Sección segunda
EXPOSICIÓN ESPECULATIVA DEL DOGMA TRINITARIO
Capítulo primero
EXPOSICIÓN ESPECULATIVA DE LAS PROCESIONES
DIVINAS INMANENTES
§ 13. LA GENERACIÓN DEL HIJO POR EL PADRE MEDIANTE EL ENTENDIMIENTO
1. Doctrina de la Iglesia
El Hijo procede del entendimiento del Padre (sent. cierta).
El Catecismo Romano enseña (1 3, 8, 3) : «De entre todas las analogías que
pueden establecerse para explicar la índole de esa eterna generación del Hijo,
parece la más acertada aquella que se basa en la actividad intelectual de
nuestra mente; por lo cual San Juan denomina "Verbo" al Hijo de Dios. Pues así
como nuestra mente, al conocerse a sí misma, produce una imagen de sí misma que
los teólogos han denomidado "verbo", de manera parecida — y en cuanto es posible
comparar lo humano con lo divino — Dios, al conocerse a sí mismo, engendra el
Verbo eterno ("ita Deus seipsum intelligens Verbum aeternum generat")». Así
pues, la generación del Hijo por el Padre hay que concebirla como puramente
intelectual, o sea como acto del entendimiento (egeneratio per modum
intellectus»).
2. Argumentación positiva
La Sagrada Escritura llama Verbo de Dios a la segunda persona. Tal denominación
indica claramente que el Hijo es la Palabra («verbum mentis») engendrada por un
acto intelectivo del Padre, es decir, que es producto del conocer del Padre. El
nombre de Sabiduría, que es propio de la segunda persona (cf. la doctrina sobre
la Sabiduría en los libros del Antiguo Testamento; 1 Cor 1, 24) v que, por
tanto, alude al modo y forma de su procedencia, muestra bien a las claras que el
Hijo es engendrado por el Padre mediante un acto cognoscitivo («per modum
intellectus»).
La expresión «imagen de Dios invisible» (Col 1, 15) o «trasunto de la sustancia
de Dios» (Hebr 1, 3) indica claramente que el Hijo es engendrado por aquella
actividad del Padre que por naturaleza tiene tendencia asimilativa, es decir,
por una actividad cognoscitiva.
SAN IGNACIO DE ANTIOQUÍA aplica a Cristo los siguientes apelativos : «Verbo de
Dios» (aúToü [Toü 0eoü] lóyos; Magn. 8, 2), «pensamiento del Padre» (Tou patrós
è gnómen; Eph 3, 2), «conocimiento de Dios» (0eoü yvosys; Eph. 17, 2). SAN
JUSTINO compara la generación del Hijo con la producción de la palabra por la
razón (Dial. 61, 2). ATENÁGORAS designa al Hijo de Dios como «el pensamiento
(vous) y la palabra (lóyoS) del Padre» (Supl. 10); SAN IRENEO como "la emanación
primogénita del pensamiento del Padre» (Epid. 39). SAN AGUSTÍN explica la
generación divina como acto de autoconocimiento divino: «Por tanto, como
expresándose así mismo, el Padre engendró al Verbo igual a sí en todo» (De Trin.
xv 14, 23).
2.Argumento especulativo
Las procesiones trinitarias son puramente actividades vitales del espíritu,
cuales son el conocer y el querer. En el conocer de Dios se verifican todos los
elementos esenciales al concepto de generación. Aristóteles define la generación
como «origo viventis a principio vivente coniuncto in similitudinem naturae». La
tendencia asimilativa, esencial al concepto de generación, no corresponde en las
actividades espirituales más que al conocer; pues el cognoscente produce en su
mente una imagen (similitudo) del objeto conocido, mientras que el querer
presupone ya cierta semejanza del objeto apetecido con el sujeto que quiere
(S.th. r 27, 4 ad 2). Dios Padre, al conocerse a sí mismo, da origen a la imagen
más perfecta de sí mismo, al Hijo consustancial con él.
Se discute cuál es el objeto del conocimiento divino por el que el Padre
engendra al Hijo. Según Santo Tomás, pertenece a dicho objeto todo lo que está
contenido en la ciencia del Padre, es decir, primariamente («principaliter et
quasi per se») todo lo que es objeto de la ciencia divina necesaria: la esencia
divina, las personas divinas, los posibles, y secundariamente («ex consequenti
et quasi per accidens») todo lo que es objeto de la ciencia divina libre: los
seres reales que desde toda la eternidad Dios ha determinado crear; cf. De
Verit. 4, 4-5; S.th. 134, 1 ad 3.
¡Viva Cristo Rey!
¡Ven, Espíritu Santo!
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