§ 14. LA PROCESIÓN DEL ESPÍRITU SANTO MEDIANTE LA VOLUNTAD O AMOR RECÍPROCO
DEL PADRE Y DEL HIJO
El Espíritu Santo procede de la voluntad o amor reciproco del Padre y del Hijo
(sent. cierta).
El Catecismo Romano nos enseña que «el Espíritu Santo procede de la voluntad
divina como inflamada de amor ("a divina voluntate veluti amore inflammata")» (I
9, 7).
El nombre propio bíblico de la tercera persona, «Espíritu Santo» (pneuma agion),
indica su procedencia de la voluntad. Pneuma (= viento, soplo, hálito, principio
vital, espíritu) designa el principio de la actividad y del movimiento. Pneuma,
como nombre propio de una persona divina, indica que el Espíritu Santo procede
mediante una actividad de la voluntad que es principio espiritual de actividad
(«per modum voluntatis»). El verbo pnein, spirare, dice también relación a la
voluntad. Recordemos, v.g., las expresiones «amorem spirare, odium spirare,
spirans minarum» (Act 9, 1), respirar amor, odio, amenazas. El epíteto de
«santo» sugiere también que el Espíritu Santo procede de la voluntad, ya que la
voluntad es sede de la santidad. La Escritura y la tradición atribuyen al
Espíritu Santo las operaciones del amor; cf. Rom 5, 5: «El amor de Dios se ha
derramado en nuestros corazones por virtud del Espíritu Santo, que nos ha sido
dado». Semejante atribución de las obras del amor al Espíritu Santo se funda en
el carácter personal del mismo y, en último análisis, en la índole de su
procedencia. Podemos, pues, concluir con todo derecho que el Espíritu Santo es
espirado en un acto de amor («per modum amoris»). De ahí que los santos padres
llamen al Espíritu Santo «el Amor» («amor, caritas, dilectio, vinculum amoris,
osculum amoris»). El concilio xI de Toledo (675) declara : «[Spiritus Sanctus]
simul ab utrisque processisse monstratur, quia caritas sive sanctitas amborum
esse cognoscitur»; Dz 277.
Con la denominación de «Amor» guarda relación la de «don» o «regalo» (donum,
munus.), que los santos padres aplican al Espíritu Santo conforme a algunas
expresiones bíblicas ; cf. Act 2, 38: «Y recibiréis el don del Espíritu Santo» ;
Act 8, 20: «Sea ese tu dinero para perdición tuya, pues has creído que con
dinero podía comprarse el don de Dios»; SAN AGUSTÍN, De Trin. xv 19, 33-36. Como
el don es expresión del amor, tal denominación del Espíritu Santo indica su
procedencia per modum amoris, insinuándonos que el Espíritu Santo es el don
recíproco de amor entre el Padre y el Hijo.
El objeto de la voluntad divina, por la que el Padre y el Hijo producen al
Espíritu Santo, es primariamente («principaliter et quasi per se») lo que Dio,
quiere y ama necesariamente: la esencia y las personas divinas ; y
secundariamente («ex consequenti et quasi per accidens») lo que quiere y ama de
modo libre: las cosas creadas y, según algunos teólogos, las cosas simplemente
posibles.
¡Viva Cristo Rey!
¡Ven, Espíritu Santo!
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