Capítulo tercero
LA SANTÍSIMA TRINIDAD Y LA RAZÓN
§ 23. ÍNDOLE MISTERIOSA DEL DOGMA TRINITARIO
1. Suprarracionalided del dogma trinitario
La Trinidad de personas en Dios solamente puede conocerse ror revelación divina
(sent. próxima a la fe).
No está definido que el dogma trinitaria sea estrictamente un misterio. Pero el
concilio del Vaticano nos enseña que, entre las verdades de fe, «hay misterios
ocultos en Dios, que solamente por revelación divina pueden ser conocidos» :
«mysteria in Deo abscondita, quae nisi revelata divinitus innotescere non
possunt» (Dz 1795). El mundo cristiano ha considerado siempre el dogma de la
Trinidad como el misterio más fundamental y profundo de su fe.
El Evangelio (Mt 11, 27) nos enseña que el dogma de la Trinidad supera toda la
capacidad natural de la razón: «Nadie conoce al Hijo sino el Padre y nadie
conoce al Padre sino el Hijo y aquel a quien el Hijo quisiere revelárselo»; cf.
Ioh 1, 18; 1 Cor 2, 11.
Los padres subrayan frecuentemente el carácter misterioso del dogma de la
Santísima Trinidad y afirman expresamente la necesidad de la fe. SAN JUAN
DAMASCENO dice: «Por la fe es conocida y adorada [la Santísima Trinidad], no por
investigaciones, indagaciones o pruebas... Creo que Dios es uno en tres
Personas. El cómo sea esto, está por encima de todo cómo. Porque Dios es
incomprensible» (De haer. epil.); cf. SAN AMBROSIO, De fide 110, 64; 12, 78; 13,
84. SAN AGUSTÍN, In loan. ir. 97, 1; 21, 3. SAN GREGORIO NISENO, Or. cat. 3.
Las rationes necessariae que presentan San Anselmo de Cantorbery y Ricardo de
San Víctor no son de hecho sino razones de congruencia que presuponen ya la
doctrina revelada y la fe en la Trinidad. Erraba Antonio Günther (influido por
la filosofía hegeliana) cuando con solas las fuerzas de la razón intentaba
deducir la Trinidad de Personas en Dios, analizando la conciencia divina.
La razón natural solamente puede conocer a Dios por las cosas creadas como
Hacedor de ellas. Ahora bien, las perfecciones divinas que se manifiestan en las
criaturas, como son el poder, la sabiduría, la bondad, son comunes a las tres
Personas. En consecuencia, la razón humana únicamente podrá conocer a Dios en la
unidad de su esencia y no en la trinidad de personas ; S.th. 132, 1.
2. Capacidad de la razón
La razón natural, aun después del hecho de la revelación divina, no puede
alcanzar evidencia intrínseca del dogma trinitario (sent. próx. a la fe).
El concilio del Vaticano dice que los misterios de la fe, «aun después de habida
la revelación y de aceptada la fe, siguen ocultos bajo el velo de la fe y como
envueltos en cierta oscuridad» (Dz 1796). Esto vale principalmente para el
misterio de la Trinidad, que es el dogma fundamental de la fe cristiana.
No obstante, la razón, iluminada por la fe, según las declaraciones del
magisterio eclesiástico y los testimonios de la Revelación, es capaz de
comprender y expresar rectamente el verdadero sentido de este dogma.
Puede, además, valerse de analogías tomadas de las cosas creadas, por ejemplo,
comparando las procesiones inmanentes de Dios con el conocimiento y el amor que
el hombre tiene de sí mismo (cf. SAN AGUSTÍN, De' Trin. tx 12, 18), para
ilustrar el misterio y conseguir alguna inteligencia' del mismo. Es capaz
también de refutar las objeciones que se presenten contra el dogma ; el cual no
hay duda que es suprarracional, pero de ninguna forma antirracional; cf. Dz
1797.
Objeciones. El argumento aducido por los racionalistas de que, según este dogma,
tres es igual a uno y uno es igual a tres, pierde todo su vigor si se tiene en
cuenta que las personas divinas no son 3 y 1 bajo el mismo respecto; antes bien,
bajo un respecto son tres (bajo el respecto de personas), y bajo otro respecto
son 1 (bajo el respecto de sustancia).
El principio, que también se suele aducir contra el dogma trinitario, de que dos
cosas iguales a una tercera son iguales entre sí no tiene aplicación sino cuando
dos cosas son real y conceptualmente, bajo todo respecto, iguales a otra
tercera. Pero las Personas divinas y la sustancia divina, aunque son realmente
idénticas, son virtualmente distintas (es decir, distintas conceptualmente). Y,
por consiguiente, las tres Personas divinas son iguales entre sí en cuanto a la
sustancia (consustanciales), pero son distintas entre si en cuanto a la
relación; cf. S.th. i 28, 3 ad 1.
¡Viva Cristo Rey!
¡Ven, Espíritu Santo!
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