§ 15. DIFERENCIA ENTRE ESPIRACIÓN Y GENERACIÓN
El Espíritu Santo no procede por generación (de fe).
El símbolo Quicumque confiesa, refiriéndose al Espíritu Santo : «nec genitus,
sed procedens»; Dz 39; cf. Dz 277, 303. Por lo mismo, el Espíritu Santo no es
hijo de Dios. Tanto la Escritura como la tradición no hablan más que de un único
Hijo o Unigénito de Dios: el Logos. La tradición niega expresamente que el
Espíritu Santo haya sido engendrado o sea hijo de Dios; cf. SAN ATANASIO, Ep. ad
Serap. 1, 16; SAN AGUSTÍN, C. Maxim. II 14, 1.
Podríamos fundar la diferencia entre generación y espiración en la distinción
virtual que existe entre el entendimiento, por el cual es engendrado el Hijo, y
la voluntad, de la cual procede el Espíritu Santo; y, además, en que sólo el
entendimiento posee la tendencia asimilativa que es esencial al concepto de
generación, pero no la voluntad. En el conocimiento, la semejanza («similitudo
rei intellectae») es el fin, lo mismo que en la generación, pero en el querer es
sólo una condición previa («similitudo est principium amandi»). El Espíritu
Santo es también, lo mismo que el Hijo, consustancial con el Padre, pero no
posee tal consustancialidad en virtud de la índole misma de su procesión; cf.
S.th. 127, 4.
La espiración del Espíritu Santo no verifica, por lo tanto, todas las notas del
concepto de generación.
La distinción entre la generación activa y la espiración activa no es real (no
se da oposición de relación entre ellas; Dz 703), ni tampoco de Pura razón (el
Espíritu Santo no es engendrado), sino virtual, como la existente entre el
conocer y el querer divinos.
¡Viva Cristo Rey!
¡Ven, Espíritu Santo!
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