III. LA TRADICIÓN
§ 9. TESTIMONIO DE LA TRADICIÓN EN FAVOR DE LA TRINIDAD DE PERSONAS EN DIOS
1. Testimonios del culto en la primitiva Iglesia
a) La liturgia bautismal paleocristiana ofrece una clara profesión de fe en la
Trinidad. Como testifica la Didakhé (cap. 7), el bautismo se administró ya en
los tiempos más remotos del Cristianismo «en el nombre del Padre y del Hijo y
del Espíritu Santo», haciendo al mismo tiempo una triple inmersión o derramando
tres veces agua sobre el bautizando; cf. SAN JUSTINO, Apología I 61; SAN IRENEO,
Adv. haer. III 17, 1; TERTULIANO, De bautismo 13; ORÍGENES, In ep. ad Rom. 5, 8;
SAN CIPRIANO, Ep. 73, 18.
b) El símbolo apostólico de la fe, que en su forma primitiva se identifica con
el primitivo símbolo bautismal romano, sigue las líneas de la fórmula trinitaria
del bautismo. Las Reglas de Fe, que nos han transmitido los escritores
eclesiásticos de los siglos II y III, son una ampliación y paráfrasis del
símbolo trinitario del bautismo; cf. SAN IRENEO, Adv. haer. I 10, 1; TERTULIANO,
De praescr. 13, Adv. Prax 2, De virg. vel. 1; ORÍGENES, De principiis I praef.
4-10; NovACIANO, De Trin. I. Podemos ver expuesta con claridad meridiana toda la
doctrina sobre la Trinidad en una confesión de fe de San Gregorio Taumaturgo (+
hacia 270), dirigida privadamente contra Pablo de Samosata.
c) Las antiguas doxologías expresan igualmente la fe en la Trinidad. La
antigüedad cristiana conocía dos fórmulas : la coordinada, Gloria al Padre y al
Hijo y al Espíritu Santo; y la subordinada, Gloria al Padre por el Hijo en el
Espíritu Santo. Como los arrianos interpretaron torcidamente esta última fórmula
en sentido subordinacionista, SAN BASILIO la cambió de la siguiente manera:
Gloria al Padre con el Hijo en unión del Espíritu Santo (De Spiritu Sancto 1, 3)
; cf. Martyrium Sancti Polycarpi 14, 3.
2. Los padres antenicenos
SAN CLEMENTE ROMANO escribe (hacia 96) a la comunidad de Corinto: « No es verdad
que tenemos un solo Dios y un solo Cristo y un soló Espíritu de gracia?» (46,
6). Llama a Dios y a nuestro Señor Jesucristo y al Espíritu Santo: fe y
esperanza de los elegidos (58, 2). SAN IGNACIO DE ANTIOQUÍA (+ hacia el 107) no
solamente enseña de forma clarísima la divinidad de Jesucristo, sino que usa
además fórmulas trinitarias; Magn. 13, 2: «Sed dóciles al obispo y unos a
otros, como lo fue Cristo, según la carne, al Padre, y los apóstoles lo fueron a
Cristo, al Padre y al Espíritu»; Cf. Magn. 13, 1; Eph 9, 1.
Los apologistas intentaron valerse de la filosofía (noción del Logos) para
explicar científicamente el misterio de la Trinidad; pero no siempre se
mantuvieron exentos de expresiones subordinacionistas. SAN JUSTINO dice que los
cristianos veneran, junto con el Creador del universo, en segundo lugar a
Jesucristo, Hijo de Dios verdadero, y en tercer lugar al Espíritu profético
(Apol. 1 13). ATENÁGORAS (hacia 177) rechaza así la acusación de ateísmo: «No es
de maravillar que se llame ateos a los que creen en Dios Padre y en Dios Hijo y
en el Espíritu Santo, y que enseñan así su poder en la unidad como su diferencia
en el orden?» (Suppl. 10). Afirmaciones precisas sobre la fe de la Iglesia en el
misterio de la Trinidad se encuentran en SAN IRENEO (Adv. haer. 1, 10, 1; Iv,
20, 1; Epideixis 6s, 47) y, sobre todo, en TERTULIANO (Adv. Prax.). Este último,
frente al sabelianismo, enseña la trinidad de Personas divinas («Ecce enim dico
alium esse Patrem et alium Filium et alium Spiritum»; cap. 9), pero defiende
igualmente de forma bien clara la unidad de sustancia en Dios («unius autem
substantiae et unius status et unius potestatis, quia onus Deus»; cap. 2).
ORÍGENES emplea ya la expresión óµoousios (In ep. ad Hebr 1, 3). TEÓFILO DE
ANTIOQUÍA es el primero en usar el término triás para designar la trinidad de
Personas en Dios (Ad Autol. 11 15); el término latino equivalente «Trinitas» lo
introduce TERTULIANO (Adv. Prax. 2; De pud. 21).
En todo el período anteniceno, la expresión más clara de la fe que animaba a la
iglesia romana en el misterio de la trinidad de personas y de la unidad de
esencia en Dios es la famosa carta dogmática del papa San Dionisio (259-268) al
obispo San Dionisio de Alejandria, en la que reprueba el triteísmo, el
sabelianismo y el subordinacionismo; Dz 48-51. La definición del concilio de
Nicea no fue una innovación, sino una evolución orgánica de la doctrina que la
Iglesia creía desde los primeros tiempos, y en la que cada vez había
profundizado más la teología científica.
3. Los padres postnicenos
Los padres postnicenos se encontraron con el principal problema de probar
científicamente y defender contra el arrianismo y el semiarrianismo la
consustancialidad del Hijo con el Padre; y contra el macedonianismo, la
consustancialidad del Espíritu Santo con el Padre y con el Hijo. Se hicieron
especialmente beneméritos San Atanasio el Grande (+ 373), los tres ilustres
capadocios San Basilio el Grande (+ 379), San Gregorio Nacianceno (+ hacia 390),
«el teólogo», y San Gregorio de Nissa (+ 394), San Cirilo de Alejandría (+
4-44); entre los latinos, San Hilario de Poitiers (+ 367), «el Atanasio de
Occidente», y San Ambrosio de Milán (+ 397). El punto culminante de la antigua
especulación cristiana sobre la Trinidad lo alcanza SAN AGUSTÍN (+ 430) con su
agudisima obra De Trinitate.
¡Viva Cristo Rey!
¡Ven, Espíritu Santo!
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