§ 22. LAS MISIONES DIVINAS
El concepto de misión (missio ad extra), conforme a la doctrina de SANTO TOMÁS
(S.th. 143, 1), comprende dos elementos esenciales :
a. Cierta relación u orden del enviado al que le envía como a su terminus a quo.
El enviado se halla con respecto al que le envía en relación de dependencia. En
las Personas divinas, por su identidad sustancial, únicamente se puede tratar de
una dependencia de origen.
b. Cierta ordenación del enviado respecto al fin de la misión como a su terminus
ad quem. El fin de la misión es la presencia del enviado en un lugar
determinado. En la misión de una Persona divina, dada la omnipresencia
sustancial de Dios en el universo creado, sólo puede tratarse ele algún nuevo
género de presencia. Así pues, el concepto de misión incluye la procesión eterna
y añade una nueva manera de presencia en el mundo creado : «missio includit
processionem aeternam et aliquid addit, sc. temporalem effectum» (S.th. 143, 2
ad 3). Las misiones temporales reflejan, por tanto, el orden de origen de las
Personas divinas: El Padre envía pero no es enviado, el Hijo es enviado y envía,
el Espíritu Santo es enviado pero no envía.
El Padre envía al Hijo: el Padre y el Hijo envían al Espíritu Santo (sent.
cierta).
El concilio xI de Toledo (675) declaró : «Hic igitur Spiritus Sanctus missus ab
utrisque sicut Filius a Patre creditur» ; Dz 277; cf. Dz 794.
La Sagrada Escritura testifica :
a) La misión del Hijo por el Padre ; cf. Ioh 3, 17 ; 5, 23; 6, 58; 17, 18; Gal
4, 4: «Dios envió a su Hijo».
b) La misión del Espíritu Santo por el Padre; cf. Ioh 14, 16 y 26; Gal 4, 6:
«Dios envió a vuestros corazones el Espíritu de su Hijo, que clama : Abba,
Padre».
c) La misión del Espíritu Santo por el Hijo; cf. Ioh 15, 26; 16, 7; Lc 24, 49:
«Yo os envío la promesa de mi Padre».
La Sagrada Escritura no dice nunca del Padre que sea enviado, sino únicamente
que viene y mora; Ioh 14, 23: «Si alguno roe ama, guardará mi palabra, y mi
Padre le amará, y vendremos a él y en él haremos morada».
Las misiones se dividen en visibles e invisibles, según que la nueva presencia
de la persona enviada sea perceptible por los sentidos o no. Ejemplos de misión
sensible son la encarnación del Logos (misión sustancial) y la misión del
Espíritu Santo bajo el símbolo sensible de una paloma o de lenguas de fuego
(misión representativa). La misión invisible tiene lugar cuando Dios confiere la
gracia santificante, y tiene por fin la inhabitación de Dios en el alma del
justo. Tal inhabitación es atribuida, generalmente, en la Sagrada Escritura, al
Espíritu Santo (1 Cor 3, 16; 6, 19; Rom 5, 5; 8, 11). Pero con el Espíritu Santo
vienen también el Padre y el Hijo al alma del justo para morar en ella (Ioh 14,
23; 2 Cor 6, 16)
¡Viva Cristo Rey!
¡Ven, Espíritu Santo!
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