv de Letrán (Dz 428) y el Decretum pro Graecis e igualmente el
Decretum pro lacobitis del concilio unionista de Florencia (Dz 691, 703 s). La
primera vez que el aditamento «et Filio» aparece introducido en el símbolo
niceno-constantinopolitano es en el concilio III de Toledo del año 589.
2. Prueba de Escritura
a) El Espíritu Santo, según la Sagrada Escritura, no es solamente el Espíritu
del Padre (Mt 10, 20: «El Espíritu de vuestro Padre será el que hable en
vosotros»; cf. Ioh 15, 26; 1 Cor 2, 11 s), sino también el Espíritu del Hijo
(Gal 4, 6: «Dios envió el Espíritu de su Hijo a vuestros corazones»), el
Espíritu de Jesús (Act 16, 7: «El Espíritu de Jesús no se lo permitió»), el
Espíritu de Cristo (Rom 8, 9: «Pero si alguno no tiene el Espíritu de Cristo,
ése no es de Cristo»), el Espíritu de Jesucristo (Phil 1, 19 : «...por la ayuda
del Espíritu de Jesucristo»). Si la expresión «Espíritu del Padre» denota una
relación de origen con respecto al Padre ( = «spiramen Patris o spiratus a
Patre»), como también admiten los griegos, entonces la analogía nos fuerza a
concluir que también la expresión «Espíritu del Hijo» denota una relación de
origen con respecto al Hijo ( = «spiramen Filii o spiratus a Filio»).
b) El Espíritu Santo no es enviado únicamente por el Padre (loh 14, 16 y 26),
sino también por el Hijo (Ioh 15, 26: «el Abogado que yo os enviaré de parte del
Padre» ; cf. Iob 16, 7; Lc 24, 49 ; lob 20, 22). La misión ad extra es en
cierto modo una continuación en el tiempo de la procesión eterna. Por tanto, de
la misión temporal se puede inferir la procesión eterna. El hecho de enviar
supone ser eternamente principio; y el de ser enviado, proceder eternamente.
c) El Espíritu Santo recibe su saber del Hijo; loh 16, 13 s: «El hablará lo que
oyere... Me glorificará, porque tomará de lo mío y os lo dará a conocer». Este
oir y recibir el saber, cuando se trata de una persona divina, sólo puede
entenderse en el sentido de que tal persona recibe, ab aeterno y por
comunicación sustancial, de otra persona divina el saber divino y, por tanto, la
esencia divina que con éste se identifica. Y como el Espíritu Santo recibe su
saber del Hijo, por fuerza ha de proceder de Él; así como también el Hijo, que
recibe su saber del Padre (Iob 8, 26 ss), procede del Padre. SAN AGUSTÍN comenta
a este propósito : «Oirá de aquel de quien proceda. Oír es para Él tanto como
saber, y saber tanto como ser» (In loh. tr. 99, 4).
Que el Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo como de un solo y único
principio y por medio de una única espiración, se deduce de Ioh 16, 15: «Todo lo
que tiene el Padre es mío». Por tanto, si el Hijo, por razón de ser engendrado
eternamente por el Padre, posee todo lo que el Padre posee, exceptuando la
paternidad y la carencia de origen, que no son comunicables, entonces poseerá
también, necesariamente, su virtud espirativa y con ella su carácter de
principio con respecto al Espíritu Santo.
3. Prueba de tradición
Los padres latinos prefirieron la fórmula coordinada: ex Patre et Filio
(Filioque), mientras que los padres griegos escogieron la subordinada: ce Patre
per Filium. TERTULIANO usa ambas expresiones, pero explica la fórmula coordinada
en el sentido de la subordinada. Adv. Prax. 4: «Afirmo que el Espíritu no
procede de otra parte sino del Padre por medio del Hijo» (a Patre Per Filium);
ibídem 8: «El tercero es el Espíritu que precede de Dios [del Padre] y del Hijo
[a Deo et Filio], como tercer fruto que brota de la raíz.» SAN HILARID, bajo el
influjo de los padres griegos, emplea la fórmula subordinada: «De ti [del Padre]
procede por Al [el Hijo] tu Espíritu Santo» (De Trin. xII, 56). SAN AMBROSIO
enseña que «el Espíritu Santo, si procede del Padre y del Hijo, no está separado
del Padre ni del Hijo» (De Spiritu Sancto I, 120). SAN AGUSTÍN prueba que el
Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo (de utroque) basándose en un prolijo
argumento escriturístico (In Loan. tr. 99, 6; De Trin. xv, 27, 48).
ORÍGENES enseña, de manera subordinacionista, que «el Espíritu Santo es por
orden el primero de todo lo creado por el Padre mediante el Hijo. El Hijo
confiere a la hipóstasis del Espíritu Santo no sólo la existencia, sino también
la sabiduría, la inteligencia y la justicia» (Comm. in loh II 10 (6), 75-76).
SAN ATANASIO comenta: *La misma relación propia que sabemos tiene el Hijo con
respecto al Padre, vemos que la tiene el Espíritu con respecto al Hijo. Y así
como el Hijo dice: "Todo lo que el Padre tiene es mío" (Ioh 16, 15), de la misma
manera hallaremos que todo eso se encuentra también en el Espíritu Santo por
medio del Hijo» (Ep. ad Serap. 3, 1). SAN BASILIO enseña que «la bondad natural
y la santidad física y la dignidad real pasa del Padre al Espíritu por medio del
Unigénito» (De Spiritu Sancto 18, 47). Los tres capadocios (San Basilio, San
Gregorio Nacianceno y San Gregorio Niseno) comparan las relaciones de las tres
divinas personas entre sí a los anillos de una cadena. En la base de esta
comparación yace la fórmula subordinaciana: «del Padre por el Hijo».
Didimo de Alejandría, Epifanio de Salamina y Cirilo de Alejandría usan la
fórmula coordinada, aunque no de un modo exclusivo. SAN EPIFANIO, Ancoratus 7:
«El Espíritu Santo es de la misma sustancia del Padre y del Hijo»; ibid. 8: «Del
Padre y del Hijo, el tercero según la denominación»; cf. DÍDIMO, De Spir.
Sancto 34; CIRILO DE ALEJANDRÍA, Thes. 34.
SAN JUAN DAMASCENO impugna que el Espíritu Santo proceda del Hijo, pero enseña
que es el Espíritu del Hijo, y que procede del Padre por medio del Hijo (De fide
orth. 18 y 12). No niega, por tanto, que el Hijo sea también principio, sino
solamente que sea principio fontal e ingénito como el Padre.
La fórmula coordinada y la subordinada concuerdan en lo esencial, en cuanto que
las dos certifican que tanto el Padre como el Hijo son principio ; pero ambas se
complementan. Pues, mientras en la primera se pone más de manifiesto la unicidad
e indivisibilidad del principio, la segunda insiste con mayor vigor en que el
Padre es principio fontal (cf. SAN AGUSTÍN, De Trin. xv 17, 29: de quo procedit
principaliter), y en que el Hijo, en cambio, en cuanto «Dios de Dios», es
principio derivado, puesto que con la sustancia divina recibe también del Padre
la virtud espirativa; cf. Dz 691.
4. Argumentación especulativa de la escolástica
Como la distinción real de las divinas personas se funda exclusivamente en una
oposición de relaciones de origen (Dz 703), no habría razón para la distinción
hipostática entre el Hijo y el Espíritu Santo si el Espíritu Santo no procediera
también del Hijo; cf. S.th. 136, 2.
¡Viva Cristo Rey!
¡Ven, Espíritu Santo!
✝️ 🌍 💔 🌱 🌹